domingo, 2 de octubre de 2011

El juego del ahorcado

A la horca con 14 años
Se llama Alphonse Kenyi. Aguarda en una prisión de Sudán del Sur a que un tribunal anule la condena a muerte dictada contra él cuando tenía 14 años. EL PAÍS le entrevistó entre los muros de una cárcel putrefacta
JOSÉ MIGUEL CALATAYUD 02/10/2011
Yo nunca dije ante el juez que hubiera matado a nadie". Alphonse Kenyi, que ya ha cumplido 15 años, está en la última ala de la prisión de Juba, reservada para los condenados a muerte. Lleva entre rejas desde octubre de 2009. Fue condenado por asesinato múltiple cuando tan solo tenía 14 años. Le señalaron como miembro de un grupo que iba por la ciudad matando gente, los llamados niggers. Está en el corredor de la muerte desde octubre de 2010. Sobre él pende la sombra de la horca. Su historia es el reverso oscuro de un proceso ilusionante. El pasado 9 de julio, Sudán del Sur se convirtió en un país independiente, y la ciudad de Juba, en la capital más joven del mundo. Tras una guerra de 22 años contra el norte, Juba es hoy una ciudad optimista que mira al futuro. La nueva corriente de esperanza llega hasta la prisión Central e incluso hasta el corredor de la muerte, donde los condenados sueñan con que el nuevo Estado los perdone.
Alphonse es el más joven de ellos. El sexto de siete hermanos y el único que pudo ir al colegio, aunque solo durante dos años. Sus padres, que estaban desempleados y con trabajos ocasionales, no podían permitirse pagar la educación de sus hijos. Vivían en Kalitok, un poblado a unos 85 kilómetros de Juba. En 2008 se trasladaron a la capital para que el padre, enfermo, pudiera recibir atención médica. La madre consiguió un trabajo en el Servicio de la Vida Salvaje, y Alphonse, como muchos otros niños en Juba, se dedicaba a recolectar botellas de plástico por la calle para venderlas como recipientes o para su reciclaje. Pero la libertad de moverse por las calles de Juba le duró a Alphonse solo un año: en octubre de 2009 fue arrestado por asesinato múltiple.
"Había habido disparos y asesinatos en Nyakuron [un suburbio de Juba], así que la policía empezó a buscar a cualquier persona con uniformes y pistolas. Me encontraron en mi casa y vieron el uniforme de mi madre. La policía me arrestó y me llevó a la comisaría", explica Alphonse.
Juba, la capital de Sudán del Sur, es una ciudad en ebullición. Destruida casi totalmente durante la guerra que acabó en 2005, hoy abundan los sitios en obras. Torres acristaladas albergan hoteles y bancos junto a edificios medio en ruinas. Todoterrenos con los cristales tintados conducen a gobernantes y dignatarios internacionales que se cruzan con vacas de largos cuernos y cabras que buscan comida entre la basura en las calles.
La prisión está situada en el mismo centro de la ciudad. Es uno de los pocos edificios que apenas han cambiado en los últimos 60 años. Numerosos guardas y policías armados con rifles gastados pasean alrededor de la puerta principal, que se abre en los enormes muros de piedra coronados con alambre. Otros se sientan en sillas de plástico o en el suelo intentando buscar algo de sombra para huir del calor aplastante.
Dentro de los muros, en un patio de tierra, hay varios sillones destartalados, raídos y quemados por el sol. También aquí hay docenas de guardas y policías que parecen no tener mucho que hacer. Pasean lentamente secándose el sudor de la cara, se sientan en los sillones o en el suelo, algunos lucen con desgana sus viejos rifles AK-47. Huele a meado, e incontables moscas se posan en la piel, en la ropa, en los rifles, en el tapizado roto y ajado de los sillones.
El oficial encargado de los menores en la prisión es Fabian Serit. Fabian es un hombre no muy alto y de sonrisa fácil. Tiene una cara simpática y, a pesar del calor, viene al trabajo cada día con pantalones de traje y una camisa de manga larga. Fabian suda constantemente y lleva un pañuelo en el bolsillo que se pasa por la cara cada pocos minutos. Le gusta hablar y ríe constantemente. Cuando está contando algo importante o que él considera una confidencia, te coge del brazo y te mira fijamente con sus ojos enrojecidos mientras baja la voz.
"Un grupo llamado niggers iba por la ciudad matando a la gente. Fueron arrestados y torturados y la policía les obligó a que señalaran a sus secuaces por la calle, y fue entonces cuando denunciaron a Alphonse", dice Fabian en voz baja. Y luego se exalta: "¡Pero él es inocente y además es un niño! Así que lo llevamos al médico. El doctor dijo que tenía 14 años y ahora estamos intentando cambiar oficialmente su edad para quitarle la condena a muerte". En enero de 2010, Sudán cambió sus leyes y aumentó de 15 a 18 años la edad mínima para que un criminal pueda ser sentenciado a la pena capital.
Fabian y otros funcionarios de la prisión trabajan en una oficina muy pequeña y de paredes desnudas, en la que tres mesas y unas pocas sillas apenas dejan sitio para nada más. Todos los informes y documentos están en papel y manuscritos en una mezcla de inglés y árabe. Dos de los funcionarios intentan sin mucho éxito usar el programa Microsoft Word en el único y viejo ordenador que acaba de ser donado por la ONU. Las moscas y el calor se cuelan en la oficina aunque aquí se puede al menos escapar del sol punzante.
Unas enormes y pesadas puertas de metal conducen al patio interior de la cárcel y a las celdas. El patio es un espacio amplio, con el suelo de tierra, dividido en dos partes por una verja. De nuevo el calor, la luz, el polvo, las moscas. A la derecha de la verja hay unos pocos árboles y un tejadillo de metal que dan algo de sombra. Los presos se concentran allí, sentados en el suelo, intentando huir del sol y de la luz cegadora de la mañana. Otros se sientan junto al muro que separa el patio de las celdas a la izquierda, donde también hay una estrecha franja de sombra. Apenas hay movimiento, casi nadie camina y las conversaciones son en voz baja.
El método de ejecución empleado en la cárcel es la horca. Fabian explica que hay una fórmula para colgar a los condenados. "Te miden y te pesan para regular la horca. Si no está bien regulada, te puede cortar la cabeza. Si esto ocurre, los encargados de regularla son encarcelados".
Incluyendo a Alphonse, en el corredor de la muerte hay ahora 50 condenados, todos por asesinato. En 2011, hasta la independencia en julio, dos reclusos han sido ejecutados. El año pasado fueron ocho en total, según cuenta Fabian. Y además de Alphonse, en esta cárcel hay otros 46 niños que conviven con unos 1.000 reos adultos. Hay también cinco niñas, alojadas en un edificio contiguo con las mujeres.
La mayoría de los presos adultos, al igual que casi todos los policías y guardias, son exguerrilleros que lucharon en la guerra civil que enfrentó al norte y al sur de Sudán entre 1983 y 2005. Entre los presos adultos, los delitos más comunes son el robo, el adulterio, la violación y el asesinato. Entre los niños, los pequeños robos menores y algunos asesinatos.
El caso de los condenados por asesinato es particular. "La pena depende de la decisión de los familiares de la víctima", explica James Warnyang, otro funcionario al cargo de los menores. Los familiares le piden al asesino una cantidad de dinero como compensación. Es lo que aquí en árabe llaman dia y en inglés blood money (dinero de sangre). La ley establece que los familiares pueden pedir como máximo 30.000 libras (unos 8.250 euros) y esta es la cantidad solicitada en casi todos los casos. "Aunque depende de las tribus", interviene Fabian; "por ejemplo, los dinka pueden pedir 30 vacas en lugar de 30.000 libras". Cuando se fija la cantidad, el juez impone una nueva sentencia de cárcel, de hasta cinco años si es un menor y de hasta 10 si es un adulto.
"Pero si los familiares de la víctima dicen que quieren al asesino muerto, entonces ya está: son los familiares los que deciden y no hay nada que hacer, aunque si el condenado es un menor, entonces la ley dice que no puede ser ejecutado", concluye James. En la prisión Central de Juba, además de Alphonse, hay nueve menores que cumplen penas de cárcel por asesinato.
Hay varias alas: una para los presos comunes, otra para los enfermos mentales, otra para los presos políticos, que es la que curiosamente ocupan los menores. Una puerta en el muro da acceso al ala para los presos políticos. Los menores esperan bajo un toldo metálico, de pie y en filas. Llevan ropas sucias y rotas, están muy delgados y aguardan con expectación. De repente empiezan a cantar mientras dan palmas y se mueven rítmicamente.
Cuando la canción acaba, todos se sientan en el suelo en filas y miran con ojos enormes, con intensidad, algunos con la boca abierta, otros con sonrisas de emoción. La escena recuerda más a una escuela que a una cárcel.
Muchos niños quieren hablar y sus historias podrían llenar un libro de reportajes. Está Mangar Abuc Malnal, de 16 años, que parece uno de los jefes del grupo. Los demás corean su nombre mientras Mangar, lleno de energía y confianza, se levanta y cuenta con naturalidad cómo asesinó a otro niño en una pelea, mientras Fabian y varios de los menores ríen. Se entregó él mismo a la policía en julio de 2009 y lleva desde entonces en la cárcel.
Pero su juicio no se celebró hasta diciembre de 2010, cuando fue condenado a pagar 30.000 libras como dinero de sangre a la familia de la víctima y a tres años de prisión, que empezaron a contar en el momento de la condena. Mangar dice que cuando pueden jugar al fútbol y cuando tienen clase, la vida en prisión no está mal, aunque la comida no es buena. "Pero el balón se ha pinchado y ahora no tenemos nada que hacer, así que nos pasamos el día sin hacer nada y pensando".
El caso de Diu Ajak también es llamativo. Alto, muy delgado y con un rostro infantil y triste, tiene 13 años, aunque aparenta 9 o 10. "Tenía hambre, por eso entré en la casa, cogí 120 libras [32 euros] y una cámara de fotos pequeña", cuenta Diu hablando en voz muy baja. "El dueño del dinero me pilló y me pegó con un palo. Era un oficial del Ejército. Me llevó a la comisaría y allí los policías me pegaron, me dieron muchos latigazos". Entonces Diu calla, se alza la camiseta y muestra la espalda. Está llena de cicatrices, pese a que esto le ocurrió cinco meses atrás.
"Me metieron en un coche y me llevaron para que señalara a alguien. Yo señalé a unos chicos porque los policías me habían pegado. Los que señalé son amigos míos, pero no estaban conmigo cuando fui y robé en la casa", continúa el chico.
Los cinco niños fueron arrestados y llevados a una comisaría. Dos de ellos, Angok Mum y Chol Achek, ambos de 14 años, se levantan indignados y cuentan su versión de la historia, que coincide con la de Diu aunque ellos niegan que fueran amigos y aseguran que no lo conocían. Angok y Chol dicen que los policías también les pegaron a ellos en la comisaría para que confesaran haber robado, pero que ellos nunca lo admitieron.
Más adelante, Fabian contará por teléfono que Diu y los cinco menores arrestados junto a él han sido liberados tras haberse pasado más de siete meses en la cárcel sin sin haberse celebrado juicio alguno. Y en el caso de los cinco señalados por Diu, sin pruebas en su contra.
Mientras hablan Diu, Angok y Chol, un funcionario ha traído a Alphonse, que se ha dejado caer en una silla de plástico. Alto, delgado, cabizbajo, de rostro amplio y grandes ojos, no deja de tocarse los pies y los grilletes que le atenazan los tobillos. Los demás niños lo miran con respeto y desde la distancia. Alphonse simplemente los ignora. Uno de los funcionarios dice a los chicos que se pueden ir y la mayoría se levantan y se van. Alphonse se sienta en el suelo y, con la vista baja, hace dibujos en la arena. Unos pocos niños se quedan y se sientan o se tumban cerca de él, le miran serios y en silencio.
Empieza a hablar y dice que su nombre completo es Alphonse Kenyi Makwach y que nació el 19 de enero de 1996. Apenas alza la mirada y habla monótona y lentamente, como si estuviera cansado o aburrido de repetir las mismas palabras, mientras sigue trazando formas y letras con la arenilla del suelo. "Me arrestaron en octubre de 2009. Mi madre trabaja para el Servicio de Protección de la Vida Salvaje y su uniforme [similar al de los soldados] estaba en casa".
"Me humillaron, me pegaron muchas veces, querían que admitiera haber hecho cosas que yo no había hecho. Me metieron en una celda con más gente que estaba acusada de matar y de destrozar el pueblo y a mí me acusaron de lo mismo. Me pegaban con ese bastón que tiene la policía. Si les miraba, me pegaban. Me llevaron al tribunal. El juez preguntó: '¿Qué ha hecho esta persona?'. El fiscal dijo: 'Estas personas han matado'. Y nos trajeron aquí a la cárcel. El fiscal volvió a la comisaría y escribió que todos habíamos confesado y por eso nos condenaron a muerte. Pero ante el juez yo nunca dije que hubiera matado".
Sigue su discurso lentamente, pero sin pausa; los demás niños escuchan en silencio y siguen la escena con intensidad. "En la comisaría, los policías usaron cuchillas de afeitar y agujas, me decían que confesara, pero yo nunca admití nada. Me metían la aguja entre la carne y la uña, haciéndome mucho daño, y luego rompían la uña con la cuchilla". Entonces Alphonse deja de hablar. Alza la vista y enseña los dedos y las señales en sus uñas, como pequeñas cicatrices por donde la uña se habría roto.
"No conocía a las otras personas que había en la celda. Todos eran mayores que yo. No me hablaron ni me dijeron nada. La policía también les torturó a ellos, a todos nos hicieron lo mismo", agrega el joven. En total eran ocho personas: Alphonse y tres hombres fueron sentenciados a muerte, otro fue condenado a 14 años de cárcel, y dos mujeres y una menor fueron también castigadas a 14 años.
Alphonse calla y sigue haciendo dibujitos en el suelo. El ambiente se relaja un poco, todos parecen volver a respirar, los niños empiezan a hablar y a moverse. Algunos se acercan a Alphonse, le hablan con cariño, intentan animarlo, hacen bromas, a veces consiguen arrancarle una leve sonrisa.
James Warnyang, otro funcionario ocupado de los menores, musita en voz baja: "Él ya no cree que le vayan a liberar, cree que va a ser ejecutado". Y entonces le cuenta lo que Fabian y él están haciendo para demostrar que es un niño, que fue condenado con 14 años, y le aseguran que no va a ser ahorcado. Pero Alphonse no reacciona, no alza los ojos para mirar a James y simplemente sigue jugando con la arenilla y haciendo dibujitos y montañitas con ella.
Tras conseguir el documento de la comisión médica que certifica que Alphonse tiene 15 años, el funcionario Fabian elaboró un informe completo sobre el caso, que primero tuvo que ser aprobado por el director de la prisión, después por un tribunal en primera instancia y ahora está pendiente de resolución en el Tribunal Supremo.
Si se acepta que Alphonse fue condenado a muerte cuando tenía 14 años, entonces la sentencia sería invalidada y el tribunal tendría que fijarle una pena de cárcel que, por tratarse de un menor de edad, podría ser de hasta cinco años, además del pago del dinero de sangre a las familias de las víctimas. "E inmediatamente tras la resolución lo sacaríamos del corredor de la muerte y lo traeríamos aquí con los otros niños", recalca Fabian.
Alphonse lleva puesta una camiseta del Liverpool, pero no responde sobre si le gustan el fútbol y el Liverpool. Los demás niños le insisten, le hablan de fútbol, hacen pequeñas bromas, intentan hacerle reír y entonces sí reacciona y habla un poco con los otros muchachos; la atmósfera parece un poco más ligera durante algunos instantes.
Pasa las noches en el ala de los condenados a muerte, pero los demás menores duermen en una estancia junto a este pequeño patio cubierto por un tejadillo de metal. Se trata de una sola habitación de unos cuatro metros de ancho por unos 15 de largo. Junto a las paredes se aprietan unos 15 colchones de espuma. Son muy finos y están raídos y cubiertos por sábanas viejas y sucias. En cada uno de ellos duermen tres niños. Algunas redes mosquiteras penden del techo sobre los colchones, aunque no hay suficientes y están llenas de agujeros.
La visita a la prisión Central de Juba llega a su fin. Alphonse sigue sentado en el suelo, de nuevo con la mirada baja y triste. Los demás niños se levantan, empiezan a andar, se empujan unos a otros y se pelean en broma, ríen y empiezan a jugar. De vuelta a la oficina, y tras interrogarlo acerca de la tortura, Fabian cuenta: "En los cuarteles de policía te pegan, utilizan fuego u otros objetos para que digas la verdad. De hecho, los arrestados quieren que los traigan a la cárcel lo antes posible porque saben que aquí no torturamos a nadie".
Fuera, el sol sigue inundando el patio de tierra entre el zumbido de las moscas y las conversaciones de los guardias. Los policías pasean lentamente o se dejan caer junto a sus rifles en los sillones quemados por el calor. -

lunes, 25 de julio de 2011

La regla no confirma las excepciones


Hace tres años, a los veintiuno, la militante de izquierdas Zahra Boudkur, fue atada desnuda a un radiador, mientras tenía la regla, ante otros militantes sindicales, en la comisaría de Yemaa el Fnaa. Fue condenada a dos años de cárcel y liberada en mayo pasado. Ilham Hasnouni también pasó por lo suyo, hoy tiene veintiún años y es la presa política más joven de Marruecos. ¿Que?... ¿Vamos a esperar a ver donde la atan?... Agur. Mariana Hernández Larguía.

Ilham Hasnouni, 21 años, la más joven presa política de Marruecos

IGNACIO CEMBRERO | Madrid 25/07/2011

"La magnífica postal de la plaza Yemaa el Fnaa", el centro turístico de Marraquech, "esconde unas tinieblas donde encallan los malditos del régimen", escribe la periodista marroquí Zineb el Rhazaoui. Entre esos "malditos", a escasos metros de los encantadores de serpientes y de las mujeres que dibujan en la piel del turista tatuajes con henna, estuvo hace unos meses una joven izquierdista, Ilham Hasnouni, de 21 años, a la que Rhazaoui describe como "la más joven presa política de Marruecos".
Hasnouni pasó en octubre 48 horas en los sótanos de la comisaría de la más célebre plaza del país antes de ingresar en la cárcel de mujeres de Boulmharez en Marraquech. Si no se vuelve a aplazar será juzgada este martes por la veintena de cargos que ha presentado la fiscalía contra ella. En teoría puede ser condenada a cadena perpetua.
El dormitorio atiborrado de reclusas de la prisión le pareció a Hasnouni casi un lujo comparado con el "sótano húmedo y oscuro" donde durmió en comisaría entre dos interrogatorios. A veces los agentes que la rodeaban "ni siquiera esperaban las respuestas a las preguntas", recordaba la reclusa en un relato que logró sacar de la cárcel. "Me golpearon dándome patadas hasta que perdí el conocimiento".
Los primeros golpes se los asestaron, según contó, los cinco agentes de paisano que la apresaron el 12 de octubre en su domicilio familiar de la ciudad costera de Essaouira. "Cuando tuve que subir al coche [policial] la cabeza me daba ya muchas vueltas por los porrazos recibidos" al tiempo que la insultaban llamándola "traidora, hija de puta", etcétera. "En cuanto tenéis el estómago lleno os rebeláis", le espetó uno de ellos.
Después, ya en Marraquech, la empezaron a interrogar, esposada en una silla, sobre sus opiniones políticas, sus amistades, sus fuentes de financiación etcétera. Estuvo, según narró, dos días sin comer ni beber hasta que compareció ante el juez que la inculpó de destrucción de edificios públicos, alteración del orden público, participación en manifestación violenta, humillación de funcionario en el ejercicio de sus funciones.
"No es culpable de nada de esto", asegura Mohamed Massoudi, un célebre abogado de presos políticos que defiende a Hasnouni. "No poseen ninguna prueba contra ella excepto el testimonio de un policía que dice haberla visto cometer actos delictivos", añade.
Militante de Vía Democrática Baazista, un grupo izquierdista, y del sindicato Unión Nacional de Estudiantes Marroquíes, Hasnouni estudiaba derecho en la Universidad Cadi Ayad de Marraquech. Su padre había pedido un crédito para costear la carrera a la mayor de sus cuatro hijas y ella correspondió a ese esfuerzo convirtiéndose en la mejor alumna de su clase. Pero el rector la expulsó tras los disturbios de hace dos años y la joven regresó a su casa.
Los hechos que se le reprochan se remontan a mayo de 2008. Una intoxicación provocada por alimentos en mal estado servidos en la cantina universitaria indispuso a decenas de estudiantes e incluso obligó a ingresar en hospitales a algunos de ellos. Los jóvenes se echaron a la calle, para exigir que la universidad se hiciese cargo de las facturas hospitalarias, y se enfrentaron a las fuerzas del orden.
Una veintena fueron detenidos, juzgados y condenados, entre ellos otra joven izquierdista, Zahra Boudkur, que tenía entonces 21 años y a la que ataron desnuda a un radiador, mientras tenía la regla, ante otros militantes sindicales, en la comisaría de Yemaa el Fnaa. Fue condenada a dos años de cárcel y liberada en mayo pasado. Tuvieron que transcurrir otros cinco meses hasta que la policía se decidió a apresar a Hasnouni, que también participó en aquellas protestas.
Taieb Hasnouni, el padre de la reclusa, vio a su hija por última vez el 19 de julio sentada en el banquillo de la sala de lo penal de Marraquech, pero el juicio fue nuevamente aplazado. "Me costó reconocerla", recuerda al teléfono. "Ha perdido mucho peso", prosigue con la voz entrecortada por le emoción. "Sus condiciones de encarcelamiento son penosas porque Ilham es una gran lectora, pero no le dejan tener libros, ni periódicos ni siquiera papel para escribir". Será, probablemente, para que no vuelva a sacar ningún escrito de la prisión.

lunes, 30 de mayo de 2011

L'hora de la dona afganesa


La hora de la mujer afgana y la hora de tener bien en cuenta esta experiencia de la joven periodista Zarghuna Kargar. Un programa de radio y posteriormente un libro recopilando las historias de vida allí contadas por mujeres afganas. -Hay que sacarlo todo afuera como la primavera- cantaba Mercedes Sosa. Ahí queda eso, digo yo. Adiós. Mariana Hernández Larguía.

L'hora de la dona afganesa i l'hora de tenir bé en compte aquesta experiència de la jove periodista Zarghuna Kargar. Un programa de radi i posteriorment un llibre recopilant les històries de vida allí explicades per dones afganeses. -Cal treure-ho tot fora com la primavera- cantava Mercedes Sosa. Aquí queda això, dic jo. Fins aviat. Mariana Hernández Larguía.

'Dear Zari', historias (afganas) de la radio
Por: Ana Lorite Gómez

Dear Zari (Querida Zari) es Zarghuna Kargar (Kabul, 1982), una joven periodista afgana que entre 2005 y 2010 presentó y produjo el programa del servicio mundial de la BBC Afghan Woman’s Hour (La Hora de la Mujer Afgana), de emisión semanal. De ese programa ha nacido un libro que se acaba de publicar: Dear Zari: Hidden Stories from Women of Afghanistan (Querida Zari: historias ocultas de mujeres de Afganistán), una colección de 13 desgarradoras historias de mujeres afganas. Kargar no se limita a escribir sobre las vivencias que esas mujeres anónimas contaron en su programa, sino que se alía con ellas y se atreve a narrar su propia experiencia personal como niña refugiada que, a pesar de haber nacido en el seno de una familia liberal, fue obligada a casarse a los 16 años, matrimonio que aceptó humildemente porque quería “ser una buena hija afgana”. Durante sus cinco años de emisión, ese programa radiofónico fue un salvavidas para las mujeres de Afganistán. La parte más popular de la emisión era la dedicada a las historias de esas mujeres normales que hablaban en la radio de su lucha por la vida, sus tragedias y sus esperanzas. Millones de mujeres y hombres afganos conocían la voz de Zari e, incluso, algunos podían reconocer el rostro de la popular periodista. Su objetivo era llegar a las mujeres que vivían en áreas remotas, muchas de ellas analfabetas, con un lenguaje sencillo (en dari y en pashto, lenguas afganas). El programa no era simplemente un foro donde se proporcionaba a las mujeres información sobre sus derechos. También se hablaba de cosas cotidianas y se celebraban sus logros y se compartían sus experiencias.
Kargar y su equipo cubrieron temas controvertidos como la venta o el intercambio de niñas esposas, la violación, el honor, la virginidad, la violencia y las presiones a las que son sometidas muchas mujeres para tener un hijo varón. Algunas de las historias más terribles fueron las de las mujeres viudas y divorciadas, repudiadas por sus propias familias: “Convertirse en viuda en una sociedad tan tradicional como Afganistán supone la pérdida del derecho a hablar libremente, el derecho a vestirse como una quiera”, declaró la periodista en una entrevista de 2006, cuando se cumplió el primer año de emisión del programa. Zari cuenta que, durante ese primer año, cada vez que escuchaba las historias que estas mujeres contaban, lloraba de tristeza, de impotencia. Recuerda como un chico escribió al programa de parte de su abuela: “Mi abuela me ha pedido que escriba al programa para decirte que ella adora estas historias de mujeres porque sus vidas son como la de ella y le gusta escucharlas”.
El libro recoge 13 de estas vidas golpeadas: la de Samira, tejedora de alfombras, que tenía que drogar a sus hijos con opio para poder concentrarse en su trabajo; la de Wazma, mujer felizmente casada que, tras perder una pierna durante un bombardeo, se vio repudiada por su marido y privada del derecho de ver a su hija; o la de Anesa, obligada a casarse con un hombre homosexual (por supuesto, no reconocido) que instaló a su amante en la casa familiar. Ella nunca se atrevió a pedir el divorcio por temor a perder a sus hijos.
La situación para las mujeres en Afganistán, desde la caída de los talibanes, ha mejorado considerablemente. Aunque las mujeres ahora tienen voz, hay más de 60 parlamentarias, se sigue valorando más a los hombres, los padres todavía obligan a sus hijas a casarse en matrimonios concertados y la mayoría de las mujeres siguen dependiendo de los hombres. Zarghuna Kargar y la BBC dieron la oportunidad a estas mujeres de “escapar”, una vez por semana, de los muros de sus casas, de contar unas vidas demasiado difíciles de vivir.

jueves, 19 de mayo de 2011

Critica, que algo queda



Que el Estado tenga la obligación de informar la localización de la víctima a su agresor es lo mismo que el agresor tenga el derecho a pedir el pasaje para ir matarla, y discúlpenme que haga este inciso, pero no me gusta que me tomen el pelo. Por lo demás, que tengan ustedes un muy buen pasar. Abur. Mariana Hernández Larguía.

Bruselas deja abierta la criticada euroorden para maltratadas

La Eurocámara y los Gobiernos decidirán si se dice al agresor dónde está la víctima

M. R. S. / R. M. DE R. - Madrid / Bruselas - 19/05/2011

La deriva que ha tomado la orden europea de protección a víctimas de todo tipo de violencia preocupa, y mucho, a las organizaciones de mujeres y a los juristas. El reglamento, presentado ayer por la vicepresidenta de la Comisión Europea y titular de Justicia, Viviane Reding, y destinado a equiparar la protección legal que una persona tiene en su país (una orden de alejamiento para una maltratada, por ejemplo) en todos los de la UE, puede convertirse en un instrumento ineficaz y pernicioso, aseguran. Varios puntos polémicos, como que tendrá que ser la víctima quien realice los trámites para obtener la orden de protección en el país de destino, o la obligación de ese Estado a informar al agresor de la localización de la víctima, han desatado duras críticas de los expertos en violencia de género. El Ministerio de Justicia español, precursor de la euroorden de protección a víctimas original, que aprobó el Parlamento Europeo en diciembre y que languidece a la espera de recibir el visto bueno del Consejo de Ministros de la UE, se resistió a censurar abiertamente el proyecto, que causa división en el seno del Gobierno.
"Nos congratulamos de que la iniciativa haya salido adelante, pero hay que tener en cuenta que es el primer texto que se lanza y que está incompleto", insistió una fuente del ministerio. "La batalla ahora es detectar todas las necesidades y cubrirlas. Lo que más nos interesa, y trabajaremos en ello, es la protección a las víctimas y que en ningún caso se cree una doble victimización".
Comienza ahora un periodo de negociación en la Eurocámara. Será allí, explica la eurodiputada del PP Teresa Jiménez Becerril, ponente de la euroorden inicial, para enmendar el texto. El resultado servirá para todos los países en los que son autoridades civiles quienes dictan estas medidas. El resto donde, como en España, es competencia de las autoridades penales (un juez), se guiarán por la euroorden. Eso si se aprueba.
Rosa María Fernández, presidenta de la Coordinadora Española para el Lobby Europeo de Mujeres (Celem), critica la propuesta. "Es bueno que se haya reactivado el plan, pero no compartimos el cómo", dice. "No debe ser la mujer quien tenga que hacer los trámites para lograr la protección en otro país. Desde buscar una traducción jurada de la orden hasta indagar a qué autoridades del país de destino debe entregarla. Por no hablar de que tal y como se plantea se debe informar al agresor de la nueva localización de la víctima. Esto es muy grave", añade. "Si esto es así, mejor que la mujer no la pida", dice.
Esa idea de que la víctima vaya dejando un rastro que puede seguir un agresor tozudo sorprendió tanto a las asociaciones de víctimas como a la propia Reding. "Desconozco esa información", dijo ayer. "Los detalles técnicos serán un trabajo que deberá hacer el legislador". En la explicación con que acompaña su propuesta, la Comisión especifica: "Las autoridades competentes del segundo Estado [el receptor] notificarán a la persona causante del peligro la extensión geográfica de la medida de protección".
Fuentes de la Comisión insistían, sin embargo, en que esa notificación oficial desde el otro país no conlleva la revelación del nuevo domicilio de la persona protegida, y que la comunicación debe hacerse para que la persona agresora conozca los límites que no puede trasgredir. "Si busca protección en otro Estado debe saber que es a condición de informar a la otra parte", argumentó una fuente de la Comisión.
Un razonamiento que no comparte la presidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis, Ángela Cerrillos: "Que no se dé la dirección exacta y solo la localización geográfica no arregla nada. Todo son pistas que pueden ayudar al agresor a localizar a la víctima. Alguien con un mínimo de conocimiento y sensibilidad no plantearía dicha cuestión. Se protege más los derechos del agresor que los de la víctima".
La vicepresidenta de la Comisión evitó entrar en detalles técnicos al decir que ahora la pelota está en el terreno del Parlamento Europeo, del Consejo [los Gobiernos de la Unión] y de otros expertos. "Lo que queremos es que la víctima lleve consigo la protección allá donde vaya. Sería ridículo que tuviera menos protección en otro Estado que la que tiene en el Estado de origen".

lunes, 16 de mayo de 2011

Dejen de tirar que hay pibes comiendo


Como una metáfora de mí misma, de mi vida entera y en nombre de Pocho repito, "Dejen de tirar hijos de puta, que hay pibes comiendo". Agur. Mariana Hernández Larguía

Se encuentra en libertad el asesino de Claudio "Pocho" Lepratti
Por Indymedia Rosario - Sunday, May. 15, 2011 at 11:22 PM

Está en libertad Ernesto Esteban Velázquez, autor material del disparo que acabó con la vida de Claudio Lepratti. "Pocho", que trabajaba como auxiliar de la educación en la escuela número 756 "José M. Serrano" de Las Flores, fue asesinado el 19 de diciembre de 2001 cuando en medio de la salvaje represión policial intentó evitar que los efectivos siguieran disparando sobre el edificio escolar.
Ernesto Esteban Velázquez fue visto atendiendo un carro de comidas rápidas en la plaza central de la ciudad de Arroyo Seco. Vecinos de esa localidad dan cuenta de que el carrito lo guarda en la comisaría, beneficio del que no gozan otros presos que cumplen salidas laborales o libertad condicional.
Con Velázquez en libertad, el único responsable material o ideológico que queda preso es Luis Quiroz, condenado a once años de prisión por el asesinato de Graciela Acosta.
El pasado 26 de abril, la Sala II de la Cámara de Apelaciones en lo Penal de la ciudad de Rosario absolvió de culpa y cargo a cinco policías que habían sido condenados en 2009 por falsificación de instrumento público y encubrimiento del asesinato de Claudio Lepratti. Los efectivos beneficiados fueron Marcelo Fabián Arrúa y Rubén Darío Pérez -chofer y acompañante respectivamente del móvil en donde iba Velázquez-; el ex jefe de la subcomisaría 20ª Roberto de la Torre; el ex jefe del Comando Radioeléctrico Daniel Horacio Braza; y el ex oficial de guardia de la sub 20ª, Carlos Alberto de Souza.
Por su parte, nunca fueron procesados ni condenados los autores idelógicos y políticos de la salvaje represión de diciembre de 2001, entre ellos el máximo responsable, ex gobernador y actual senador nacional Carlos Alberto Reutemann.
Los asesinados en la represión en nuestra provincia fueron nueve personas: Walter Campos, Rubén Pereyra, Yanina García, Graciela Acosta, Claudio Lepratti, Graciela Machado, Ricardo Villalba, Juan Delgado y Marcelo Pasini. Los heridos fueron numerosísimos, y muchos de ellos no son conocidos al día de hoy, por el temor de las víctimas a represalias policiales.

"BASTA DE IMPUNIDAD"

“Basta de Impunidad” se titula la comunicación firmada por cuatro organismos de derechos humanos de la ciudad de Santa Fe, al sostener que “la Justicia santafesina no descansa de crear impunidad”.
El próximo jueves 19 de mayo, a las 10.30, convocan "a expresar nuestro repudio de manera pública, en la plaza 25 de Mayo, frente a Tribunales”,
El texto suscripto por las Madres de Plaza de Mayo, la Casa de los Derechos Humanos de Santa Fe, la Comisión de Familiares de Detenidos Desaparecidos por razones políticas de Santa Fe y el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, y que en nuestra ciudad cuenta con la adhesión de Celeste Lepratti, hermana de Pocho, la CTA Rosario y ATE Rosario, entre otros, dice que son una muestra de impunidad “los dos fallos de Cámara” de los casos Storni y Lepratti, más las cadenas de fallos anteriores en hechos de resonancia “donde casi siempre han fallado en contra de los reclamos del pueblo santafesino y en beneficiar al poder político, eclesiástico, económico o su aliado represivo muestra la impunidad”.

lunes, 14 de marzo de 2011

La rueda de la fortuna


Una nota aparecida en el diario La Capital de Rosario y una ilustración de el Tomi representando la rueda de la fortuna según las cartas del tarot. Para observar, leer y reflexionar. Mejor no agrego mas nada. Abur. Mariana Hernández Larguía.

"Me dieron por muerta en una zanja y yo sólo rogaba poder salir de ahí"

Por María Laura Cicerchia / La Capital

Hace un año que Silvana Giménez escribe la misma historia en un cuaderno. Cuenta lo que le pasó una madrugada de Año Nuevo cuando estaba con su novio en un camino rural de Casilda y de la oscuridad apareció un hombre al que nunca había visto antes. Un extraño que se metió en el auto, le ató las manos, la tiró a la calle y la apuñaló 17 veces. Escribe que la dieron por muerta y la dejaron tirada en una zanja. Y anota que, desde la primera herida, supo que se trataba de un plan de su pareja para matarla.
"En ese momento sólo pensaba que si me tenía que arrastrar hasta la ruta para que alguien me ayude, lo hacía. Nunca perdí el conocimiento y no tuve miedo. Solamente quería salir de ahí", dice, ahora en voz alta, en una entrevista con La Capital.    
La historia que escribe Silvana ocurrió en las primeras horas de 2010. Ella la pone en palabras para no olvidar y para encontrar nuevos significados a ese ataque cruel, en el que faltó muy poco para que perdiera la vida.
Por el intento de homicidio de Silvana está detenido el policía Raúl Jesús Vitar, de 29 años, con quien ella salió tres meses antes del violento desenlace. Está siendo juzgado por contratar a un detenido con salidas transitorias para que pusiera fin a la vida de la chica de 24 años. El preso al que ella reconoció como autor de las cuchilladas se llama Juan Carlos Valentini, tiene 47 años y también está detenido a la espera del juicio.
Hace dos semanas el juez de Sentencia Julio Kesuani rechazó un pedido del policía Vitar para esperar las audiencias en libertad (ver aparte). La medida despeja el temor más profundo que anida en la chica mientras da pelea para recuperarse de las secuelas físicas del ataque: "El miedo más importante es que él salga y termine con lo que empezó".
Silvana dice que mientras se desangraba al borde del camino nunca pensó que podía morir. Pero sí lo piensa ahora, cuando mira hacia atrás y repasa su esfuerzo por sanar de las heridas, que le dejaron dificultades respiratorias, un tajo grueso que le atraviesa de arriba hacia abajo la panza, cortes en un brazo y en la espalda y lesiones en un pulmón, un riñón y la garganta. También lo piensa cuando conoce las historias de otras mujeres asesinadas por sus parejas.
Antes y después.
Antes del ataque del 1º de enero de 2010 la chica trabajaba como niñera de un nene de 12 años y otros dos de 2 y 4. Vivía con una familia numerosa —sus padres y ocho hermanos— en una casa de campo cerca de Casilda. Iba a un gimnasio y allí conoció al policía Vitar. Cuenta que él buscó amigos en común, se acercó a ella y empezaron a salir. El tenía una novia formal y mantenía una relación paralela con Silvana. Ella dice que eso no la incomodaba porque no tenía pretensiones de formalidad y estaba bien así. Se veían los jueves o en fiestas con amigos.
La noche de Año Nuevo de 2010 el policía la pasó a buscar por una casa del centro de Casilda que ella cuidaba en ausencia de los dueños. En su BMW negro con rayas grises cruzó la ruta 33, tomó por un viejo camino a Fuentes que lleva a la casa de Silvana y a unos 600 metros se detuvo. "Ahí paró el auto y entró esta persona que dijo que supuestamente era un robo, pero me atacó a mí nada más. Me pedía el celular. Yo tenía el celular, las llaves, la plata y quedó todo ahí. Me ató las manos y me bajó del auto", relató Silvana.
Con el recuerdo intacto de cada detalle, la chica precisó que el atacante dejó el arma de fuego sobre la guantera y sacó una bolsa con cuchillos. Ella logró desatarse las manos y sólo atino a gritar "no". "Me hizo arrodillar en la tierra, al lado de la zanja, y empezó con las puñaladas. Tenía tres cuchillos y eligió el más grande. Pensé que iba a usar el arma. No me explico por qué tanta saña", contó.
— ¿Que hacía el policía mientras tanto? —Seguía sentado, mirando. Tenía su pistola reglamentaria y la otra cerca del asiento, todas las posibilidades de pedir auxilio y no lo hizo. El miraba cómo el otro me apuñalaba, nada más. Es más, cuando (el atacante) entró al auto le dijo: "Quedate quieto, ya sé que sos policía". Cuando empezó con las puñaladas, Vitar le decía que me cortara la cara y el cuello. La última fue en la espalda. Sentí que traspasó una costilla y algo adentro mío hizo "crack". Ahí fue cuando me patearon los dos juntos y caí en la zanja.  
—¿Mientras eso ocurría, le recriminaste algo a Vitar?—No, ya me había dado cuenta de que era todo armado. Cuando terminó, Vitar dijo: "Ya está muerta, vamos". Y se fueron los dos juntos en el auto.  
Silvana no intuyó nada raro en el camino hacia donde la esperaba la cercanía con la muerte. Pero dice que una vez allí, apenas irrumpió el atacante, se dio cuenta de que toda la situación era inusual Cuando terminó la agresión ella quedó tendida boca arriba en una zanja de dos metros de profundidad que estaba llena de barro. Como escuchó que la daban por muerta, se esforzó por parecerlo: "Respiré hondo y me quedé quieta esperando que se fueran, tratando de no temblar".
Cuando el BMW se alejó y ella comenzó a arrastrarse entre los pastizales, pasó un auto que no alcanzó a verla. Al rato pasó otro vehículo. El conductor se detuvo ante las señas de la chica, bañada en barro y sangre, como un fantasma en medio de la oscuridad. El automovilista llamó a la policía y al lugar llegó una ambulancia. Ella no tiene dimensión del tiempo que pasó entre el ataque y la ayuda.
"A partir de la llegada de la ambulancia fue clave la inquietud del enfermero", apunta a su lado el abogado José Lanza, quien lleva adelante el reclamo civil en la causa. Según contó, mientras la asistía camino al hospital el enfermero le preguntó a Silvana: "¿Quién te hizo esto?". Y ella, que nunca perdió el conocimiento, respondió: "Estaba con Raúl Vitar cuando pasó esto". La vida no es igual para Silvana desde aquella noche. Empezó terapia para sobreponerse al trauma. No puede trabajar ni hacer deporte. Duerme con dos ventiladores por una insuficiencia respiratoria: le pincharon en tres partes un pulmón al que entró sangre y agua. "Lo que más me duele es la panza. Ahí tengo siete puñaladas y como me cortó adentro los órganos están más chiquitos". Por un corte, no puede estirar el dedo mayor de la mano derecha. Y le injertaron "dos tubitos" en la garganta (por heridas en la tráquea) que le molestan los días húmedos.
¿Quién te hizo esto?.
Así, mientras a Silvana la entubaban y le suturaban los cortes, la cúpula policial se movilizaba en la búsqueda de Vitar, un empleado del Comando Radioeléctrico que estaba franco de servicio. El propio subjefe a cargo la Unidad Regional IV, José Luis Tourn, participó del operativo. Lo encontraron en una fiesta en una quinta, a dos cuadras del hospital donde Silvana entraba a quirófano.
"Estoy en problemas, jefe. Me mandé un moco", admitió Vitar a sus superiores. Estaba muy nervioso. En el baúl de su auto encontraron su arma oficial y el revólver calibre 38 usado en el ataque. Confesó que había contactado al preso Valentini para que "le pegara un susto" a Silvana porque la chica, aseguró, le había dicho que estaba embarazada y lo "presionaba con contárselo a su novia".
Silvana lo niega. Dice que ella había tenido un atraso y se lo comentó, pero sin amenazarlo. La chica aclara que la relación no estaba oculta y que Vitar incluso frecuentaba su casa y conocía a sus padres. "No fue un susto. El me quiso matar directamente y sin que se sepa nada", expresó. En el celular de Vitar se hallaron mensajes enviados al preso en los que le prometía dinero a cambio de un trabajo.
Curar heridas.
Un año y medio le falta para completar su recuperación, estiman los médicos. Mientras tanto, con la causa penal en un tramo decisivo, Silvana mira hacia atrás para pensar el futuro: "A pesar de todo trato de tranquilizarme. Quiero terminar la secundaria y estudiar abogacía. Tengo que aceptar lo que pasó para poder seguir adelante".

martes, 8 de marzo de 2011

Nada que festejar


EL DIA DE LA MUJER, MARCADO POR EL DEBATE SOBRE LA VIOLENCIA DE GENERO

La otra inseguridad ciudadana
La conmemoración internacional tiene aquí el marco de los femicidios: en lo que va del año ya hubo 50 casos. Nueve víctimas fueron quemadas. Las organizaciones de mujeres advierten sobre las tareas pendientes para enfrentar la situación.

Por Mariana Carbajal
“El Día Internacional de la Mujer se conmemora en homenaje a 129 mujeres que en 1908 murieron quemadas en una fábrica textil de Nueva York por reclamar igualdad laboral: fueron encerradas y les prendieron fuego. A más de cien años de aquella escalofriante violación de derechos humanos de las mujeres, asistimos a cifras alarmantes de mujeres quemadas por sus parejas”, advirtió, en diálogo con Página/12, Leonor Arrigo, del Centro de Apoyo a la Mujer Maltratada (CAMM), una ONG de Mar del Plata que brinda asistencia gratuita a víctimas de violencia machista. La fecha, de movilización y concientización, está atravesada este año por un fuerte reclamo del movimiento de mujeres que gira en torno de dos ejes centrales: la urgencia de que la violencia de género sea considerada un problema de “seguridad ciudadana” y en consecuencia se avance con políticas integrales para enfrentarla, y la apertura de la discusión por la despenalización y legalización del aborto en el Congreso.
La seguidilla de femicidios empaña la conmemoración: en los dos primeros meses del año, se registró más de medio centenar de asesinatos de mujeres por el hecho de ser mujeres: al menos 9 de las víctimas murieron incineradas. Otras dos mujeres, una de 19 años, en Chaco y otra de 30, en Santiago del Estero, fallecieron como consecuencia de abortos inseguros practicados en la clandestinidad, de acuerdo al relevamiento de casos publicados en la prensa que realiza el Instituto de Estudios Jurídicos Sociales de la Mujer (Indeso), de Rosario. Diecisiete de los femicidios ocurrieron en la provincia de Buenos Aires. Las consecuencias de los abortos inseguros –a los que son empujadas las mujeres que no quieren continuar con una gestación no deseada– son la principal causa de mortalidad materna en el país hace treinta años.
“Se requiere de manera urgente que la violencia de género sea considerada un problema de seguridad ciudadana. Debe ser tomado en serio y eso significa asignar partidas presupuestarias adecuadas para un plan nacional que permita prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres”, consideró la abogada Susana Chiarotti, reconocida internacionalmente por su larga militancia en la defensa de los derechos de las mujeres. Chiaroti integra el comité de expertas de la Organización de Estados Americanos (OEA) que se encarga de evaluar a los países del continente en el cumplimiento de la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, suscripta en Belém do Pará, y es responsable de monitoreo del Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer (Cladem). Otro tópico importante, para Chiarotti, es el de los derechos sexuales y reproductivos. “Hay que tener en cuenta que la democracia integral para las mujeres requiere que puedan ejercer su ciudadanía también sobre sus cuerpos; que puedan fijar sus metas de vida independientemente de presiones que vengan de la familia, las religiones o el Estado. Nosotras estamos a favor de la vida: la vida de las mujeres que no puede verse afectada por cláusulas restrictivas sobre el aborto que las obligan a tomar decisiones que ponen en peligro su salud y su supervivencia, y por una vida digna para todas las niñas y niños que merecen nacer de maternidades deseadas”, apuntó.
Desde el Centro de Apoyo a la Mujer Maltratada, de Mar del Plata, su presidenta, Alba Salinas, puso el alerta en los “noviazgos violentos”, debido –señaló– a que son el comienzo de una historia de violencia que se agrava con el tiempo y puede terminar en muerte de la mujer. “Estos casos de mujeres muy jóvenes muertas a manos de sus novios, parejas, ex parejas nos debe poner en alerta, tenemos que decir basta a las situaciones de violencia, cortar estas relaciones lo más pronto posible. Los varones violentos no cambian en tanto consideran que la responsabilidad de la violencia no es de ellos sino de las mujeres que los provocan y el maltrato aumenta junto con las amenazas y el aislamiento”, advirtió Salinas. Cada vez reciben más casos de mujeres amenazadas por sus parejas con ser quemadas. “Antes del caso de Wanda Tadei, las amenazaban con quemarles la vivienda, ahora lo que vemos es que directamente las amenazan con quemarlas a ellas vivas”, alertó Salinas.
La socióloga Elsa Schvartzman, integrante del Foro por los Derechos Reproductivos, propuso: “Tomemos la fecha del 8 de marzo como otra oportunidad para poder pensar sobre las conquistas y las deudas en el arduo camino de construcción de ciudadanía y adquisición de derechos de las mujeres. Lo que hemos avanzado tiene muchos capítulos. Pero, como día de acción, propongo una mirada especial por lo que nos está faltando: reconocimiento a la capacidad de decidir de las mujeres, que se nos considere ciudadanas con derechos y responsabilidad para asumirlos, que nuestras decisiones, nuestra autonomía, tengan la garantía de un Estado democrático y laico”.
“Las mujeres rompimos el silencio, las discusiones están instaladas, es imposible seguir negando las complicidades en la cadena de la prostitución, en el secuestro de jóvenes y niñas; el femicidio, la realidad del aborto clandestino e inseguro que cuesta tantas víctimas”, consideró Schvartzman.
Entre los múltiples actos previstos para hoy y los días venideros, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, la Campaña Abolicionista “Ni una mujer más víctima de las redes de prostitución”, convoca a una manifestación entre las 16 y las 19 en el Parque Centenario. “Nos juntamos para reclamar por la abolición del sistema prostituyente y con ello estamos demandando que la prostitución no sea considerada una opción de trabajo para ninguna persona, cárcel a los proxenetas, tratantes y sus cómplices, derogación de los artículos de los códigos contravencionales y de faltas que penalizan a las personas en situación de prostitución, visibilización de los ‘clientes’ como prostituyentes e inclusión social para todas las mujeres”, señaló Marcela D’Angelo.
Aunque se reconocen avances en cuanto a la igualdad de derechos, las asignaturas pendientes son muchas. “La naturalización de la prostitución, la extrema mercantilización de cuerpos y subjetividades, la negación del derecho a decidir sobre nuestras vidas y maternidades, la violación de nuestros límites corporales, la muerte, la situación de inferioridad salarial, forman una red de limitaciones y negaciones de derechos que configuran las formas actuales de opresión de las mujeres y refutan la idea de una libertad y una igualdad ya ganada. Lejos del post-feminismo, aún queda mucho por hacer”, evaluó Magui Belloti, de ATEM 25 de Noviembre, y parte de la Campaña Abolicionista “Ni una mujer más víctima de las redes de prostitución”.