domingo, 26 de julio de 2009

Portate bien Piki


La historia de la enfermedad de Piki, según su mamá (Clarín de Buenos Aires), como la del violador de catorce años que debe volver a su casa según una ley de edad mínima de responsabilidad penal (El País de Madrid), son tomadas por la prensa o por la televisión, respectivamente, con la ligereza propia que conlleva cubrir un espacio antes del cierre o llenar el programa entre publicidad y publicidad (sobre todo en televisión es notable la absoluta falta de criterio con que se cita a los invitados a debatir el tema). Es por situaciones como estas por las que a veces me quedo pensando en la experiencia propia, en cómo hacer para morderme la lengua y no hablar mientras veo como otros no se la muerden ni para guardar un prudente silencio. En fin, que quien sea nos encuentre confesados. Agur. Mariana Hernández Larguía.

La historia de Piki: de pichón de crack a "pibe chorro"
A los 13 empezó a drogarse con marihuana y a los 14, a caer preso por pequeños robos. El lunes, tomó rehenes en Almagro y tiene 20 causas penales.

Leonardo De Corso
Mucho antes de que el martes pasado fuera noticia por haber tomado rehenes en una perfumería de Almagro, Juan Manuel (conocido por Piki o Manu) ya había salido en un diario: el jueves 5 de junio de 2003, cuando sólo tenía 10 años, su estampa de crack ilustró una nota de Olé sobre el partido de su equipo, Pinocho, contra El Ideal. Aquel también resultó un día turbulento: lo expulsaron por pelearse con un rival en el marco de una discusión que también involucró a su madre, retratada insultando al árbitro. Cara angelical, pies talentosos, temperamento fuerte: las señas particulares de este pibe nacido el 22 de abril de 1993 en Ciudadela.Ya de chico pintaba para crack. "Lo venían a buscar de los mejores clubes. Era muy habilidoso. Con Juan Carlos, mi marido, hicimos muchos sacrificios para poder comprarle los primeros botines a los 5 años. Cuando no teníamos plata para viajar, lo llevábamos en bicicleta o caminando", cuenta Sandra (43), la madre de Piki.
Hoy, en la pieza del hotel de Once en la que vive la familia, hay fotos de aquellos años dorados: Piki con la camiseta de River, de Platense... Un pasado de esperanza borroneado por este presente desolador, con Piki encerrado en el Instituto Roca y sus padres y hermanos contando las horas para volver a verlo. Recién hoy a la mañana podrán hacerle la primera visita desde que cayó preso en la perfumería.El chico tiene tres hermanos: Antonella (19), Juan Ignacio (18) y José (11). Los dos más grande trabajan. El padre, Juan Carlos, es guarda de tren y Sandra se dedica a cuidar a su nieta y a su hijo menor. Ninguno tiene antecedentes policiales. Piki -que hasta el martes acumulaba 19 causas penales- estaba haciendo la primaria de noche hasta que las clases se interrumpieron por la Gripe A.La historia de la familia es una historia de tropiezos continuos. Juan Carlos y Sandra llegaron a tener dos pizzerías en Ciudadela y a vivir en una casa de dos plantas de Villa Urquiza. Pero durante la hiperinflación de Alfonsín se fundieron. Luego se recuperaron: él compró un taxi y una parada en la estación de Ciudadela, mientras ella atendía un kiosco. "A mi marido lo robaron varias veces y las cosas no iban muy bien. Vendimos todo y nos fuimos a vivir a Bialet Massé en Córdoba. Allí pasamos la mejor etapa de nuestras vidas. Los chicos eran felices, jugaban en la calle, íbamos a pescar y mi marido consiguió trabajo en Telefónica", recuerda Sandra.
Pero volvieron a perder todo y de regreso a Buenos Aires, lograron alquilar una casa vieja en Villa Urquiza. Trabajaban como vendedores ambulantes y se turnaban para cuidar a sus hijos. Pero se quedaron sin recursos y, tras deambular por varios lugares de alojamiento precario, terminaron en el hotel de Once.Sandra cree que los problemas de su hijo se deben a la droga. Especula que se inició con la marihuana, a los 13, cuando jugaba en Atlético Lugano con pibes mucho más grandes. "Arrancó con porros y después pasó a la pasta base. Cuando me di cuenta de que me hijo se drogaba él tenía 14, casi 15. Empezó a caer preso por delitos menores. Me decía que era inocente, y yo, por el amor que le tengo, de entrada le creía", explica."Lo llegué a tener tres días encerrado. Pero se escapaba y volvía 5 horas después hecho un engendro, con la apariencia de una persona que está 30 días sin bañarse viviendo en la calle. La pasta base lo dejaba como un esqueleto", describe con la voz entrecortada.La familia pidió varias veces ayuda para salvarlo. El chico estuvo internado en un centro de rehabilitación un tiempo pero escapó. Ahora no les interesa tanto que sea liberado sino que le den el tratamiento que necesita. "No es un demonio -dice su madre-. Piki es un chico enfermo".


Se puede reeducar en lugar de encarcelar
Existen fórmulas para encauzar a los niños menores de 14 años que cometen delitos - Faltan decisión política y medios

J. A. AUNIÓN / E. HIDALGO 26/07/2009
Un niño se marcha a su casa, a pesar de haber participado presuntamente en una violación
múltiple, porque tiene menos de 14 años, la edad mínima de responsabilidad penal. La fuerza de esta imagen que queda, al menos durante un tiempo, en la retina de la sociedad oscurece el debate sobre qué se debe hacer con estos chavales. Además, los casos de niños de 10, 11 o 12 años que comenten pequeños hurtos, una y otra vez, amparados por su edad y muchas veces dirigidos por adultos, preocupan cada vez más.
¿Qué se hace con estos niños y niñas? ¿Se rebaja la edad penal, como proponen algunos, para poder encerrar a los que cometan delitos más graves y, en definitiva, castigarles de alguna manera? "Ésa es una actitud infantil; nosotros somos los adultos", dice el psicólogo, experto en educación sexual en centros de menores, Santiago Agustín. Como él, muchos otros expertos sostienen que rebajar la edad penal, además de ir contra la Convención de los Derechos del Niño, no serviría de nada. Apuestan por la educación, por ir a las causas del problema (que suelen ser muchas y terribles) y trabajar con los niños, sus familias y su entorno. "Todo lo que se haga de acuerdo con el menor y la familia tiene mejores resultados", sostiene Esther Giménez-Salinas, rectora de la Universidad Ramón Llull y catedrática de Derecho Penal.
En definitiva, unas medidas socioeducativas que, con la legislación actual, ya se pueden tomar, e, incluso, pueden acabar con los menores infractores en centros cerrados en los casos más graves, asegura el jurista, ex fiscal de menores de la Comunidad de Madrid, Félix Pantoja.
Otra cosa bien distinta es cómo se utilizan, cómo funcionan, con qué medios y con qué limitaciones se encuentran esos mecanismos, que en la práctica totalidad de los casos son gestionados por los servicios sociales de las comunidades. Las distintas posibilidades, la dispersión normativa y de medios en autonomías, diputaciones e, incluso, ayuntamientos muchas veces conforman una maraña de recursos inconexos que ralentizan la toma de unas medidas que deben ser muy rápidas. "Las comunidades tienen que asumir su responsabilidad y crear los mecanismos especializados para responder adecuadamente lo más rápido que se pueda", añade Pascual Jiménez de Bagüés, educador del Equipo de Menores de Catorce Años, organismo creado por los servicios sociales en la provincia de Zaragoza para los chavales que cometen delitos por debajo de esa edad.
Empezaron a trabajar en 2002 porque los profesionales de protección de menores no especializados dejaban desatendidos el 95% de los casos de infractores menores de 14 años. La razón es que suelen trabajar con casos claros de abandono o desamparo, es decir, que el niño esté solo o desatendido por sus padres, algo a lo que no responde ese alto porcentaje de los infractores.
La fiscal de Menores del Tribunal Supremo, Consuelo Madrigal, explica q ue cada comunidad ha ido desarrollando sus propias normativas desde la aprobación de la ley del menor de 2000, que se han ido adaptando, dice, a estas situaciones, pero con una dispersión tal que se crea mucha "inseguridad jurídica". En cuanto a la eficacia de esas medidas socioeducativas dice, a la gallega: "Depende de las comunidades autónomas y de los medios".
Por ejemplo, el equipo zaragozano al que pertenece Jiménez es pionero en España; luego han ido llegando otros en Guadalajara, Cuenca y Granada. "Y funciona; sólo el 6% vuelve a cometer alguna infracción después de que trabajemos con ellos", asegura el educador. Pero, por regla general, con un niño infractor de 13 años o menos, "si es por pequeños delitos, como hurtos o peleas, no se suele hacer nada", explica Madrigal. Si hay reincidencia, continúa, o si el delito es muy grave -"algo que ocurre muy poco, lo cual no significa que no haya que intervenir"-, la fiscalía emite un informe que manda a los servicios sociales de la comunidad para que ellos evalúen la situación y tomen las medidas. Para José Antonio Luengo, secretario
general del Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, el hecho de que las medidas a tomar dependan de los servicios sociales de cada comunidad las convierte en "insignificantes". "Probablemente no sea necesario rebajar la edad penal, pero sí hacer un protocolo estable y planificado de actuación", sostiene Luengo.
En cualquier caso, para otros el gran problema radica en que las medidas que se toman desde los servicios sociales no son obligatorias, y tienen que contar con la aceptación de las familias. Algunos fiscales, cuando piden la rebaja de la edad penal no es para encerrar a los niños, sino para poder imponerles esos programas educativos. Por ahora el margen más claro que existe para poder hacerlo es que los chavales estén en una clara situación de abandono o desamparo, con lo que la comunidad asumirá su tutela. En muchos casos, ese menor irá a un centro de acogida, sin embargo, esos centros no tienen grandes medidas de seguridad y los chicos y chicas se pueden escapar, recuerda Teresa Gisbert, fiscal jefe de la Audiencia de Valencia y especialista en menores.
Por eso, el Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, Arturo Canalda, proponía hace unos meses desde las páginas de este diario que se impongan "medidas de contención obligatorias" para estos casos. Los jueces de primera instancia, de hecho, pueden tomar las decisiones que consideren necesarias para apartar al menor de una situación de riesgo para sí o para los demás. Sin embargo, no se suele recurrir a esta posibilidad salvo en casos muy extremos y, de nuevo, es mucho más difícil si el menor tiene una familia que se ocupa, aunque sólo sea más o menos, de él.
El problema, para el psicólogo Santiago Agustín, es que "se acaba castigando la situación
social del chaval". En Andalucía, por regla general, no hay protocolos especiales para estos chavales y, en concreto, en Málaga, cuando alguno llega desde la fiscalía y su "situación personal y familiar no es grave, la apertura de expediente suele llevar aparejada una carta de información a los padres o la solicitud de una entrevista con los mismos", según un estudio de 2007 de las profesoras de derecho María José Bernuz Beneitez, Esther Fernández Molina y Fátima Pérez Jiménez. Y cuando se interviene porque su situación social y familiar es grave, se hace "sin atender particularmente a la comisión de la infracción".
Titulado Menores de 14 años que cometen delitos, el texto concluía que existe esa dispersión de políticas y planteaba: "Si la solución a estas conductas está en una reforma legislativa o más bien en una adaptación de las prácticas administrativas y sociales a una situación que, en cualquiera de los casos, reclama urgentemente una respuesta. Dada la importancia que tiene una intervención educativa realizada a tiempo en la prevención de la reincidencia, sobre todo de comportamientos violentos, habría que apostar por respuestas que, como la justicia reparadora, favorezcan la responsabilización y la concienciación del menor sobre las consecuencias de sus actos".
Porque, de hecho, la incógnita que se abre es si sirven de algo los internamientos por sí solos. El Defensor del Pueblo publicó hace unos meses un informe en el que se quejaba de las enormes carencias de estos centros de menores donde en muchas ocasiones se olvida completamente la función educadora o reeducadora. Además, ponía de manifiesto que la mayoría de ellos son de gestión privada, por lo que se produce lo que el psicólogo Javier Urra calificó como una "desresponsabilizacón" de las administraciones, algo que planea sobre todos los mecanismos, judiciales y extrajudiciales, de protección y reforma del menor -el 70% de los centros de reforma también son de gestión privada, algo que seguramente provocaría grandes aspavientos sociales si se tratara de cárceles para mayores de edad-.
De hecho, el Poder Judicial emitió un informe el año pasado en el que no sólo puso de manifiesto que 6.000 sentencias de menores no se ejecutan por falta de medios, sino que, en
concreto, la falta de centros, educadores y recursos terapéuticos hace "que los objetivos educadores y resocializadores de la jurisdicción de menores no pueden ser alcanzados".
En el caso concreto de los infractores menores de 14, la fragmentación ya señalada hace muy difícil hacer una valoración general de este tipo, aunque todo apunta también a una escasez de medios. Sin embargo, el psicólogo madrileño Santiago Agustín considera "que hay recursos, sólo hay que ordenarlo y usarlos bien".
En el equipo zaragozano de menores de 14 años, lo primero que se hace es trabajar en apoyo de la víctima. Después con el agresor y su familia. "Es cierto que no tienen que aceptar la ayuda, pero aunque sean reacios, y aun en ese 10% en el que los menores no reconocen haber cometido el delito, se acaba aceptando el apoyo", asegura Pascual Jiménez. Y si finalmente los padres y el menor se cerraran en banda en un caso grave, Jiménez asegura que el caso iría al juez alertándole de la clara situación de riesgo del menor.
Sólo han tenido un caso grave de abuso sexual en los siete años del equipo, y hoy, agresor y víctima tienen una vida normal, asegura. En su actuación, lo primero es que el infractor entienda que lo que ha hecho está mal y asuma las consecuencias. Se intenta que compense a la víctima de alguna manera y también a la sociedad, por ejemplo, con programas educativos que tengan que ver con el delito cometido. También ofrecen talleres (de solución de problemas, habilidades sociales o control emocional) e incluso programas de orientación familiar para padres e hijos. "Se les puede tratar en abierto y con garantías", dice Jiménez, pero también han llegado a sacar a dos chavales de su entorno para llevarles a centros en zonas rurales.
A menudo, a estas intervenciones se les acusa de buenistas, sin embargo, una larga lista de expertos y trabajadores las defienden, no sólo como las mejores, sino como las eficaces para la sociedad.
Entiéndelo, todo acto tiene consecuencias
En las últimas semanas se han cometido dos violaciones múltiples protagonizadas por menores en Andalucía. Algunos de los agresores tenían sólo 13 años. ¿Qué lleva a chavales tan jóvenes a cometer estos actos? Los expertos coinciden en que no existe una explicación única para las agresiones sexuales cometidas por menores, en ocasiones producto de patologías de la personalidad, pero comparten la opinión de que el acceso a contenidos violentos a edades tempranas y sin ningún control está en el fondo de muchos de esos comportamientos. Señalan que los adolescentes pierden la capacidad de discernir entre el bien y el mal ante la recepción de mensajes que no tienen madurez para asumir y que el acceso indiscriminado a contenidos pornográficos violentos les insensibiliza, eleva su umbral de sorpresa y fomenta la imitación. Resaltan la necesidad de límites y el papel educador de los padres.
Marta de Prado, psicóloga del servicio de Atención a Víctimas del Delito de los juzgados de Madrid, señala que "cada edad tiene asociado un tipo de información que recibir y no se está valorando lo que a nivel evolutivo se está preparado para asimilar". Algo con lo que coincide José Antonio Luengo, secretario general del Defensor del Menor. Luengo señala que los adolescentes reciben una dualidad de valores contradictorios. Por un lado "crecen en la empatía y el respeto al sufrimiento ajeno; por otro, se nutren de experiencias en un escenario virtual que nadie controla y en el que todo vale", explica, e incide en que la vivencia virtual, que se asimila a través de imágenes, es la que prevalece. Los procesos de imitación surgen con frecuencia, porque los adolescentes, o niños, "no son conscientes de que eso tiene consecuencias". Luengo habla con preocupación de que los menores han pasado de educarse
en escenarios tradicionales donde casi todo está planificado (la casa, la escuela y el barrio) a hacerlo en un escenario virtual "donde están completamente solos".
La psiquiatra María Inés López-Ibor cree que la edad a la que se comete este tipo de actos es cada vez menor, aunque no existen estudios al respecto, y lo relaciona con un consumo de alcohol cada vez más temprano y presente en muchas agresiones. "Puede que estemos ante un fenómeno que se está adelantando", afirma.
En todo caso, los tres destacan que la educación es básica para evitar este tipo de comportamientos. A los padres corresponde controlar lo que sus hijos hacen en la Red, y es necesario que les dediquen más tiempo: "Ya no vale calidad frente a cantidad", explica Luengo. López-Ibor insiste: "Hay que inculcar a los adolescentes que sus actos tienen consecuencias que deben asumir".
La Federación de Planificación Sexual Estatal reivindica una educación sexual "en el respeto de los límites propios y del otro" para prevenir y reeducar a los agresores. Raquel Hurtado, coordinadora de los programas de educación, sostiene que los adolescentes no reciben una formación sexual de calidad y denuncia la falta de centros de atención específicos para jóvenes. "La OMS recomienda uno cada 100.000 habitantes, y en España no se cumple", afirma.

viernes, 24 de julio de 2009

En la luna de Valencia


Dos noticias. Una extraída del diario El País. La otra del portal digital Crítica de Argentina. Me llamó la atención cómo a los delincuentes (convengamos en que por lo menos ostentan ese rango para empezar a hablar) de similar tendencia ideológica, se les encubre la cara y el nombre a algunos y se le delata con fotos y nombres y apellido a otros. ¿No son dignos de temer todos ellos?, y de no ser así, los que creemos que son de temer, ¿no tenemos derecho a escracharlos ante el resto de la sociedad?. Pregunto. Porque si uno no pregunta como aprende ¿No?. Tampoco es cuestión de andar rascandosé toda vida en la luna de Valencia. Saludos cordiales a toda la humanidad. Mariana Hernández Larguía

Detienen en Valencia a represor argentino
Se trata del ex subcomisario de la Policía Federal Jorge Alberto Soza, acusado por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar.

El ex subcomisario de la Policía Federal argentina Jorge Alberto Soza fue detenido en la comunidad española de Valencia por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar, informó este viernes la policía española.Soza, de 72 años, estaba siendo buscado por las autoridades argentinas, ya que está procesado por su presunta implicación en 18 casos de detención ilegal, secuestro y torturas.Según la policía española, el ex segundo jefe de la delegación de la policía en la provincia argentina de Neuquén podría ser condenado a entre tres y 15 años de cárcel.Los delitos "se remontan al período comprendido entre septiembre de 1975 y principios de 1977, en la ciudad de Neuquén, ubicada en la Patagonia argentina", añade el comunicado.La Justicia argentina considera que Soza participó en el secuestro y la tortura de personas "acusadas de formar parte de células terroristas que operaban en la región, en al menos 18 ocasiones".Soza se trasladó a vivir a España en 1992 y se radicó con su familia en la localidad valenciana de Carcaixent, donde adquirió la nacionalidad española.Según las cifras oficiales, en la Argentina desaparecieron unas 10.000 personas durante la última dictadura militar (1976-1983) mientras que organismos de derechos humanos hablan de hasta 30.000.


Primera condena en España contra un grupo neonazi por asociación ilícita
La sentencia impone dos años y medio de prisión al cabecilla de los Hammerskin y un año y medio a los otros 14 miembros

ANAÍS BERDIÉ - Madrid - 24/07/2009
La Audiencia Provincial de Madrid ha condenado por asociación ilícita a los 15 acusados de pertenecer al grupo neonazi Hammerskin España. Al cabecilla del grupo, José Eduardo C. H., se le impone una pena de dos años y medio de prisión y al resto de un año y medio. A Ángel M. N. se le condena además por tenencia ilícita de armas a otro año. Es la primera vez que se condena en España a un grupo neonazi por asociación ilícita.
Los cabezas rapadas estaban acusados de organizar conciertos, distribuir fanzines y realizar actos en los que se exaltaba y promovía el racismo. "El Tribunal entiende suficientemente acreditada la existencia de la organización Hammerskin España, compuesta por una pluralidad de personas, entre los que se encuentran todos y cada uno de los acusados (...), asociación cuyo fin, de acuerdo con la ideología de sus miembros y en aplicación de la misma, es promover la discriminación, el odio o la violencia contra personas, grupos o asociaciones por razón de su ideología, religión o creencias", señala la sentencia .
En el registro de los domicilios de los ahora condenados, que se realizo en el año 2003, se encontraron numerosos objetos de ideología neonazi (banderas con esvásticas, vídeos con títulos como El fascismo que viene o Nazis en España, fotografías de los acusados rodeados de parafernalia nazi). Las conversaciones telefónicas de algunos de los acusados, intervenidas por la Guardia Civil desde finales de 2003, y la declaración de un testigo protegido, un periodista que se infiltró durante un año en las bandas de skins españolas, fueron aspectos claves del juicio, que se celebró durante las dos últimas semanas de junio.

lunes, 6 de julio de 2009

Gripe porcinadie lo sabía


Dos noticias sobre la gripe A, una del Página 12 y la otra de Sur.es. Las dos son muy interesantes en toda su extensión pero aquí les transcribo un párrafo que me llamó poderosamente la atención de cada una. Este es el párrafo del Página 12, “Las autoridades del IRAR decidieron seguir puntillosamente el protocolo recomendado por las autoridades sanitarias del país en caso de detección de síntomas gripales, recluir al chico o paciente en su habitación. A la sazón, fueron recluidos en celdas individuales muy distantes de lo que es la habitación de un niño o una sala hospitalaria: “Como es de su conocimiento –le recuerda la CTC al ministro–, las celdas, que son lugares pequeños, húmedos y que carecen de las condiciones mínimas de habitabilidad, en forma alguna garantizarán la salud de los mismos; más aún, implicarán un deterioro psicológico que puede desembocar en actitudes de autolesiones”. El que avisa no es traidor, digo yo. Y este es el párrafo de Sur.es, “Un día después de la masiva concurrencia a las urnas, la ministra que recomendaba suspender el acto electoral presentó su dimisión y las autoridades de Salud de Buenos Aires y la provincia homónima declararon la emergencia sanitaria”. El que avisa no es traidor, vuelvo a decir yo. Un beso con barbijo para todos. Mariana Hernández Larguía.

En las cárceles, el A H1N1 encuentra hacinamiento, frío y humedad
El mejor caldo de cultivo

Horacio Cechi

Dos adolescentes en un penal de Rosario fueron “confinados” en celdas de aislamiento, contagiados de gripe A. En Ezeiza entregaron 40 termómetros y analizan a los familiares. En Batán habría fallecido un jefe de traslados. Nueve internos de Ezeiza y Devoto hospitalizados.
En las cárceles, el virus A H1N1 encuentra, su caldo de cultivo en las condiciones de alojamiento.
El Estado empieza a descubrir que aquellos contenedores de desechos que vienen a ser las cárceles tienen vasos comunicantes con sus propias calles, pese a la presunta infranqueabilidad de sus muros, y que son verdaderos caldos de cultivo. El declamado distanciamiento social no sólo no se cumple sino que parece un discurso de patética ironía, hacinamiento mediante. Dos adolescentes detenidos en Santa Fe, en el Instituto para Adolescentes, IRAR, de Rosario, quedaron internados en sus celdas porque se les detectó gripe A. En Batán, del Servicio Penitenciario Bonaerense, según el boca a boca de presos y familiares, un jefe de traslados de la unidad murió con la carga viral del A H1N1. En las unidades federales de Ezeiza (presumiblemente en el resto de las federales también), los guardias usan barbijo y los presos, no. Más allá de la inutilidad del barbijo entre los sanos –según lo viene insistiendo la más alta autoridad de Salud del país–, el cuadro ambivalente no deja claro si es que los guardias están enfermos y trabajan a destajo, o si están sanos y presumen que los presos llevan el dramático virus, lo que pondría en complicaciones al sector de salud penitenciaria. El primer pasito para revertir la situación ya fue dado: la dirección del SPF compró 40 termómetros. Y en Ezeiza colocó cámaras gamma para controlar si las visitas entran con gripe. En caso de detectarla, rechazarán el ingreso. Obviamente, el control se hace después de la gratificante requisa.
Aunque en el país el alerta por el virus A H1N1 circula con formato alarma televisiva desde que se disparó la gripe en México, la idea de que los muros carcelarios no son asépticos demoró más de dos meses en abrirse a la luz. Organizaciones vinculadas con temas carcelarios aseguraron a Página/12 que llegaban pedidos y reclamos de familiares desde hace tiempo. En Rosario, el 25 de junio, en oportunidad de un motín con quema de colchones en la comisaría 21ª de esa ciudad, la Coordinadora de Trabajo Carcelario de Rosario denunciaba que “nos llama poderosamente la atención la falta de medidas preventivas con relación a la gripe A”. La denuncia agregaba que “atento las condiciones de detención en las comisarías y el hacinamiento que se vive en las mismas, difícilmente pueda sostenerse el ‘distanciamiento social’ que tanto pregonan las autoridades de salud provinciales”.El 1º de julio pasado, la misma coordinadora rosarina envió una carta al ministro de Justicia santafesino, Héctor Superti, en el que se le informaba, en carácter de “urgente”, que dos jóvenes alojados en el Instituto de Recuperación del Adolescente de Rosario, IRAR, se habían contagiado de gripe A.Usualmente, en una cárcel la custodia y protección se implementa como si se tratara de un castigo. El caso de los dos jóvenes del IRAR no parece una excepción. Las autoridades del IRAR decidieron seguir puntillosamente el protocolo recomendado por las autoridades sanitarias del país en caso de detección de síntomas gripales: recluir al chico o paciente en su habitación. A la sazón, fueron recluidos en celdas individuales muy distantes de lo que es la habitación de un niño o una sala hospitalaria: “Como es de su conocimiento –le recuerda la CTC al ministro–, las celdas, que son lugares pequeños, húmedos y que carecen de las condiciones mínimas de habitabilidad, en forma alguna garantizarán la salud de los mismos; más aún, implicarán un deterioro psicológico que puede desembocar en actitudes de autolesiones”.La situación no parece diferente en ninguna unidad de ninguna jurisdicción. En ese aspecto, y como muestra de no discriminar los virus, el tratamiento en profundidad fue tan profundo para resolver tuberculosis como gripe A. Según informaron familiares a este diario, la semana pasada el director del SPF, Alejandro Marambio, entregó en el Complejo de Ezeiza un equipo de cámaras gamma, capaz de detectar las temperaturas corporales y con ello presumir estados febriles que identifiquen la gripe. El equipo de gammas se colocó para recibir a las visitas, siguiendo el presunto criterio de la asepsia intramuros. “Pero se puso después de la requisa. Si los rechazan, igual los desnudaron para revisarlos antes.” Para completar el alerta profundo contra la gripe, Marambio hizo entrega de 40 termómetros.La ONG Grupo de Mujeres de la Argentina, Foro de VIH, Mujeres y Familia, denunció la semana pasada que en Ezeiza y Devoto “fueron realizados traslados a hospitales extramuros nueve casos sospechosos de haber contraído gripe A H1N1”.Por otro lado, la Asociación de Familiares de Detenidos (del SPF) declaró su preocupación por “el hacinamiento en la U2 de Devoto”; por “el frío, la ausencia de calefacción y agua caliente, vidrios rotos en las ventanas”; “falta de jabón para lavar las manos y elementos de higiene”; “utensilios de cocina compartidos”; barbijos para los penitenciarios y no para los presos. Además agregaron que en el CPF I de Ezeiza, “para visitar a nuestros familiares, desde la puerta de entrada a los módulos, hay centenares de metros, que siempre recorríamos en micros especiales. Como se rompieron y no los arreglaron, ahora nos llevan en los mismos camiones donde trasladan a los presos, sin ventilación y sin condiciones de higiene”.Marambio los recibirá hoy a las 11. Allí le preguntarán qué atención reciben los enfermos de HIV, las mujeres embarazadas, las madres con hijos menores de cinco años. Cuántos médicos y enfermeros hay recorriendo el sistema; cuántos infectólogos tiene el servicio. En fin, le preguntarán si las medidas sanitarias se profundizan o alcanza con entregar 40 termómetros.

Cien mil casos de gripe A en Argentina

La publicación de la cifra, resultado de una estimación sin confirmar, ha desencadenado una ola de pánico y las primeras tensiones en el gobiernoMarcela Valente. Buenos Aires / Sur.es
El nuevo ministro de Salud de Argentina, Juan Luis Manzur, estimó ayer en 100.000 el número de personas afectadas por la gripe A y desató una ola de pánico en el país sudamericano, donde se decretó un parón escolar de un mes para intentar frenar la epidemia. La presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, pidió «responsabilidad y prudencia» en la difusión de datos.
Hasta ahora, el ministerio sólo contaba unos 1.500 afectados. El número era el total de casos confirmados con análisis de laboratorio. En cuanto a los fallecidos, la cifra provisional está cerca de 50. Pero el nuevo ministro de Salud ha adoptado el criterio de inferir el verdadero número de contagios a partir de los confirmados.
Así, Manzur explicó que en lo que va de año hubo 320.000 casos de gripe estacional y estimó que sobre ese total se debe suponer que 100.000 son del nuevo virus. «Estamos infiriendo en base a datos epidemiológicos que nosotros tenemos. No hay 100.000 casos confirmados por laboratorio porque sería imposible», explicó.
Decisiones aplazadas. Estas declaraciones incrementaron el miedo entre la población y el malestar contra el gobierno de Fernández, que habría postergado decisiones clave en el manejo de la propagación para después de las elecciones legislativas que se celebraron el domingo pasado.
La antecesora de Manzur, Graciela Ocaña, había recomendado suspender los comicios para evitar aglomeraciones pero fue desoída. Además, la directora de la Organización Panamericana de la Salud, la argentina Mirta Roses, lamentó ayer que el pico de la epidemia haya coincidido con las elecciones. «Creo que una de las situaciones desafortunadas en Argentina ha sido una combinación que no recomendamos, que es que se mezclen pandemias con procesos electorales», dijo.

Efecto dominó. Un día después de la masiva concurrencia a las urnas, la ministra que recomendaba suspender el acto electoral presentó su dimisión y las autoridades de Salud de Buenos Aires y la provincia homónima declararon la emergencia sanitaria. Se dispensó a las embarazadas de asistir a sus empleos durante 15 días, se anticiparon las vacaciones judiciales y se liberó a empleados públicos con hijos menores de edad. Además se anunció la suspensión de clases en todos los centros educativos a partir del lunes 6.
La medida fue ampliada luego por municipios que decidieron adoptarla esta misma semana. Más aún, algunos dispusieron el cierre de locales de entretenimientos, espectáculos, gimnasios y centros de compras. Esa alternativa, que fue descartada por el gobierno nacional, podría ser adoptada a partir del lunes a tenor de la gravedad de la situación.

miércoles, 10 de junio de 2009

El brazo de los inmigrantes


He aprovechado la circunstancia de que esta noticia apareció en el mismo periódico, El País de Madrid en su versión digital, en el mismo día y con unas pocas horas de diferencia, para reproducirlas a las dos tal cual, variando lo que habitualmente hago, que es confrontar dos noticias que tengan una temática similar. Por cierto que, a la frialdad que caracteriza a las almas de este siglo, la repetición de una brutalidad como esta parece hacerle muchísima falta. ¿Será pionero El País en este tipo de llamadas de atención por partida doble?. Mariana Hernández Larguía.

Un inmigrante pierde un brazo y su patrón lo abandona en las cercanías del hospital
La Guardia Civil tuvo que acudir a la empresa para recuperar el miembro amputado
EVA BATALLA - Gandía - 10/06/2009
Una máquina de amasar segó el brazo izquierdo de Franns Rilles Melgar mientras trabajaba en una panificadora. Ese inmigrante boliviano, de 33 años, estaba sin contrato, y, por ello, sin cotizar a la Seguridad Social desde octubre de 2007. Así que los responsables del negocio lo subieron en un vehículo, lo llevaron hacia el hospital Francesc de Borja de Gandia y "lo abandonaron" a 200 metros de la puerta de acceso, según ha denunciado Comisiones Obreras. Además, antes de dejarle, le recomendaron que ocultara que había sufrido un accidente laboral.
Allí lo encontró una persona, que le acompañó al servicio de urgencias, desde donde fue trasladado al hospital Virgen del Consuelo de Valencia, lugar en el que se recupera. Debido a
la inconsistencia de su relato al llegar al centro sanitario, los médicos llamaron a la policía. Fue entonces cuando este inmigrante en situación irregular explicó lo sucedido. La Guardia Civil se desplazó hasta el lugar del accidente para recuperar el brazo seccionado por si era posible reimplantarlo, pero se desechó la idea ante el mal estado que presentaba.
Los hechos sucedieron el 28 de mayo, pero no fue hasta el martes pasado cuando el sindicato y la familia del trabajador decidieron hacerlo público y anunciar que CC OO se personará en el procedimiento abierto por la fiscalía por omisión de ayuda. El comportamiento del empresario "nos remueve el estómago", declaró el responsable del sindicato en la comarca de la Sabor, que también denunciará a la empresa por "delito contra el derecho de los trabajadores" ya que las condiciones laborales de los operarios de la empresa eran de "explotación pura y dura", con sueldos de 23 horas por jornadas de 12 horas.
El empresario ha negado todos los hechos -dice que paga entre 900 y 1.000 euros mensuales-, excepto que se el inmigrante se encontraba en situación ilegal y que no estaba dado de alta en la Seguridad Social.
Un inmigrante pierde un brazo y su patrón lo abandona en las cercanías del hospital

La Guardia Civil tuvo que acudir a la empresa para poder recuperar el miembro amputado. "Nunca imaginé que me pudieran hacer algo así", afirma Franns Rilles

JAIME PRATS / EVA BATALLA - Valencia / Gandía - 10/06/2009
"Esto no se lo perdono". Franns Rilles Melgar pronuncia frases cortas y en un tono muy bajo, cercano al susurro. Está cansado y aturdido. Apenas lleva 24 horas fuera de la UCI, donde ha estado ingresado después de que el 28 de mayo una máquina de amasar le segara el brazo izquierdo en la panificadora donde trabaja, en Real de Gandia (Valencia), desde octubre de 2007. "Nunca imaginé que pudiera hacer algo así, que fuera capaz de hacerlo", afirma Rilles, de origen boliviano y de 33 años. Los reproches van dirigidos hacia el jefe de su empresa, para quien fabricaba pan durante 12 horas al día a cambio de 23 euros diarios. Y quien tras el incidente lo subió en un vehículo hasta el hospital Francesc de Borja de Gandia y, según su relato, lo "abandonó" a 200 metros de la puerta de acceso después de lanzarle una advertencia:
-Si te preguntan, comenta que tuviste un acciente, pero no digas nada de la empresa.
En plena calle y con el hombro ensangrentado, una persona lo acompañó hasta la sala de urgencias del centro sanitario, donde, siguendo las instrucciones de su jefe, no aclaró la causa del incidente. Pero no pudo ocultarlo mucho tiempo. Debido a la inconsistencia de su relato, los médicos llamaron a la policía y entonces fue cuando explicó cómo había perdido el brazo y, sobre todo, dónde estaba. Esta información era vital para intentar recuperarlo y tratar de volver a implantárselo, la opción que se barajó al principio. La Guardia Civil se desplazó hasta el lugar del accidente para recuperarlo. Mientras, se condujo al paciente al hospital Virgen del Consuelo de Valencia por si había alguna posibilidad de reimplantarlo, pero se deshechó la idea al estar el miembro en muy mal estado: "Los dueños lo habían tirado a la basura y habían limpiado todo para no dejar restos" apunta su hermana Silvia.
Mientras, la empresa niega los hechos. Juan Rovira, propietario de la panificadora familiar en la que trabajan también sus hijos, asegura que el trabajador "miente" en el relato de los hechos. Molesto por la repercusión de la noticia, manifestó ayer a este diario que fue su hijo quien trasladó al empleado al hospital de Gandia, y que "le dejó en manos del personal de urgencias". Según su versión, su hijo sufrió "un ataque de nervios" y fue atendido en el mismo centro médico. Rovira asegura disponer del parte médico de urgencias que corrobora su versión, y que su abogado dispone de toda la información en su defensa. El empresario sí que admite, sin embargo, que el empleado "se encontraba ilegal" y carecía de contrato. Niega asimismo que percibiera 23 euros al día y que realizara jornadas de 12 horas como denuncia el trabajador y su familia. "Cobran entre 900 y mil euros al mes, y las jornadas son de 6 a diez horas", afirmaba ayer Rovira indignado por las acusaciones del trabajador y del sindicato CCOO.
Respecto a las circunstancias en las que se produjo el accidente laboral, Rovira asegura que Franns Rilles "se encontraba ebrio" en el momento de los hechos y "cayó en la máquina amasadora". El brazo, añade el empresario, según le relató su hijo que se encontraba en la fábrica cuando sucedió el accidente, "quedó en tan mal estado que decidieron meterlo en bolsas y tirarlo a la basura". No pensaron que fuera posible su recuperación para su posterior reimplantación, relata. Los responsables de la panadería industrial aseguran sentirse "tranquilos" y han buscado un abogado para su defensa en la causa.
Los hechos sucedieron el 28 de mayo, pero no fue hasta el martes pasado cuando el sindicato y
la familia del trabajador decidieron hacerlo público y anunciar que CC OO se personará en el procedimiento abierto por la fiscalía por omisión de ayuda. El comportamiento del empresario "nos remueve el estómago", declaró el responsable del sindicato en la comarca de la Sabor, que también denunciará a la empresa por "delito contra el derecho de los trabajadores" ya que las condiciones laborales de los operarios de la empresa eran de "explotación pura y dura", con sueldos de 23 horas por jornadas de 12 horas.
El empresario ha negado todos los hechos -dice que paga entre 900 y 1.000 euros mensuales-, excepto que se el inmigrante se encontraba en situación ilegal y que no estaba dado de alta en la Seguridad Social.

lunes, 25 de mayo de 2009

La justicia de los hombres


Hoy he comparado estas dos noticias aparecidas en el diario “El País” con algunos pocos días de diferencia. En una de ellas, el Juez decano de Barcelona José Manuel Regadera, denunciado por su mujer por presunta agresión, dimite de su cargo argumentando la pérdida de confianza de sus compañeros. En la otra mi tocaya, la guatemalteca Mercedes Hernández, dice que el fracaso del sistema judicial de su país es total, ya que de las 3.500 mujeres muertas sólo ha habido 13 condenas. Como verán, en el primer caso la justicia hace justicia consigo misma aunque no lo reconozca y en el segundo caso se podría decir que la justicia no hace justicia porque es una mas de las miles de mujeres que han perdido la vida en el marco de la violencia de género. Muy buenos días. Mariana Hernández Larguía.

Dimite el juez decano de Barcelona acusado de maltratar a su mujer

José Manuel Regadera asegura que el motivo de la renuncia es que sus compañeros han perdido la confianza en él

PERE RÍOS - Barcelona - 25/05/2009
El juez decano de Barcelona, José Manuel Regadera, ha dimitido hoy después de varias semanas de polémica por su imputación por malos tratos a su esposa el pasado 2 de abril. Regadera ha comunicado esta mañana su dimisión que ha justificado por el motivo "exclusivo" de que algunos compañeros han perdido la confianza en él.
"Siempre he tratado de representarles por igual con la máxima dignidad, la que se merece la Carrera Judicial", manifiesta en un comunicado del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña dirigido a los jueces. Regadera está acusado por malos tratos a su mujer en una discusión en la que él le reconoció la infidelidad.
Aquella noche, la pareja llegó a las manos y los mossos se presentaron en el domicilio de en Barcelona. Horas después, Regadera y su esposa de la que está en trámites de separación, acudieron a declarar al juzgado de violencia sobre la mujer. Allí, el juez les acusó de un delito de violencia doméstica y solicitó nueve meses de prisión para él y siete para ella. E l juicio se celebrará el próximo mes de septiembre en Barcelona.
Hasta ahora, Regadera había soportado las peticiones de dimisión, pero la semana pasada 18 jueces pidieron la renuncia porque consideraban que dañaba la imagen del colectivo. Más allá de esta petición, Regadera había perdido la confianza de la presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, María Eugenia Alegret, que pertenece como él a la conservadora y mayoritaria Asociación Profesional de la Magistratura (APM).
"La situación procesal del juez decano y la amplia trascendencia mediática comprometen gravemente su función representativa de los jueces de esta ciudad", afirmaban en una carta 18 de los 33 jueces de instrucción de Barcelona. Regadera ha considerado oportuno abandonar el
cargo tras recibir esta carta porque "pese a ser muy minoritaria la petición, es suficiente para renunciar a la representación de los jueces de Barcelona", según consta en otro documento remitido a los casi 200 jueces que ejercen en la demarcación barcelonesa.
El pasado 16 de abril, Regadera envió un correo electrónico a sus compañeros en el que pedía perdón. "Os pido a todos disculpas por no haber sabido evitar que cuestiones de mi vida privada tuvieran tan lamentable repercusión pública".

Entrevista con Mercedes Hernández
"El toque de queda era como vivir en una nave espacial"
LULA GÓMEZ 11/01/2008
Tiene 29 años y, según se sienta y pide un café reconoce que su vida no es normal; no, en España; sí, en Guatemala. Nació allí en los años de plena violencia y hoy se refugia en Madrid en medio de una huida permanente de la muerte, rumbo a la verdad. "Cuando huimos de nuestro pueblo pasamos a vivir a la capital en una caravana. Era la época del toque de queda pero los niños nunca nos dimos cuenta. Tampoco de que éramos pobres. Mi padre nos decía que estábamos en una nave espacial y que por eso no podíamos jugar en la calle".
Entre sorbo y sorbo de café -americano; los de aquí no le gustan: "No tienen el cuerpo, ni el gusto ni el aroma de los de mi tierra"-, Mercedes Hernández, de ojos, piel y chal color café, explica su entrega: "Mi madre es partera y yo la acompañaba siempre. Las comadronas en mi país tienen mucha incidencia: tocan aspectos muy íntimos de la mujer, inaccesibles para muchos". Así fue como, de casa en casa, fue conociendo la realidad de un país en un camino que la condujo a la Comisión de Derechos Humanos Hispano Guatemalteca, y al exilio.
Pero su primer recuerdo la lleva a los cuatro años y a la noche en que la guerrilla atacó su pueblo, Sacapulas, quemó sus casas y a su gente. "Al día siguiente entró el Ejército con más violencia y muerte, si cabe", explica dulcemente Mercedes Hernández.
"Aquella noche en que huimos, mi padre me salvó la vida. Me dijo que éramos caballos y que teníamos que salir muy despacito, gateando, callados y sin hacer ruido. Él me protegía con su cuerpo. Años más tarde me di cuenta de que las gotas que me caían en el cuello eran sus lágrimas". Sus padres, campesinos, se salvaron y siguen viviendo en Guatemala. Hoy y entonces se han dedicado siempre a trabajos comunitarios. Y ella vive desde 2006 en Madrid: está amenazada de muerte. ¿Su delito? Defender los derechos humanos.
Hernández, como por contagio de la labor de sus progenitores, se dedica a defender los derechos de los más marginados. A los 27 tuvo que abandonar su país: su denuncia del feminicidio que vive Guatemala (3.500 mujeres muertas en los últimos cinco años en la más absoluta impunidad) le ha valido varias amenazas de muerte. Aquí también le llegan. Siempre anónimas, al móvil.
En el segundo café, la mirada de esta mujer de semblante sonriente se endurece: vuelve a los datos y a la lucha que mantiene por las mujeres. "Nuestra batalla ahora es que el Gobierno apruebe la ley contra el feminicidio. El fracaso del sistema judicial guatemalteco es total. De las 3.500 mujeres muertas sólo ha habido 13 condenas", afirma al tiempo que juega con el
sobre de sacarina, un dulce que toma por solidaridad con su padre y un ex novio, diabéticos ambos, dos referentes en su vida que le demuestran que no todos los hombres de su país son machistas. Son pequeños detalles que le mantienen unida a ellos, explica, como el chal que tejió su madre antes de que partiera y que se pone siempre que habla en público.
"Son símbolos y a mí me sirven tanto como contar mi historia; porque cada vez que se denuncia el peligro que corremos los que defendemos los derechos humanos en Guatemala, cada vez que contamos nuestra situación, se enciende una luz en un callejón a oscuras".

sábado, 16 de mayo de 2009

La azafata mala y el pirata honrado


Aunque está publicado en varios medios en la red, este artículo lo recibí en un correo que me envió mi compañera la Gringa Echegoy. Normalmente confronto dos noticias, pero hoy voy a comparar una noticia, la de la confesión de la azafata de la muerte, con una canción de José Goytisolo, cantada por un Varón para la vida. Linkeo la canción y transcribo la nota. Buenas y santas. Mariana Hernández Larguía

http://www.youtube.com/watch?v=xU-qpm5ddms&feature=player_embedded

La confesión de la "azafata" de los "vuelos de la muerte"

Lunes 11 de mayo de 2009.

Una psiquiatra relató ante colegas que en la dictadura dopaba a víctimas de la represión antes de ser arrojadas al Río de la Plata. Hace más de tres años, durante una reunión con su grupo de trabajo y reflexión, la psiquiatra Silvia María Patera ya no pudo soportar el peso de su pasado, y se quebró: confesó con pesadumbre que fue obligada por sus superiores a inyectar clorato de potasio (una sustancia adormecedora que afecta el sistema nervioso central) a detenidos clandestinos, que participó en vuelos de la muerte y que, según se sabría más tarde, fue partera de embarazadas secuestradas en nacimientos clandestinos. Sus colegas y ocasionales testigos de esa noche, se quedaron impávidos ante lo que oían.
Ella acababa de relatar por segunda vez en 30 años de profesión sus difíciles inicios: su trabajo –desde febrero de 1976 hasta el fin de la dictadura– como enfermera en el Hospital Militar Central, y las cosas que allí había visto y vivido.
Seis meses después, y tras varios cruces con sus ex compañeros que querían aquietar lo oído, Osvaldo Hugo Cucagna –quien, paradójicamente, era el único que ya no estaba cuando Patera tomó la palabra– prestó declaración contando los hechos ante el Juzgado Federal 3, de Daniel Rafecas, que instruye la megacausa del Primer Cuerpo de Ejército.
Por criterios netamente procesales el juzgado no profundizó la pista: las dos líneas de investigación que se sigue apuntan a la reconstrucción de responsabilidades por cadena de mando y/o Centro Clandestino. La denuncia sobre la psiquiatra, sin militares involucrados y aislada de los circuitos represivos, no tiene todavía suficiente peso como para abrir otra línea de investigación sobre el Hospital Militar Central, donde no se han comprobado judicialmente el paso de detenidos ilegales ni partos clandestinos. Por otro lado, las fuentes judiciales deslizaron que su propia confesión no es una evidencia sólida para incriminarla. La declaración de Cucagna fue remitida al juzgado de San Martín que investiga la función del Hospital Militar de Campo de Mayo como maternidad clandestina.
El miércoles pasado en el Juicio por la Verdad de La Plata, el denunciante volvió a ventilar los detalles de esa distendida tertulia cuyas consecuencias para sus protagonistas son aún impredecibles. Hoy, por primera vez, los difunde Miradas al Sur.
Confesión nocturna. Osvaldo Hugo Cucagna es docente de la cátedra de Derechos Humanos de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, miembro de la red No a la Trata y del Centro de investigación de Medios de Comunicación y Semiología de la Vida Cotidiana (Ceims).
Durante la noche del 5 de abril de 2006 se reunieron ocho integrantes del Ceims en la casa de Noemí Focsaner, entre los que había tres psiquiatras, cuatro psicólogos y una licenciada en comunicación, para hacer un racconto íntimo de la huella que había dejado en sus subjetividades el Terrorismo de Estado. Había un motivo especial para hacerlo: visitaba a la dueña de casa una estudiante de cine francoamericana, Gabriella Kessler, que estaba en el país haciendo un reportaje sobre los 30 años del golpe de Estado para su tesis doctoral, y pidió filmar la reunión, sin sospechar que el fin de la noche deparaba un abrupto viaje al pasado.
No sólo que todos los presentes estuvieron de acuerdo en que se registrara, sino que al retirarse firmaron una autorización para que la película pudiera ser exhibida, inclusive la ex enfermera. Uno a uno, comenzaron a exponer sobre el tema. Después de haberlo hecho, Cucagna se retiró a su casa. El reloj marcaba las 23.30.
A la mañana siguiente, María de los Ángeles López Geist, una de sus compañeras, lo llamó por “desesperada”, para contarle el epílogo inaudito de la velada que había sido para él casi una terapia de grupo.
Era la segunda vez que Patera lo confesaba. La primera había sido en una reunión de psicodrama de Apsa (Asociación de Psiquiátras Argentinos), aunque para el auditorio, según Cucagna, “fue como si escuchara la lluvia caer”.
La joven cineasta volvió a Europa con el material, no sin antes dejar tres copias del DVD. Imagen y sonido impecables. Según cuenta Osvaldo, los depositarios fueron Carlos Repetto, María de los Ángeles López Geist y la comunicadora Paula Morell. Con el tiempo, se convertirían en sus custodios más celosos.
El Grupo de los Siete. Las revelaciones de Patera causaron gran conmoción al interior del selecto clan confesor. Durante los primeros días, circularon entre sus azorados miembros con cierto afán, y hasta apoyaron la idea de hacer la denuncia. “Cinco de de los seis que estaban me confirmaron que eran ciertas”, dice Cucagna. Pero pronto afloraron las diferencias internas acerca de cómo proceder con información tan delicada, y el ímpetu inicial se estancó. Casi todos eligieron callar, considerarlas un desvarío que emanaba de una psiquis atribulada. Fue el caso de Carlos Repetto, actual presidente del Capítulo de Medios y Vida Cotidiana de Apsa y director de la revista del Ceims, Sujeto mediático. “Insistía con que estaba desvariando”, agrega el denunciante.
“Les pedí que me mostraran ese video, pero no quisieron –evoca Cucagna–. Un día me llama María de los Ángeles para decirme que yo tengo derecho a ver el DVD y que me lo va a prestar. Cuando llegó me dice ‘no puedo, porque si te doy el DVD tengo que romper con ellos’, y no me lo entregó.”
Pese a todo, se resistía a adoptar la tesis autocomplaciente del simple exabrupto. Hizo la denuncia el 19 de octubre de 2006 en el Juzgado de Rafecas reproduciendo las confidencias de la ex enfermera, tal como se las habían contado. Se contactó con Kessler para que le enviara el original desde Londres. Lo hizo dos veces: una vez llegó roto, y la otra, sin sonido. Y contrató una joven hipoacúsica. “Con un trabajo muy paciente de lectura de labios, se pudieron decodificar fragmentos, y entre las cosas que larga dice que la llevaban a hacer partos a la cárcel.”
El rol del Hospital Militar durante los años de plomo es un terreno aún poco explorado por los organismos de derechos humanos y los investigadores judiciales. Horacio Schiavo, jefe de la Maternidad del Hospital Militar Central durante la dictadura, testimonió en el juicio oral al ex gendarme Víctor Rei –en el que fue condenado a 16 años de prisión– que “cualquiera puede hacer un certificado (de nacimiento)… Lo firma uno, después se rompe y lo firma otro”. Tanto este caso de Alejandro Sandoval Fontana, como en el de otras dos nietas restituidas, Claudia Poblete y Eugenia Sampallo, las partidas de nacimiento falsas fueron firmadas por Julio César Cáceres Monié, el fallecido jefe de Cardiología del hospital.
El silencio es salud. El viernes por la tarde Miradas al Sur se comunicó telefónicamente con Patera para darle la posibilidad de dar su versión. Aunque se excusó, algo alterada, en que tenía “absolutamente prohibido hacer declaraciones sobre el tema”, alcanzó a negarlo. Aquí, lo más sustancial del diálogo:
–Quería conocer su versión acerca de la denuncia que se conoció públicamente la semana pasada durante el juicio…
–De eso no voy a hablar. Esa información es una injuria contra mí. Todo es mentira. No tengo nada que ver con esos hechos que se dicen.
–Por eso quería hablar con usted, para que me diera su versión de los hechos.
–¿Y vos te atrevés a publicar una opinión con información que no es fidedigna?
–No es mi opinión, hay una denuncia judicial que la involucra…
–Ahora voy a colgar– dijo, antes de pedir que no volvieran a llamarla.
Por si la denuncia judicial de Cucagna ante el Juzgado Federal y la Cámara de La Plata, la entrevista periodística realizada posteriormente, las imágenes mudas de la reunión en las que se ve a Patera y su posterior lectura de labios y parcial decodificación por una hipoacúsica, no hubieran sido pruebas suficientes, este diario quiso chequear la información con una fuente más. Existía un cuarto DVD con el homenaje que psicólogos y psiquiatras iban a rendirle esa noche a las tres décadas de democracia. Era la filmación original, la de Gabriella Kessler, aquella por la que –luego de dos envíos truncos– Cucagna se había dado por vencido.
Valía la pena un nuevo intento, al menos por una consulta. El correo electrónico a Londres, donde reside Kessler, pedía la confirmación acerca del contenido del registro. Es decir, si esa inesperada confesión que una furiosa Silvia Patera hoy desmiente, que sus antiguos colegas silenciaron por cobardía o corporativismo, es real: si contó esa noche haber inyectado clorato de potasio a los desaparecidos, o haber participado en los vuelos de la muerte. Y Gabriella, la novena presencia en la casa durante la noche del 5 de abril, dispuesta a quebrar los códigos de silencio, contestó.
Textual, su respuesta dice: “Puedo confirmar que en abril 2006, la doctora Silvia Patera dijo estas cosas sobre su pasado y que grabé esta conversación”. Más adelante pide perdón por su castellano: “Olvidé mucho desde mi tiempo en Buenos Aires. ¡Espero que se entiende todo!”. Perfectamente, Kessler. Claro como el agua.
Por Laureano Barrera

domingo, 3 de mayo de 2009

La pérdida de la hipocresía


Una nota a la ganadora del reciente premio Clarín de novela con su libro "Perder", Raquel Robles, donde tilda de hipócrita a la ley de minoridad (también un link donde podemos ver un reportaje a dicha autora) y un texto de Roberto Gargarella que me envió mi amiga Lilian Echegoy, donde se explica cómo se exige mayor violencia de estado en nombre de lo que erróneamente se considera voluntad mayoritaria y democrática, es decir, otra hipocresía mas. Hipocresía, mucha hipocresía. Una la leí en el diario Clarín de Buenos Aires, la otra, como he dicho, la recibí en mi correo electrónico. Mariana Hernández Larguía

http://www.clarin.com/shared/v8.1/swf/fullscreen_video.html?archivo=http://contenidos2.clarin.com/2009/05/02/raquel.flv

Raquel Robles: "A nuestros niños les falta infancia"

La autora de "Perder", ganadora del premio Clarín de Novela, tilda de hipócrita la discusión por la Ley de Minoridad. "Tratarlos a los chicos como adultos sólo traerá problemas" dice la escritora, quien también dirige un instituto de menores en esta ciudad.

Por: Horacio Bilbao.
En su libro Perder, Raquel Robles cuenta la historia de un duelo. El de una madre que perdió a su hijo en un accidente. Sabe bien lo que es perder. Sus padres son desaparecidos de la última dictadura militar. Y usa la literatura para sobrevivir y también para intervenir en la realidad. Es una de las fundadoras de HIJOS, y trabaja con menores. Sin descanso, pasó por la redacción de Ñ en la Feria, donde mantuvo esta breve entrevista.

¿Cómo estás viendo el debate, el revuelo por la nueva Ley de Minoridad?
Se ha vuelto una discusión hipócrita. Suponer que bajar la edad de imputabilidad nos va a dar una solución me parece una tontería total. Es muy peligroso no asumir la posibilidad adulta de educar a esos chicos y pedir penas para ellos, que se vayan a vivir a otro lado o pedir que los maten.
¿Y qué se puede hacer?
Es bueno que el Estado reaccione cuando hay una transgresión a la ley. Tiene que reaccionar. Pero un niño no puede absorber una sanción como un adulto, no la puede subjetivar, no tiene la capacidad evolutiva para hacerla propia.
¿Qué análisis de situación hacés desde tu trabajo con menores?
En el instituto de menores vemos que no hay más chicos delinquiendo que antes. Todo lo contrario, el número se redujo a la mitad que en 2005.
Yendo a tu novela, ¿qué devolución te hacen los lectores?
No he tenido devoluciones literarias, sí desde la experiencia de la gente. Cuando uno escribe un libro tiene la expectativa o la ilusión de meterse en la intimidad del otro. Cuando leemos estamos en presencia de una voz interior.
¿Y qué les dice esa voz interior a los lectores, cuál es el mensaje?
La vida misma te va envolviendo y va haciendo que llegues a la otra orilla, aunque no quieras. Cuando vivimos momentos duros, saber que en algún momento va a pasar, no sirve de mucho. Pero hay que tener esa certeza, la vida siempre se va a colar con otros personajes, con otros afectos. Nos van a querer igual aunque nosotros no queramos a nadie. Y eso es bueno saberlo.

Hoy se exige mayor violencia del Estado en nombre de lo que se considera la voluntad mayoritaria y democrática. Pero tomar en serio lo que quiere "la gente" no debería llevar a dar autoridad a los reclamos de sus repentinos voceros o profetas.

Por: Roberto Gargarella Fuente
El populismo penal es un virus especialmente nocivo que recorre la Argentina de un extremo al otro, recurrentemente, cada vez que algún hecho criminal logra capturar la indignación colectiva. El populismo penal tiene una receta y una respuesta habituales frente al crimen -mayor violencia estatal- pero con una novedad llamativa: reclama dicha violencia en nombre de la voluntad mayoritaria. Se trata, por tanto, de un movimiento que promueve un Estado más duro, en nombre de la democracia: "la gente lo pide" -se nos dice-, o también: "hay un clamor popular que exige terminar con esto."Ocultos detrás de lo que se presenta como el sentir democrático de la sociedad, los defensores del endurecimiento penal consiguen así un doble objetivo. Por un lado, ellos se resguardan frente a las críticas dirigidas contra sus propuestas (como si ellos no fueran quienes exigen mayor violencia estatal, sino sólo los voceros de un reclamo colectivo). Por otro lado, dotan a sus polémicas exigencias de un halo de irreprochabilidad, frente a las voces de sus opositores: nadie se siente cómodo hablando en contra de (lo que se presenta como) las demandas democráticas de la comunidad. Los argumentos que uno podría dar contra las propuestas del populismo penal son numerosos (su reduccionismo, su simplismo, la probada inutilidad e ineficiencia de sus políticas, su moralidad dudosa, su pobre entendimiento de la naturaleza humana, su falta de humanismo), pero no es necesario, a esta altura, poner el foco sobre el contenido de dicho programa. Interesa por el momento algo previo, como lo es cuestionar las pretensiones democráticas del populismo penal -la idea según la cual existe una conexión íntima entre el populismo penal y el "sentir de la gente."Conviene hacer referencia al menos a tres cuestiones. En primer lugar, quienes reivindicamos la idea de un derecho penal más democrático no tenemos que aceptar la idea según la cual quienes están mejor situados para decir qué respuesta corresponde dar, frente a un crimen, son las víctimas o sus allegados. Conviene enfatizar este punto dada la frecuencia con que, después de un crimen, las cámaras de televisión ponen sus focos sobre el dolor de quienes han sido agredidos, mostrándolas como las voces más auténticas -y así, más auténticamente representativas- de la comunidad. Para no dar lugar a confusiones: es muy importante cuidar, proteger, amparar a las víctimas, darles contención, trabajar para reparar las (a veces irreparables) pérdidas que han sufrido. Sin embargo, ese máximo respeto no requiere ni implica convertir a aquellas en lo que no son, es decir en autoridades en materia penal. Más bien lo contrario: es difícil que pueda surgir una norma justa desde la (entendible) indignación que genera el crimen sobre quienes lo sufren desde más cerca. En segundo lugar, a quienes dicen que hay que adoptar penas extremas (como la pena de muerte o la reclusión por tiempo indeterminado) argumentando que eso es lo que reclama -democráticamente- la sociedad, corresponde preguntarles qué es lo que entienden por democracia. Por supuesto, una manifestación en contra (o a favor) de la inseguridad puede ser una legítima expresión popular, pero no es lo mismo conocer las legítimas demandas de un grupo de personas en la calle, que reconocer la voluntad del pueblo o de la mayoría del pueblo.Asimismo, tampoco merece llamarse "voluntad democrática del pueblo" al mero resultado de alguna encuesta (una encuesta puede tener sentido para un empresario interesado en vender más jabones o autos, pero no para definir criterios sobre lo que es justo). La decisión democrática es algo diferente a todo ello -algo que se vincula finalmente con el sufragio, y que exige información plural, discusión e intercambio de ideas entre quienes piensan distinto sobre el tema en disputa.Finalmente, y lo que es más importante. En países como el nuestro, tan marcados por la pobreza, la desigualdad y la permanente injusticia social, existen millones de voces que se encuentran marginadas de la comunidad y que son, no casualmente, las que más directamente sufren la violencia estatal. Por ello, resulta simplista e irrespetuoso sugerir que el sufriente testimonio de un puñado de personas, en la radio o frente a las cámaras de televisión, sintetiza los reclamos de las millones de voces silenciadas que existen en el país. Uno de los principales dramas de la Argentina contemporánea tiene que ver, justamente, con la negación de la palabra a secciones enteras de la comunidad. Tomar en serio lo que quiere "la gente," en materia penal por ejemplo, debiera llevarnos a recuperar -con urgencia- las voces no escuchadas y silenciadas, antes que a dar autoridad a los reclamos de sus repentinos voceros o profetas.