miércoles, 25 de enero de 2012

Matar a los padres


El femicidio como abuso del capitalismo
En el libro "Eros, familia y cambios sistémicos", Jorge L. Brodsky recupera sin piedad las pruebas más incómodas de que la familia es un producto histórico. "Terminar con el modelo patriarcal de familia (sea la pareja homosexual o heterosexual), es la única salida para el género humano", asegura en esta entrevista.
El historiador Jorge L. Brodsky estudia en Eros, familia y cambios sistémicos. Crítica a la negación de la crisis familiar (Biblos), las diversas formas de la declinación paterna en el mundo contemporáneo, susceptibles de ser saldadas por una teoría revolucionaria de la familia y la sexualidad que destila un optimismo casi inédito en estos tiempos oscuros. Esta es la conversación con Ñ digital.

-¿Qué es lo que usted piensa hay más allá del patriarcado? ¿Está hablando de un formato familiar, de erotismo o de convivencia?
-En principio, no hay un solo formato histórico de patriarcado, sino varios. El pater familias romano tenía una potestad superior que la que tenía el padre de la unidad doméstica de la polis griega clásica, quien estaba condicionado aún por la organización gentilicia y por un marco jurídico que no contemplaba a la familia como la unidad básica de la sociedad. En términos históricos, la autoridad patriarcal se fue atenuando o acentuando, según la época y el lugar. Por eso, el análisis de la familia no puede ni debe abstraerse de las coordenadas témporo-espaciales, en primer término, ni debería dejar de atender la situación de las diversas clases de la sociedad, como un segundo aspecto metodológico.

La demografía histórica se encargó de demostrar que hubo momentos en que bajo la forma patriarcal, la mujer jugó un papel más relevante dentro de la familia, como sucedió en los hogares semicampesinos de la sociedad protoindustrial inglesa, y otros en los que fue relegada y claramente silenciada, como señalaba Engels que acaecía al interior de las familias burguesas a fines del siglo XIX.

En líneas generales, el patriarcado es un sistema que privilegia el derecho a hacer o deshacer, como más le plazca al padre, en el seno de la unidad doméstica. Sin embargo, no es el único formato de familia que haya existido en la historia humana: hay constancias etnográficas de que no sólo hubo, sino que aún hoy hay sociedades matriarcales. Esas sociedades de derecho materno son una herencia histórica de formas pretéritas de organización social, y de no mediar un proceso de superación de la civilización que ha forjado el capitalismo, es lógico que tiendan a desparecer. Pero también cabe la posibilidad de que el capitalismo, como sistema de organización social, se hunda inmerso en sus propias contradicciones y que, atravesado por la lucha de clases, se genere un proceso en donde la mujer –que ha luchado denodadamente durante siglos, en forma más abierta o solapada, según las circunstancias, por superar esta opresión– pueda jugar un papel protagónico en la construcción de una nueva organización social, con una lógica completamente apartada del individualismo propia del capitalismo.

Es un hecho incontestable que el patriarcado no se impuso como forma rectora de organización familiar sin mediar resistencia por parte de las mujeres. Las mujeres nunca han dejado de luchar contra la opresión por parte de los hombres. Esto se ve con mucha claridad en el fenómeno inquisitorial de la quema de brujas, es decir, en el tormento a aquellas mujeres que transgredían o interpelaban el dominio absoluto de una institución claramente dominada por los hombres como es la iglesia. En cuanto a las diversas formas de erotismo y de convivencia, debemos señalar que están empapadas de historia porque en definitiva, qué otra cosa es el erotismo y los distintos modos de convivencia sino el contenido relacional con que se estructura el sujeto en el seno de la unidad doméstica y en la sociedad. En este aspecto, el tema de los valores promovidos por una u otra clase social en pugna, es decir, por clases conscientes de su interés histórico, juega un papel mayúsculo.

-Suele decirse que el patriarcado (o las formas clásicas de la autoridad) están declinando de manera notoria.
-El retroceso del patriarcado en la sociedad burguesa va de la mano de la descomposición del sistema capitalista en esta etapa conocida como globalización. Las formas clásicas de autoridad declinan por su incapacidad de conducir al cuerpo social hacia una salida satisfactoria, ya sea en el plano material, económico, moral o afectivo. Y cuando la sociedad –y la familia– no ven una salida, se desenvuelven y enfrentan, por así decirlo, dos fuerzas: el miedo patológico, por un lado, que por su propia naturaleza es irracional, y la razón que descansa en la conciencia política. Si el miedo se adueña de la subjetividad de las masas, se activa la xenofobia, el racismo, el sexismo y todos los “ismos” que arrían la bandera de la condición humana. El ser humano tiene capacidad, a través de la razón, de planificar los cambios, y a través de la revolución, de concretarlos. Este camino alternativo puede reconducir al hombre a su condición de ser genérico, es decir, de sujeto que prescinde de la competencia como requisito básico de supervivencia, tanto en la sociedad como en el seno de la familia.

La hipótesis general de mi libro es de orden metodológico: la familia acompaña, promueve y sufre las crisis sistémicas, es incompleto y fallido cualquier análisis de esta unidad social en el cual se haga abstracción de la lucha entre las clases. El impacto de la crisis mundial sobre la familia, en lo que a mí respecta, vuelve obvia la superioridad de este abordaje metodológico. Las consecuencias del derrumbe europeo van a ser demoledoras para las familias del viejo continente, pero al mismo tiempo van a activar las condiciones para el desenvolvimiento de una situación prerrevolucionaria allí.

-La familia burguesa, ¿corre el riesgo de confundirse con el átomo de parentesco que formalizó Lévi-Strauss?
-En la familia burguesa el tío materno no juega el papel que Lévi-Strauss le adjudica al hermano de la madre en las sociedades etnográficas. En estas sociedades, el hermano accedería a entregar a su hermana para favorecer el intercambio y la circulación de las mujeres, dando lugar a la prohibición de relaciones entre hermanos, que pasarían a ser consideradas incestuosas. Se supone que en la sociedad contemporánea, la mujer se casa con el hombre por correspondencia afectiva y no por la cesión de la hembra por parte de ningún hombre de su núcleo familiar primario. En todo caso, el patriarcado burgués le permitiría al padre, forzando la situación y en determinadas circunstancias en las cuales éste pudiese hacer valer su patrimonio (pero esto por fuera de lo que contempla la norma burguesa, que respalda en los papeles al eros romántico), imponer las reglas para la alianza conyugal. El hermano de la novia no juega acá ningún papel. Es decir que la llamada relación avuncular pierde el peso que Lévi-Strauss le atribuye tener (en las sociedades etnográficas). Se trata de situaciones y vínculos completamente diferentes, no son lo mismo ni hay lugar para la confusión.

El error metodológico del estructuralismo, desde mi punto de vista, es que aborda a la familia como una organización social cuya identidad en todas las culturas y sociedades estaría dada por una estructura elemental o átomo de parentesco, cuya reproducción quedaría garantizada por el tabú del incesto. La visión estructuralista pierde de vista la dinámica familiar y el recorrido de los cambios sistémicos, que son lo esencial, porque esos conflictos en su desarrollo permiten entender el tipo de relaciones que se cocinan al interior de la unidad doméstica (erotismo y modos de convivencia incluidos); cómo se van modificando y cómo se van estructurando en una axiología que al tiempo vuelve a ser interpelada.

-Su trabajo, ¿es deudor en alguna medida de la antipsiquiatría inglesa que representaron, entre otros, Ronald Laing y David Cooper?
-Mi formación es histórica, pero es evidente que la lectura de La muerte de la familia, de David Cooper, me abrió la visión de las cosas. Tiene una mirada border, que oscila entre la proclama libertaria y el informe científico, y si bien no comparto plenamente muchas de sus afirmaciones, me seduce. Soy un convencido de que las ciencias sociales deben ser puestas al servicio del elevamiento moral del género humano, en función de rescatar su salud mental, y esto sólo se consigue apostando a la victoria de Eros sobre la pulsión de muerte, el belicismo, el narcotráfico, la pedofilia, la violencia doméstica. Las ciencias sociales no pueden estar al margen del destino de la humanidad. Es necesaria una revolución social, y las ciencias sociales tienen que hacer su aporte. Justamente, el gran aporte de la ciencia fue su apego a la verdad, en confrontación con el dogmatismo y la verdad revelada. La verdad es revolucionaria, ataca los intereses consolidados en una ideología del miedo, la fobia, el odio irracional.
Rosa Luxemburgo lo sintetizó hace un siglo con el dilema Socialismo o barbarie. Hoy tiene plena vigencia

-Algo más coyuntural pero relacionado en parte a su libro. ¿Cómo pensar esta ola de femicidios, violaciones, asesinatos a niños, niñas, al interior de la familia burguesa contemporánea?
-El psicoanálisis tuvo un desarrollo impresionante en la Viena de los años previos a la Gran Guerra. Viena era la capital del imperio austro-húngaro, donde se encendió la chispa que llevó a la conflagración mundial. Las enfermedades de orden psíquico atestaban los consultorios, pero el mundo se encaminaba hacia una masacre, un genocidio de tal magnitud que no tenía precedentes históricos. Uno y otro aspecto están íntimamente vinculados. Las sociopatías, psicopatías y esas manifestaciones de morbidez social no son otra cosa que la expresión de una sociedad que ha llevado sus contradicciones a un punto tal que ya es imposible desandar el camino sin apostar por un cambio social de conjunto. Las formas más primitivas aparecen reaccionando frente a lo que surge como una amenaza. El “mundo externo” es una amenaza, pero en realidad, el monstruo se ha adueñado del individuo que se siente amenazado. ¿En qué consiste la amenaza? Muchas veces el límite es la amenaza. La presencia del otro agobia. Pero las relaciones interpersonales son la argamasa de la sociedad, y el hombre, por constitución antropológica, es un ser social. Allí hay una contradicción, que deberá resolverse a favor de Eros o Tanatos.

Las relaciones humanas están viciadas por el individualismo, la competencia, el culto al dinero, que no es, en definitiva, otra cosa que un fetiche que oculta la explotación del trabajo ajeno. Baste recordar los campos de concentración nazis o de la dictadura militar argentina, los “daños colaterales” de las fuerzas de la OTAN en Yugoslavia, las torturas en las cárceles de Guantánamo, los abusos sexuales de los curas y de las fuerzas de “paz” de la ONU, para entender que la apropiación de los cuerpos de las mujeres y de los niños es un simple reflejo de un sistema que está históricamente agotado y que retrocede a formas de explotación pretéritas, subsumidas dentro del modo de producción capitalista: la esclavitud, la servidumbre, el derecho de vida y muerte que el pater familias tenía sobre el resto de los miembros de la familia. El capitalismo es el problema. Terminar con la lógica del capitalismo, con su modelo patriarcal de familia (más allá de que la familia esté constituida por una pareja homosexual o heterosexual), es la única salida para el género humano.

domingo, 8 de enero de 2012

Todos los fuegos el fuego


“Las mujeres no tenemos que callar nunca más”

Carolina Morales denunció que su pareja, ex titular del INADI de La Rioja, le prendió fuego. Está embarazada y se anima a hablar.

JULO AIUB MORALES - 08/01/12

Carolina Morales tiene gran parte de su cuerpo quemado. Dice que no sabe por qué el 17 de octubre pasado Marcelo Lucero, su pareja y ex delegado del INADI en esta provincia, la golpeó y terminó quemándola con alcohol.
En el instituto del Quemado de San Juan le dieron permiso unos días para volver a La Rioja y ver a sus hijos. Pero el calor de aquí conspira contra su piel quemada, por eso la charla con Clarín se realiza con aire acondicionado.
Carolina es alta y delgada. Está embarazada de 9 meses y no puede evitar las lágrimas al recordar que Lucero “me echaba la culpa de todo” lo que le pasaba. Dice que al comienzo de la relación -a fines del 2006- “no era violento, pero después me pegaba siempre”.
Ese día, cuenta, él había vuelto de viaje y se había ido a jugar al vóley: “Cuando llegó, me mandó a la cocina mientras me golpeaba, no sé por qué. Hasta que agarró un frasco de alcohol y me roció. Yo le rogué que no me quemara”. Desesperada, afirma, le recordó que estaba embarazada de Alma, la segunda hija de la pareja y que también estaba mirando su pequeño Martiniano, de un año y medio.
“Pero él igual me prendió fuego y yo grité y corrí para el baño. Le pedí que llamara a una ambulancia, le grité a la casera, pero nunca hizo nada. Después llegó una ambulancia, creo que la pidió él, y me llevaron al hospital”, cuenta.
Allí, ante la gravedad de las lesiones, la internaron en terapia intensiva. Al principio, ella dijo que todo fue un accidente, “como él me había dicho que dijera, porque si no me iba a matar”.
Pero los médicos sospecharon y mientras gestionaban el traslado de Carolina a San Juan, dieron parte a la policía. “El vino un par de veces a verme, pero nunca le avisó a mi familia y mis padres se enteraron el día que me estaban llevando a San Juan”, afirma. Lucero fue detenido el 23 de octubre.
A la mujer le cuesta detallar sus lesiones, pero tiene las manos y brazos quemados, también el cuello, el pecho, el vientre y parte de las piernas: “No me gusta verme así, con todo mi cuerpo arruinado”. En San Juan, luego del nacimiento de Alma, comenzarán a hacerle trasplantes de piel por zona. Ya le adelantaron que el proceso de recuperación será muy largo.
Por suerte, se consuela, “la beba está bien”. Además de Martiniano, el hijo que tuvo con el ex funcionario, Carolina ya tenía otros dos nenes de una pareja anterior.
“Cuando lo conocí, yo trabajaba en Casa de Gobierno y él me pidió que dejara de trabajar porque me exponía a los comentarios porque no estábamos casados, pero siempre vivimos juntos. Estuvimos en tres casas, en dos de las cuales vivíamos hacinados porque funcionaban allí las oficinas del INADI, su búnker político”. Lucero fue candidato a gobernador, en mayo del año pasado, por el sector del partido Socialista que está en el gobierno kirchnerista.
Ahora que Lucero fue procesado y continúa detenido, dice que se siente “un poco más tranquila. Confío en mi abogado y en la Justicia”, dice.
Y da un consejo: “Las mujeres no tenemos que callar nunca más. Ante situaciones como la mía hay que ser consiente de la vida. Yo expuse la mía y estas son las consecuencias”.

lunes, 19 de diciembre de 2011

...y a porrazos las mujeres...


Aprendieron un oficio y lograron huir de los golpes
POR SIBILA CAMPS
Son mujeres víctimas de la violencia doméstica que se capacitan en manicuría y panadería, en la Casa Juana Manso y el Hogar Sol Naciente. La ayuda es clave para alejarse de los hombres que las golpean.

19/12/11

BASTA. PARA SALIR DEL CÍRCULO VICIOSO QUE MUCHAS VECES ES UNA RELACIÓN VIOLENTA, LAS MUJERES NECESITAN DE RECURSOS ECONÓMICOS. Y LA CAPACITACIÓN LES DA LA POSIBILIDAD DE BUSCAR UN TRABAJO.

Hace dos años, por escapar de la violencia doméstica, Judith (32), embarazada de tres meses, vivía en la calle. Ahora, tras haber realizado varios talleres en el hogar de la Ciudad, donde vive, ya está ganando sus primeros pesos como manicura, y hace planes para compartir un departamento con su nena y con otras amigas.
Muchas mujeres que sufren violencia continúan soportándola –en especial cuando tienen hijos–, porque dependen económicamente del agresor, o porque el único recurso para cortar con el maltrato es alejarse del hogar y quedarse en la calle. Son muy escasos los refugios y albergues para cobijarlas; y casi no existen iniciativas que apunten a resolver su futuro laboral.
“Hay muy poco hecho sobre el después”, comenta Sabrina Landoni, a cargo del programa de violencia contra las mujeres de la Fundación Avon. La institución, que viene desarrollando una ingeniosa e intensa actividad contra la violencia de género, se ha focalizado también en un programa integral de reinserción laboral de las víctimas , que lleva adelante en la Casa Juana Manso, de la Dirección Nacional de la Mujer de la Ciudad. Otra experiencia alentadora en el mismo sentido es la del Hogar Sol Naciente.
Algunas mujeres, por hallarse en altísimo riesgo, antes de llegar a la Casa Juana Manso estuvieron viviendo en un refugio cerrado. Otras fueron derivadas directamente desde alguno de los seis Centros Integrales de la Mujer a este hogar de medio camino, de puertas abiertas, donde equipos de psicólogas, abogados y trabajadoras sociales se esfuerzan para, como dice la asesora Daniela Reich, “soltarles la mano y que puedan andar solas”.
La gran mayoría tiene entre 25 y 35 años, secundario completo e hijos pequeños. Llegan “sin saber bien lo que les pasa –describe Reich–, a compartir sus días con mujeres que no conocen y con culturas diferentes”, ya que muchas nacieron en una provincia o en otro país. Eligen participar en talleres de cerámica, manualidades, salud, educación sexual y hasta movimiento, “porque el cuerpo fue atosigado y maltratado –explica Reich–. La Casa Juana Manso es un puente a transitar, y que verán cuándo pueden cruzar”.
En ese camino se inserta el programa “Alza la voz contra la violencia hacia las mujeres”, de la Fundación Avon. Comenzó en 2008 con investigación y folletería, y continuó con la capacitación de las 160 promotoras solidarias –una por cada zona de venta del país–, para replicar esos conceptos en las mujeres que participan en los encuentros de ventas. Recibieron “un entrenamiento enmarcado en la equidad de género” –señala Landoni–, con el objetivo de “desnaturalizar la violencia, y ver cuál es el lugar de la mujer en la cultura de nuestro país”, completa Silvia Zubiri, directora ejecutiva de la Fundación.
El proyecto en el hogar de la Ciudad comenzó con talleres de manicuría y depilación –que acaban de concluir, con la entrega de los respectivos kits–, imagen personal, planificación laboral y armado de CV, y derechos laborales. La Fundación apoya también con otras acciones, como bolsa de trabajo y apoyo en la búsqueda de empleo, y gestión de becas en la industria textil.
La propia Escuela de Belleza de la institución se convirtió en una herramienta laboral, ya que una de las docentes incorporó a Judith al instituto del cual es gerenta. “Me siento bendecida por tener a gente tan profesional que me enseña”, comenta. Ella y Luz (20), otra de las huéspedes del albergue, ya estuvieron trabajando en el hogar de día para personas mayores, donde repartieron tarjetas y les pidieron que vuelvan.
Landoni apuesta a la tarea de “descubrir juntas su historia laboral, sus deseos, su potencialidad. Una mujer me dijo: ‘Yo no sé hacer nada, nunca trabajé’; sin embargo, daba de comer a 120 chicos en un comedor comunitario. Es muy bueno acompañar a una mujer a redescubrirse, a saber lo que puede dar”.

lunes, 28 de noviembre de 2011

La importancia del Pocho


(Una foto de Lucas Ñuka García)

La importancia del cielo

Taladra tu mirada la importancia del cielo
corazón que te fuiste para salvar el siglo.
Si yo fuera un latido de dios sobre Rosario
le daría a este mundo tu milagro de vuelta.

Todavía me enseña tu brazo generoso,
corazón que te fuiste para salvar el siglo.
Si yo fuera los pibes que dejaste en Rosario
tampoco pararía de buscarte un minuto.

Las ollas argentinas cocinan tu leyenda,
corazón que te fuiste para salvar el siglo,
cacho de pan sonriendo que nos robo la vida,
mi espíritu es un plato de tu guiso de arroz.

Maldita sea la estampa del que cegó tu historia,
corazón que te fuiste para salvar el siglo,
si yo fuera un latido de dios sobre Rosario
le desearía la muerte de muerte natural.

el Tomi

domingo, 20 de noviembre de 2011

Serás mi puta



Una esclava sexual de Gadafi cuenta su calvario en el harén del coronel

ANNICK COJEAN 20/11/2011

Tiene 22 años, es bella como un sol y está destrozada. A veces, se ríe durante unos segundos, y entonces un destello infantil ilumina un rostro arañado por la vida. "¿Cuántos años me echa?", pregunta, quitándose las gafas de sol. Espera un momento, esboza una leve sonrisa y murmura: "Yo me siento como si tuviera 40". Y le parecen muchos.
Aparta la mirada y se cubre la parte inferior del rostro con el velo negro; unas lágrimas asoman a sus ojos oscuros. "Muamar el Gadafi me ha destrozado la vida". Quiere contarlo todo. Piensa que es peligroso, pero acepta dar su testimonio durante un encuentro de varias horas en un hotel de Trípoli . Sabe que está confusa, que no encontrará palabras para describir el universo de perversión y locura en el que la precipitaron.
Pero necesita hablar. Sus recuerdos constituyen una carga demasiado pesada. "Manchas", dice ella, que le provocan pesadillas. "Por mucho que lo cuente, nadie sabrá nunca de dónde vengo ni lo que he pasado. Nadie puede imaginarlo. Nadie". Sacude la cabeza con un aire de desesperación. "Cuando vi el cadáver de Gadafi expuesto ante la muchedumbre, experimenté un breve momento de placer. Luego sentí un gusto amargo en la boca". Ella hubiera querido que Gadafi sobreviviese, que hubiera sido capturado y juzgado por un tribunal internacional. Durante todos estos meses no pensaba en otra cosa. "Me preparaba para enfrentarme a él, para preguntarle, mirándolo a los ojos: '¿Por qué? ¿Por qué me hiciste eso? ¿Por qué me violaste? ¿Por qué me golpeaste, drogaste e insultaste? ¿Por qué me enseñaste a beber y a fumar? ¿Por qué me robaste mi vida?".
Cuando su familia, originaria del este del país, se traslada a Sirte, la ciudad natal del coronel Gadafi, ella tiene cinco años. En 2004, cuando la eligen entre las alumnas del instituto para entregar un ramo de flores al Guía durante una visita al centro escolar, ella tiene 15 años. "Era un gran honor. Yo lo llamaba 'papá Muamar' y se me ponía la carne de gallina". El coronel le apoya una mano en el hombro y le acaricia el cabello lentamente. Es una señal para sus guardaespaldas que significa: "A esta la quiero". Ella lo sabrá más tarde.
Al día siguiente, tres mujeres uniformadas al servicio del dictador -Salma, Mabrouka y Feiza- se presentan en el salón de belleza que regenta su madre. "Muamar quiere verte. Desea darte unos regalos". La adolescente -llamémosla Safia- las acompaña de buen grado. "¿Cómo sospechar? Era el héroe, el príncipe de Sirte".
La conducen al desierto, donde la caravana del coronel, de 62 años, se ha instalado para una cacería. La recibe enseguida, hierático, con ojos penetrantes. La interroga sobre su familia, sobre los orígenes de su padre, de su madre, sobre sus medios económicos. Después, le pide fríamente que se quede a vivir con él. La joven está desconcertada. "Tendrás todo lo que quieras: casas, coches...". Ella se asusta, sacude la cabeza, dice amar a su familia y querer estudiar. "Yo me ocuparé de todo", responde él. "Conmigo estarás a salvo. Te aseguro que tu padre lo comprenderá". Y llama a Mabrouka para que se ocupe de la adolescente.
Durante las horas que siguen, Safia, aterrada, ve cómo le adjudican un lote de lencería y ropa sexi. Le enseñan a bailar y a desvestirse al son de la música, así como "otros deberes". Ella solloza y pide que la lleven a casa de sus padres. Mabrouka sonríe. El regreso a una vida normal no forma parte de sus opciones.
Durante las tres primeras noches, Safia baila sola ante Gadafi. Él escucha una casete de un músico "al que más tarde mandará matar". La mira, pero no la toca. Simplemente, dice: "Serás mi puta". La caravana vuelve a Sirte con Safia en el equipaje.
La noche del regreso, ya en palacio, la viola. Ella se resiste. Él le da de palos y le tira del pelo. Ella intenta huir. Mabrouka y Salma intervienen y la golpean. "Continuó durante días. Me convertí en su esclava sexual. Me violó durante cinco años".
Muy pronto se encuentra en Trípoli, en la guarida de Bab el Azizia, un complejo ultraprotegido por tres recintos de murallas en el que viven, en diversos edificios, el amo y señor de Libia, su familia, sus colaboradores y sus tropas de élite. Al principio, Safia comparte una pequeña habitación en la residencia del amo con otra joven de Bengasi, también raptada, pero que un día conseguirá huir. En la misma planta, en unos cuartos minúsculos, hay permanentemente una veintena de muchachas, la mayoría de entre 18 y 19 años, en general reclutadas por las tres emisarias. Estas tres mujeres, brutales, omnipresentes, regentan una especie de harén, en el que las chicas, camufladas como guardaespaldas, están a disposición del coronel. La mayoría solo se queda algunos meses, antes de desaparecer, una vez que el amo se cansa de ellas.
Safia sabe que es la más joven y se pasa el tiempo viendo la televisión en su cuarto. Le niegan lápiz y cuaderno. Consume las horas delante del espejo, hablando sola en voz alta y llorando. Debe estar siempre preparada, por si la llama el coronel; día y noche. Las dependencias de Gadafi están en el piso superior. Al principio, la llama constantemente. Luego, la relega en favor de otras, escogidas entre las amazonas, que a veces consienten -algunas dicen "entregarse al Guía"-, pero en su mayoría forzadas. El coronel sigue reclamándola al menos dos o tres veces por semana. Siempre violento, sádico. Safia tiene moratones, mordeduras y el pecho desgarrado. Sufre hemorragias. Gala, una enfermera ucrania, es su "única amiga". Cada semana practica extracciones de sangre a las jóvenes.
Regularmente, se celebran fiestas con modelos italianas, belgas y africanas, o con estrellas de esas películas egipcias que aprecian los hijos del coronel y otros dignatarios. Cenas, bailes, música, "orgías". En ellas, Gadafi se muestra generoso. Safia recuerda haber visto maletas llenas de euros y dólares. "Se las daba a los extranjeros, nunca a los libios". Según ella, el coronel tenía también numerosos compañeros sexuales masculinos.
Su mujer y el resto de la familia, que viven en otros edificios de Bab el Azizia, están al tanto de las costumbres del dictador. "Pero sus hijas no querían verlo en compañía de otras mujeres, así que se reunía con ellas el viernes, en su otra residencia, cerca del aeropuerto". En el jacuzzi que tiene en su habitación, y desde el que consulta su ordenador, exige juegos y masajes. Obliga a Safia a fumar, a beber whisky Black Label, a esnifar cocaína. Ella la odia. Tiene miedo. La segunda vez sufre "una sobredosis" y termina en el hospital de Bab el Azizia. Él la consume sin cesar. "Siempre estaba bajo sus efectos y nunca dormía".
En junio de 2007 la lleva a un viaje oficial de dos semanas por África. Malí, Guinea-Conakry, Sierra Leona, Costa de Marfil, Ghana. El coronel le coloca un uniforme caqui y la presenta como guardaespaldas, cosa que no es, pese a que Mabrouka la haya enseñado a recargar, desmontar, limpiar y utilizar un kaláshnikov. "El uniforme azul estaba reservado para los verdaderos guardias entrenados. En general, el uniforme caqui no era sino puro teatro".
Los padres de Safia no han tardado en conocer el destino de su hija. Su madre ha podido ir a verla una vez a palacio. A veces, Safia puede llamarla por teléfono, pero siempre bajo escucha. Le han dicho que si sus padres se quejan, los matarán. El padre está tan avergonzado que no quiere saber nada. Sin embargo, es él quien organiza la fuga de su hija. Pues, harto de verla deprimida, Gadafi la autoriza tres veces a visitar brevemente a su familia en un coche de palacio. Durante la cuarta visita, en 2009, consigue abandonar la casa disfrazada de anciana y, gracias a un cómplice en el aeropuerto, toma un avión hacia Francia.
Permanecerá allí durante un año, para luego volver a Libia, donde tendrá que esconderse, y oponerse a su madre, que quiere casarla enseguida con un viejo primo viudo; más tarde huye a Túnez y, en abril de 2011, se casa en secreto, con la esperanza de partir con su joven marido hacia Malta o Italia. La guerra los separa. Él cae gravemente herido. Safia no tendrá noticias suyas durante meses.
Ahora fuma. Llora a menudo. Se siente "destruida". Quisiera testificar ante un tribunal, pero sabe que, en su país, el oprobio sería tal que se convertirá en una paria. Su vida está en peligro. "Gadafi aún tiene partidarios". Ya no sabe adónde ir.
© Le Monde | Traducción: José Luis Sánchez-Silva

sábado, 19 de noviembre de 2011

Sobrevivientes


Ya no quedan 'playboys' como los de antes
El suicidio de Gunter Sachs puso fin a una estirpe de 'jet-setters' consagrados a seducir, derrochar y bienvivir. La escritora Maruja Torres empezó su carrera relatando sus conquistas y recuerda cómo, más allá del arquetipo machista, estos truhanes también fueron caballeros al servicio -temporal- de sus damas

MARUJA TORRES 19/11/2011

Cuando Gunther Sachs murió la primavera última y volví a escuchar la palabra playboy, pronunciada en el contexto de su biografía, una ráfaga de recuerdos periodísticos me vino a la memoria. Ciudades, fotos, nombres. Hombres con blazer cruzado y pañuelos de seda enrollados al cuello, a la manera Vilallonga en Desayuno con diamantes. Eran recuerdos de prensa rosa, porque, cuando Sachs realizaba sus hazañas con las más hermosas mujeres públicas del momento, yo trabajaba en Garbo, y los playboys, así como sus conquistas y sus métodos, formaban parte de la rutina que manejábamos en la redacción, junto con los avatares de la hija y las nietas de Franco, el destino de los Kennedy, las aventuras de los Onassis y las andanzas del principado de Mónaco. Sachs se pegó un tiro en su chalet de Gstaad, Suiza, a los 78 años, en un momento de lucidez de su alzhéimer. Era el último superviviente del ramillete de playboys de pata negra que iniciaron el movimiento -por llamarlo algo- a mitad de los cincuenta, y que tuvieron su esplendor en los sesenta. En los setenta, su mariposeo ya había sido contaminado por la frivolidad -aunque parece una redundancia- con que la prensa del corazón y la vox populi concedían el título a cualquier pichabrava que saliera más de una vez fotografiado con la misma señora. Los playboys se mezclaron con los latin lovers, así como con actores y productores cinematográficos, en un revoltillo popular que debió de ofender a los iniciales promotores de la cosa. En el mundo de hoy, reconozcamos que tan pasados de moda están los unos como los otros. Eso sí, los playboys de solera tenían clase.
Todos eran o muy ricos por familia o muy emprendedores, o las dos cosas a la vez. Y lo suyo -lo de los suyos- no eran precisamente los escrúpulos. Sachs era el heredero de la firma automovilística Opel, que en los Juegos Olímpicos de 1936 -presididos por Hitler- había presentado el modelo de coche Olympia, y que durante la II Guerra Mundial, surtió al ejército alemán con todo tipo de motores. El más viejo de todos, el boliviano Antenor Patiño, era hijo del "rey del estaño", que arruinó a los indígenas de su país, y fue embajador en Madrid y Londres. Porfirio Rubirosa, dominicano, era también diplomático, partidario y amigo íntimo del dictador Rafael Trujillo -el de La fiesta del chivo, de Mario Vargas Llosa-, y debía su posición y su fortuna a este reconocido canalla. Francisco Baby Pignatari, quizá el más loco de todos, el más desinhibido -que es mucho decir-, era un brasileño de origen italiano que multiplicó la fortuna familiar con sus fábricas e inventos metálicos, que patentó el corte de carne "cuadrado de mandril" a la brasileña -más jugoso que el argentino- y fue uno de los fundadores de la moderna São Paulo.
Añadan a esta nómina un príncipe musulmán, Alí Khan, destinado a heredar el reinado espiritual de su padre sobre los ismaelitas -secta escindida del chiismo, cuyos fieles anualmente le daban al guía su peso, considerable, en brillantes-, que se casó con Rita Hayworth cuando era Gilda reciente, hundiéndola en la miseria, y que fue, finalmente, desposeído del título por su padre. Alí Khan murió, como Porfirio Rubirosa y el tardío playboy egipcio Dodi Al Fayed -que usaba la pensión que le pasaba su padre, el dueño de Harrods, para seducir a Lady Di-, de lo que se conocía entonces como "muerte de playboy": estrellarse con su coche -los veteranos cascaban en Ferrari-, después de una noche de juerga, en los sitios más absurdos de París; fuese el Bois de Boulogne (Rubirosa), el barrio periférico de Suresnes (Alí Khan) o el Puente del Alma (Al Fayed).
Sigan añadiendo: el dueño de la Fiat, Gianni Agnelli -sobre todo, cuando solo era heredero-, y los hoteleros Hilton. Conrad padre y Conrad hijo (conocido como Nicky, el primer marido de Elizabeth Taylor, y tío abuelo de la señorita Paris) llegaron a compartir a una habitual conquista (o al revés) de los playboys del momento: la actriz (o vaya usted a saber) de origen húngaro Zsa-Zsa Gabor, quien, por cierto, a la hora de escribir estas líneas les ha sobrevivido a todos.
Porque las mujeres viven más, no importa que sean pareja de un oficinista o de un playboy. Ahí tienen a Tita Cervera, sin ir más lejos. La baronesa pictórica es una de las grandes seducidas-seductoras que han triunfado por encima de los hombres de su vida. Cuando lo fácil habría sido que pasara del venezolano Espartaco Santoni -un playboy muy menor, pero altamente bullanguero, que terminó sus días haciendo el indio en Marbella, protegido por Gil y Gil- a otro de inferior categoría, sorprendió a todos casándose nada menos que con uno de los privilegiados miembros del ramillete original: el barón Von Thyssen, que en sus tiempos fue un punto filipino, y cuya familia también tuvo relaciones comerciales con, esto, los nazis.
Marbella: otra palabra con retranca, cuya sola mención me lleva a nuestro más genuino playboy local (al menos, nos toca la mitad), el germano-español príncipe Alfonso de Hohenlohe (y muchos títulos más: fue bautizado por Alfonso XIII en el Palacio de Oriente), el hombre que fundó el Marbella Club y que convirtió a esta localidad en un enclave del turismo millonario internacional.
Ahora conviene que les diga que la primera vez que escuché la palabra playboy fue en casa, con motivo de una "boda del año" que acababa de celebrarse. Alguna parienta trajo una revista -no había televisión, ni siquiera en blanco y negro-, y las adultas se arrojaron como hienas sobre ella. "Mira, nena, con 15 años y se ha casado con un príncipe que, además, es playboy", me aleccionó una tía (carnal), admirativa. Me sentí fatal, porque yo ya tenía 13, y no apuntaba maneras.
En aquel tiempo -estoy hablando de 1955-, el hecho de que Alfonso de Hohenlohe se casara con la princesa Ira de Fürstenberg, siendo ella una menor, a nadie le pareció política ni moralmente incorrecto. Qué suerte tiene la novia, pensaba todo el mundo. "Y él", añadían los viejos cucos. La verdad es que Ira era una niña prodigio con un cuerpazo de mujerona espectacular y unos ojos de garza sensacionales. Más adelante, resultó ser una dama prodigiosa: a los 20 años se fugó con otro playboy, el mencionado brasileño Baby Pignatari, que le doblaba la edad. Y creo que también sigue viva ahora que, por fin, todos los playboys de pata negra reposan bajo sus respectivas malvas. También Brigitte Bardot, el principal trofeo femenino de Gunther Sachs, está tan pimpante.
Muchos años más tarde, cuando yo ya ejercía el periodismo, aunque fuera rosa, me crucé en varios reportajes con Alfonso de Hohenlohe y sus túnicas. Era un hombre encantador, muy cumplido con la prensa -que por entonces no les plantábamos a los famosos la alcachofa en la boca, como ahora-, que a la sazón tenía una segunda esposa, Jackie Lane, que había sido actriz (por así decirlo), y que cobijaba en uno de sus bungalows de lujo y rodeados de césped a Lita Trujillo, casada con otro playboy (hijo del dictador Rafael Trujillo), el indescriptible Ramsés, también conocido como Ramfis.
Marbella fue el destino natural de los playboys secundarios, o de aquellos que vivían de las señoras y daban en llamarse así; o simplemente, de vividores. Allá fueron a parar discípulos tardíos del playboyismo, como el exmarido de Carolina de Mónaco, Philippe Junot -supe por una fuente que "trataba muy bien al servicio"-, el simpático Espartaco Santoni o el vivales Jaime de Mora y Aragón. Eran, ya, otros percales. De Santoni, recuerdo a una actriz española muy guapa -de los años setenta: no voy a nombrarla- que cayó en sus redes. "¿Cómo puedes?", le pregunté en privado, horrorizada. Hizo un gesto expresivo con las manos -pueden imaginarlo: el tamaño importa- y añadió: "Me manda rosas cada día y un Rolls-Royce con su chófer para recogerme. ¿Quién puede resistirse?".
Al parecer, lo de las rosas funcionaba con cierto tipo de mujer en aquella época. Gunther Sachs conquistó a Brigitte Bardot a fuerza de arrojárselas a centenares -qué agobio-, desde su avión privado, sobre la finca que la estrella francesa poseía en Saint-Tropez. Un Saint-Tropez que hoy, desnaturalizado, asaltan jeques en superyates y megamillonarios del boom financiero que ya no se esfuerzan en conquistar mujeres: compran rápido y escupen deprisa.
Los playboys de verdad habían recibido una exquisita educación en colegios europeos, frecuentaban las carreras de coches deportivos -a menudo, los pilotaban-, jugaban al polo o introducían el pádel en sociedad (Hohenlohe), y destacaban, en el mundo anterior al 68, como portadores de un cuento de hadas que, invariablemente, terminaba bruscamente con el aterrizaje de la princesa en la realidad, mientras ellos volvían a empezar.
Sin embargo, en el circuito de mujeres disponibles, cuyos nombres se repetían en el carnet de citas de estos individuos, se jugaba con reciprocidad. Linda Christian -la abuela de la desaparecida Ylenia Al Bano y Power, por definirla en lenguaje televisivo actual-, Anita Eckberg -protagonista de La dolce vita y amante, entre otros, de Agnelli-, Zsa-Zsa Gabor, Bettina y otras muchas modelos... De una forma u otra fueron recompensadas. Porque ellos podían ser truhanes pero, no lo olvidemos, también fueron caballeros al servicio -temporal- de sus damas.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Quiero ser, quiero ver, quiero entrar


(En la foto Aliaa Magda Almahdy por Chef Makhlouf)


http://www.youtube.com/watch?v=oGgJcTYzYfo&feature=related


Desnudo de mujer, hombre con velo (y elecciones egipcias al caer)

Por: Nuria Tesón

El próximo 28 de noviembre está previsto que se celebren las primeras elecciones parlamentarias de la recién estrenada (y aún a prueba) democracia egipcia, tras la renuncia forzada de Hosni Mubarak. Las mujeres, como de costumbre, arrancan la carrera desde la última casilla. Hay quien defiende, y me incluyo entre ellos, que uno de los factores más importantes para el cambio social en el mundo árabe será la mujer. La mejora de su estatus, entendida como el éxito en la consecución de sus aspiraciones y demandas, y su plena incorporación en igualdad de condiciones a la esfera pública serán las que transformarán profundamente las sociedades árabes. No puede haber democracia sin ellas.
El paradigma de este nuevo discurso y de esas mujeres que no piensan permitir que se las relegue de nuevo al hogar o los servicios sociales, podría representarlo la joven Aliaa Magda Almahdy que ha encendido la polémica iniciando una campaña en Facebook contra el velo islámico, pidiendo a los hombres que suban fotografías vistiendo esta prenda que considera una imposición. Una Doria Shafik que no está dispuesta a esperar a que los políticos o la sociedad le digan que puede y ha pasado a la acción.
Una de las fotos colgadas en Facebook en respuesta a la convocatoria de Aliaa Magda Almahdy.
Por eso no se ha detenido ahí. El pasado domingo publicaba en su blog una serie de fotografías bajo el título Nude Art (Arte desnudo), donde ella misma aparecía desnuda en la primera imagen. Almahdy describe en la bitácora esta actuación como “un grito en contra de la sociedad de la violencia, el racismo, el sexismo, el acoso sexual y la hipocresía”.
Su alegato es toda una declaración de intenciones:
“Quitaos la ropa y miraos en el espejo, quemad vuestros cuerpos que desdeñáis y desprendeos de vuestros complejos sexuales para siempre, antes de lanzarme acusaciones racistas o negarme la libertad de expresión”.
Muchas de las reformas sociales que hubo en Egipto tras la revolución de 1952, como las mejoras educativas y en el ámbito de la planificación familiar, estuvieron íntimamente ligadas a las mujeres. Durante la revolución del 25 de enero las vimos codo con codo en manifestaciones y protestas. Sin embargo el paso de los meses ha demostrado como ya ocurrió en los cincuenta tras el golpe militar y el ascenso de Nasser al poder, que la adhesión de su fuerza, necesaria en el momento revolucionario, es prescindible llegada la hora de formar gobiernos o elaborar leyes.
“Era obvio para mí, que era indispensable la representación femenina en el Parlamento. Debían no sólo ser representadas, sino participar en la elaboración de las leyes. Sería la única respuesta al problema de formular leyes que no hacían avanzar la causa de las mujeres. […] Las mujeres, como la mitad de la nación, tienen que estar representadas en el Parlamento y justamente protegidas. Por qué deberían sólo los hombres representar su nación. Las mujeres deberían tener igualdad para opinar sobre las leyes que las afectarán a ellas y a sus hijos”.
Estas palabras que no han perdido validez en cincuenta años aparecen recogidas en las memorias de Doria Shafik, una feminista que pasó, desde 1.957, los últimos dieciocho años de su vida bajo arresto domiciliario por criticar cómo se había erosionado la democracia por culpa de las políticas de Nasser, antes de tirarse por la ventana en 1.975. Ahora igual que entonces es fundamental la participación de las mujeres en la elaboración de las leyes. Sin embargo, ni una sola fue incluida en el comité que elaboró el texto constitucional que se aprobó el pasado marzo en referéndum. Por esa misma razón, como protesta contra la formación de una comisión constitucional en el que no había ninguna mujer,en 1954 un grupo de mujeres con Shafik a la cabeza llevó a cabo una huelga de hambre. Lograron que se reconociera el derecho a voto para las mujeres egipcias.
Una de las primeras medidas acometidas por la Junta Militar que gobierna Egipto tras la revuelta fue eliminar la cuota femenina que había establecido el Gobierno de Mubarak en las últimas (y fraudulentas), elecciones legislativas celebradas hace exactamente un año. Por el contrario, la nueva ley electoral exige sólo que haya una mujer en las listas y la composición de las mismas es un reflejo de la sociedad. Un ejemplo: el partido liberal Wafd que presenta 570 candidatos, lleva 87 mujeres en sus listas; apenas el 15%.Tampoco el gabinete interino de transición ha experimentado grandes mejoras. Entre los nuevos ministros sólo hay una mujer que, además, es uno de los pocos miembros del antiguo régimen que sigue ostentando un cargo.
La doctora Madiha El Safty, profesora de sociología en la Universidad Americana en El Cairo, y miembro de la Alianza para las Mujeres Árabes, se muestra sin embargo optimista ante el proceso electoral. "Es cierto que no hay una representación femenina importante en la vida pública o política egipcia, pero cada vez más mujeres se incorporan con un discurso más activo". "Durante las protestas de enero y febrero estuvimos en la calle igual que los hombres y lo mismo que ellos no quieren que les roben su revolución, tampoco nosotras permitiremos que eso ocurra", afirma la doctora.
El Safty considera una paradoja que algunos de los partidos que llevan más mujeres en sus listas sean los de corte islamista y cita el ejemplo de una candidata perteneciente al partido salafista Al Nur (La Luz), que apareció al inicio de la campaña en el cartel electoral junto a sus compañeros barbudos representada por una flor. “Es el mejor ejemplo de que se las considera un adorno y un método para conseguir votos en detrimento de otros políticos laicos”, considera. La polémica, de la que se han hecho eco los diarios egipcios, llevó al partido a sustituir la flor por una foto del marido de la candidata. Una forma de preservar su intimidad, según sus compañeros, ya que ella al igual que la mayor parte de estas candidatas viste niqab, la prenda musulmana femenina que cubre todo el cuerpo menos los ojos.
"Esto no tiene ningún sentido, tanto más cuando sabemos que lo mismo entre los Hermanos Musulmanes que entre los más salafistas más radicales no se cree que las mujeres sean aptas para gobernar". "Es cierto que de cara a la galería han moderado su discurso, pero habrá que ver cómo es de sincero ese discurso si se hacen con una parte importante del Parlamento". Aunque El Safty considera preocupante para las mujeres el avance del islamismo, cree que es importante no olvidar que en los últimos seis o siete años las mujeres "se han ido incorporando poco a poco a los movimientos existentes y han ido tomando fuerza". “Debemos tener esperanza. Hemos percibido que el discurso de las mujeres se ha vuelto más… agresivo. Debemos dar una oportunidad a la democracia para ver si responde a nuestras demandas”, confía.