martes, 29 de diciembre de 2009

Descansar


En paz si, pero descansar lo que se dice descansar, esta gente no descansa nunca. Mariana Hernández Larguía.

Murió Mónica Carranza, fundadora del comedor "Los Carasucias"

A los 63 años murió Mónica Carranza, fundadora del comedor "Los Carasucias" víctima de un cáncer de útero. La triste noticia fue confirmada por su hijo Roberto, quien destacó que su mamá "la venía peleando" y que, antes de morir, le pidió que sigan adelante con el comedor que a diario ayuda a decenas de chicos. "Mi mamá agradecía al periodismo porque la ayudó siempre. Estaba por inaugurar un nuevo comedor dentro de poco y nos pidió que continuemos con su obra", agregó Roberto Carranza. Desde chiquita Mónica Carranza vivió una vida difícil. Nació en Parque Patricios y vivió junto a sus once hermanos hasta que cumplió los nueve años. Tras la muerte de su padre, los hermanos fueron separados e internados en distintos institutos. Mónica escapó y vivió en la calle, donde conoció el hambre. Pasó gran parte de su adolescencia en correccionales de menores y comisarías. Ya casada, decidió fundar en su propia casa un comedor comunitario al que bautizó "Los Carasucias". Hipotecó su casa para poder seguir adelante con su proyecto. Gracias a donaciones y subsidios pudo continuar ayudando a cientos de chicos. En 1997 fue elegida como la "Mujer del Año".

lunes, 14 de diciembre de 2009

Femicidios al tuntún


Me he topado, y no encuentro mejor verbo que topar para expresar que me he dado la cabeza contra un par de noticias, las cuales son las siguientes. Una que, aunque haya aparecido en el diario El País en el 2007, se me hace que mantiene su vigencia en la actualidad, y la otra que, aunque haya aparecido en el blog de Apadim (apadim.blogspot.com) de Córdoba, Argentina, en enero del año en curso, hoy, ya casi con el año cursado, contiene una actualidad que espanta. La primera descubre (por no decir denuncia), que muy pocos países saben cuántas mujeres mueren al año por violencia machista a pesar de que el mismísimo Goya ya dejaba constancia de este tipo de violencia en sus grabados. La segunda devela (y esta vez por no decir descubre) que Argentina maneja las cifras al tuntún y que, con el tuntún nomás, triplica las 73 muertes que hubo por esta causa en España en 2008, es decir que al tuntún, en argentina hubo 207 muertes por violencia de género, o como le llaman allí, femicidios. Saquen cuentas nomás, un saludito. Mariana Hernández Larguía

Sólo 23 países saben cuántas mujeres mueren al año por violencia machista

Un informe sitúa a España a la cola de Europa en asesinadas por parejas o ex compañeros
Si la primera medida para solucionar un problema es reconocer que existe, la violencia machista en el mundo está muy lejos de acabar. Sólo 23 países -17 europeos, cinco americanos y Japón- registran y hacen públicos los datos sobre muertes de mujeres a manos de su pareja o ex pareja, según recoge el II Informe Internacional de Violencia contra la Mujer del Centro Reina Sofía. El trabajo, con datos de 2003, sitúa a España a la cola de los países europeos en número de asesinadas por violencia de género, por debajo de países como Reino Unido, Dinamarca, Finlandia o Suiza.
Saber cuántas mujeres mueren en el mundo no es fácil. Y lo es aún menos conocer cuántas fallecen asesinadas por sus parejas o ex parejas. La falta de datos provoca que en muchos países no se tenga conciencia de que el problema existe. Como no se sabe si hay violencia machista que provoca muertes, se presupone que no la hay. En países como Argentina, la población se sorprende por las noticias sobre mujeres asesinadas por sus maridos que se publican en España, pero desconocen que en su país no se lleva ninguna estadística que permita determinar si allí sucede o no algo parecido. No se ha dado siquiera ese primer paso. Países europeos como Francia o Grecia tampoco ofrecen las cifras.
Los datos del informe al que ha tenido acceso EL PAÍS se refieren a las muertes en 2003 de mujeres mayores de 14 años y han sido obtenidos por el Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia a lo largo de tres años. Recoge tres categorías: mujeres asesinadas por cualquier motivo -información que han aportado 40 países, europeos, americanos, Japón y Australia-; asesinadas por violencia familiar en general -lo han especificado 27 países-; y muertas a manos de la pareja o ex pareja. Este último dato sólo lo han proporcionado 22 Estados. África y Asia han quedado fuera del informe.
Las fuentes del estudio no son homogéneas. Se ha recurrido a Ministerios de Interior, Fiscalías, Policía Nacional, Institutos Nacionales de Estadística, Poder Judicial y otras instituciones. Muchos países no tienen estadísticas oficiales, por lo que, en cualquier caso, hay que tomar los datos con cautela.
- Asesinatos en general. La tasa de asesinadas en cualquier circunstancia -siempre en los 40 países analizados- es de 21 por cada millón de mujeres. En total murieron 63.000 en 2003, una cada ocho minutos. Los países que están en cabeza son latinoamericanos: Guatemala (con 122 asesinatos por millón de mujeres) y Colombia (con 70). La prevalencia media de asesinatos en Latinoamérica dobla la media mundial. Pero en la lista de los 10 primeros entran también tres países europeos, Estonia (con 57), Bélgica (con 29) y Hungría (con 26). La tasa de España es de ocho fallecidas por millón de mujeres.
- Violencia doméstica. Las europeas están mucho más seguras que las latinoamericanas cuando pasean por las calles de sus ciudades, pero no lo están tanto dentro del hogar. La media mundial y la europea de los 27 países que han hecho públicos estos datos está en seis asesinadas por cada millón de mujeres. Se trata de todo tipo de muertes dentro del hogar (parejas, padres, hermanos...). En Europa, los países con mayor tasa son Hungría (16 por millón), Eslovenia (12) y Finlandia (10). En España, la tasa es de cuatro muertas por cada millón de mujeres, según el informe.
- Violencia machista. A medida que se pide más detalle en los datos, disminuye el número de países que tienen estadísticas. Sólo 23 Estados han proporcionado al Centro Reina Sofía las cifras de asesinatos de mujeres en 2003 perpetrados por la pareja o ex pareja. Son 17 países europeos -entre los que no están Italia, Irlanda, Francia o Grecia-, cinco americanos -Puerto Rico, Estados Unidos, Canadá, Colombia, Costa Rica y El Salvador- y uno asiático -Japón-. Los mayores índices los tienen Puerto Rico (15 por millón), Luxemburgo (13 asesinatos por millón de mujeres),Hungría (12 por millón) y Finlandia (10 por millón). Pero en el caso de Luxemburgo hay que tener en cuenta que la baja densidad de población hace que cualquier muerte dispare la estadística. España, con 3,6 muertas por violencia machista, queda por debajo de la media mundial y europea (en torno a seis por millón de mujeres). En la cola de la lista están Islandia, Malta, Suecia y España, superados por Dinamarca, Suiza, Estados Unidos, Finlandia o Hungría. Esto no significa, en absoluto, que los datos de España sean positivos. En lo que va de año han muerto 31 mujeres, cuatro en tan sólo esta semana.

207 mujeres asesinadas por violencia de género.

Fue en 2008, según recopilación de casos policiales publicados por la prensa.No se sabe con exactitud cuántas mujeres mueren víctimas de violencia de género: no hay datos oficiales de la cantidad de estos femicidios en Argentina. Según un relevamiento difundido ayer, al menos 207 mujeres fueron asesinadas por sus parejas, amantes, padres, hijos, ex parejas o por un desconocido luego de abusarla sexualmente. De ellos, 20 en Córdoba.
Pero aseguran que son más. En el mismo período, España, que tiene 46 millones de habitantes, contabilizó 73 muertes y Argentina, con una población de 39 millones de habitantes (según las proyecciones poblacionales del Indec para 2008), casi triplicó esos homicidios. El relevamiento –difundido con los detalles del nombre y apellido de las víctimas y un resumen del caso– fue realizado por la Asociación Civil La Casa del Encuentro y se basó en los casos policiales publicados por las agencias informativas Télam y DYN, y por diarios de distribución nacional y provincial.
Sin embargo, se estima que los casos son más, pues las muertes que no salen publicadas en esos medios, no entran en el conteo. “No está dentro de nuestras posibilidades hacer otro tipo de registro. Hay muertes de mujeres que jamás salen en los medios”, aseguró a este diario Fabiana Tuñez, coordinadora general de la asociación civil.
Según la distribución por edad, las más afectadas son las mujeres entre 31 a 50 años(70 muertes), le siguen las de 19 a 30 años (56 casos) y en tercer lugar están las de 13 a 18 años (32 casos). En cuanto al vínculos, se registran que los culpables son: en primer lugar esposos, concubinos, parejas y novios; en segundo lugar ex parejas y en tercer lugar desconocidos que ejercen violencia sexual.
Pero como no hay una cifra oficial, los distintos recuentos no coinciden. Según lo publicado por Artemisa Noticias (www.artemisanoticias.com.ar), hasta noviembre de 2008 inclusive, hubo 97 femicidios, según un monitoreo realizado por Graciela Barcaglioni de los principales diarios nacionales y de las agencias de noticias Télam, DYN y NA.
Amnistía Internacional realizó otro recuento, pero con un universo más acotado que el de La Casa del Encuentro, pues sólo incluyó los asesinatos a manos de la pareja, ex pareja o miembros de la unidad familiar. Según el monitoreo de esta organización de 11 periódicos impresos y on line del país, al menos 110 mujeres fueron asesinadas entre el 1° de enero y el 30 de octubre de 2008.
Registro único. En Córdoba, se está trabajando para que este año comience a funcionar un registro único que contabilice con detalle todos los casos de asistencia, denuncias y asesinatos por maltratos, según precisó Alejandra Morcillo, titular de la Dirección de Violencia Familiar. La tarea no es fácil pues supone el compromiso y coordinación de todos las áreas que intervienen en la vida de las personas maltratadas: el Poder Judicial en todos sus ámbitos, la dirección, los hospitales, la Policía. A pesar de la complejidad que supone ponerlo en funcionamiento, será de extrema utilidad: “Ayudará a ajustar las políticas de asistencia, promoción y rehabilitación; mejorar el tratamiento, el abordaje y la prestación”, aseguró Morcillo.
Teléfonos útiles.
0800-888-9898. Es el número para denuncias y consultas sobre violencia familiar.
102. Allí se reciben consultas y denuncias de maltrato, abuso, abandono de niños.
Integridad sexual. Por delitos contra la integridad sexual, llamar por consultas al 0800-555- MUJER (68537).
Fuente: La Voz del Interior

jueves, 26 de noviembre de 2009

Hay debates que son indispensables


El artículo que ven en un principio salió publicado en el diario El País en respuesta al ataque que sufrió el que ven mas abajo, que también apareció en el diario El País unos días antes. En el de mas abajo, quien lo suscribe, desarrolla una idea a partir de la observación de una campaña publicitaria contra la violencia de “género”. En este que ven al principio se explica claramente esa circunstancia y se sale en defensa del que ven en segundo lugar. Ambos dos generaron polémicas y el debate es una manifestación sumamente democrática. Lo que seguramente es incuestionable es que la posibilidad de analizar este tema con un mínimo de rigor, conlleva como condición sin ecuanon, no perder de vista la complejidad y por ende la multiplicidad de aspectos que concurren en el mismo. Desde mi modesta opinión, el concepto de “genero” no solo sesga la posibilidad de acercarse con el rigor antes mentado a está problemática social, sino que, lo que es más grave, conlleva un reduccionismo casi tan peligroso como el más recalcitrante machismo. Por lo tanto, con el fuego ya encendido, no tenemos mas que echarle leña para mantener la luz. Salud.
Mariana Hernández Larguía.


Machismo y mordaza

Maite Rico 26/11/2009
Soy mujer y no me gusta que me maltraten. Lo juro. La brutalidad machista me subleva. También soy periodista, y no me gusta que me callen. Desconfío por tanto de aquellos que pretenden imponer su criterio por la vía de silenciar al disidente.
Agitar el tarro de las esencias para llamar a la censura es entrar en un terreno muy resbaladizo
Lectoras indignadas por el artículo Revanchismo de género, firmado por Enrique Lynch, han protestado ante la Defensora del Lector de EL PAÍS no ya por su contenido, sino por el hecho de que se haya publicado. Semejante texto, dicen, nunca debió haber visto la luz en estas páginas. Los motivos: contiene "ideas retrógradas y confundidas", presenta "un punto de vista funesto y equivocado". Es "una apología de la violencia machista". Una psicóloga concluye que este diario "no respeta a las mujeres".
Una ojeada a los comentarios que ese mismo artículo ha suscitado en EL PAÍS digital ofrece, sin embargo, un panorama diferente, muy alejado de tanta unanimidad. De las 85 opiniones registradas, 39 (un 46%) critican a Lynch, pero 34 (el 40%) están de acuerdo con él. (El resto no se define o son intercambios entre los participantes). Sólo ocho lamentan que la columna se haya publicado. Exactamente el mismo número que agradece al autor su valentía por haberla escrito. El texto fue enviado 175 veces, una cifra bastante alta, según los expertos de la web.
Fijémonos en los defensores de Lynch. Muchos hombres y algunas mujeres. La mayoría aboga por la igualdad y deplora el sesgo revanchista que dicen percibir en el movimiento feminista. Muchos creen que la campaña publicitaria del Gobierno que dio pie al artículo fomenta la rivalidad porque sitúa a la mujer por encima del hombre. "¿No es mejor decir que ningún ser humano es más ni menos que otro?", sugieren varios lectores.
Otros comentarios cuestionan la idoneidad de la discriminación positiva, la ruptura del principio de igualdad de los ciudadanos ante la ley, las falsas denuncias de malos tratos para sacar ventaja en los procesos de separación o el papel de las propias mujeres en la reproducción de las conductas machistas, al que también aludía el autor. Es decir, que el artículo ha sacado a la palestra cuestiones que inquietan a la opinión pública, pero que se soslayan en el debate político y en los propios medios de comunicación.
¿No sentimos todos estupor al saber que un hombre ha sufrido 11 meses de cárcel en Sevilla por una falsa acusación de malos tratos? ¿No conocemos a jefas que ejercen el acoso laboral con la misma fruición que el más cabronazo de los jefes? ¿Cuántos abusos sexuales infantiles no se perpetran arropados con el silencio cómplice de la madre? Este mismo domingo Elvira Lindo describía un caso desgarrador en su columna de EL PAÍS. Sí, claro, ahí nos sumergimos en el escabroso mundo de las patologías psiquiátricas. ¿No entran dentro de esa categoría los celos enfermizos que conducen al asesinato y al suicidio? ¿O la dependencia que lleva a algunas mujeres a buscar y defender a sus maltratadores? ¿Es machista el octogenario que después de cuidar durante 20 años a una esposa con Alzheimer acaba matándola y quitándose él después la vida? Éstos son casos reales. Y la realidad, con sus aristas, no siempre encaja en etiquetas simplificadoras. Por eso, la ley contra la violencia de género, necesaria como es, nunca acabará de poner orden en los oscuros corredores de la naturaleza humana.
La columna de Lynch (al margen de lo que yo opine sobre ella) ha generado un interesante intercambio en la web. Y todos esos lectores, los favorables y los contrarios, también forman parte de EL PAÍS, cuya identidad está marcada por la defensa de la libertad de expresión. Tiendo a pensar que, por su espontaneidad y por su inmediatez, esos comentarios reflejan mejor el pulso de la calle que las cartas al director, que requieren más elaboración y empeño.
En otras latitudes, los grandes diarios de calidad son fuente de información y de debates sin exclusiones. En España, con nuestra querencia por la trinchera, vamos al quiosco con el carné de militante en la boca. La web está diversificando las audiencias. EL PAÍS, incluso, ha dejado de ser español: mejor dicho, ya no es sólo español. Agitar el tarro de las esencias y esgrimir la superioridad moral para llamar a la censura es entrar en un terreno muy resbaladizo.
La plaga de la corrección política se cuela por todas las fisuras. Los guardianes de la ortodoxia positiva nos roban palabras, dibujos animados y canciones, nos culpabilizan por contar chistes, arrasan con la economía del lenguaje y alargan los discursos innecesariamente ("vascos y vascas"). También nos cambian el sexo por el signo arroba (hola a tod@s) y nos castigan con eufemismos y neologismos peregrinos ("miembras").
Más allá de los desmanes gramaticales, la corrección política tiene efectos tan perversos como la autocensura. El miedo a ser estigmatizado impone el silencio y liquida la discrepancia.
Pero como la autocensura no basta, hay quienes piden, además, la mordaza. A menudo, los biempensantes -que suelen pensar mal- y los reaccionarios se mueven en el mismo terreno de la intolerancia. Empiezan matando palabras y acaban resucitando el delito de opinión. Y eso es precisamente lo que hay que evitar. Un periódico debe ser un foco permanente de agitación intelectual.

Revanchismo de género

Enrique Lynch
Por la ventanilla del metro de Barcelona alcanzo a ver una valla concebida por el Ministerio de la Igualdad, creado por el Gobierno del señor Rodríguez Zapatero. En primer plano, una mujer joven y atractiva llamada Angie Cepeda luce unos preciosos pendientes de plata. Su mirada es diáfana y la complementa con una sonrisa displicente, quizá un punto altanera. El lema de la valla reza: "De todos los hombres que haya en mi vida ninguno será más que yo".
En un primer momento esta consigna cargada de insinuaciones y connotaciones -cosa lógica, si no, no sería tal- despierta mi alarma. Primero, parece afirmar que una mujer española contemporánea tiene (mejor dicho, el eslogan implica que ha de tener) muchos hombres; o da por sentado que ya los ha tenido, afirmación que, cuando menos, resulta discutible. Segundo, la redacción adultera un cliché, puesto que lo normal sería dar la sintaxis en pasado. Según los principios igualitaristas lo correcto habría sido: "De todos los hombres que hubo en mi vida ninguno fue más que yo".
Redactada así, la afirmación habría sido consistente y hasta neutral pero, claro, no serviría al anhelo de revancha, que parece inevitable en cualquier referencia actual a la condición femenina. Por curiosidad busco en Internet la campaña y compruebo que el eslogan en boca de hombres no sugiere lo mismo. O sea que hay evidentes matices "de género". ¿Qué es lo que resulta chocante aquí? Que parece jalear la guerra de sexos, como desde hace décadas hace el feminismo mal encarado, según la pauta de lo que Nietzsche llamaba "moral de la víctima". He ahí la razón de mi alarma: la sola presunción de que un hombre pretenda ser más que una mujer; o que una mujer se declare superior a un hombre, es lo que este ministerio debería combatir sin dar lugar a equívocos.
Incurrir en feminismos implícitos de cualquier índole es una contradicción flagrante de la función para la que este Gobierno concibió el Ministerio de la Igualdad. Ninguna repartición pública debería alentar subrepticiamente a las mujeres a ser más que los hombres y, en este caso, parece claro que la consigna no sugiere la igualdad de los sexos sino que viene a recomendar que "ningún hombre ha de ser más que una mujer"; pero, como en semejante jerarquía elemental si no "eres más" necesariamente "eres menos", las mujeres no tienen más remedio que pensar que Angie Cepeda, erigida en portavoz del Ministerio de la Igualdad, les aconseja imponerse a sus futuros hombres.
Ahora bien, las aberraciones de esta valla no son sólo sintácticas o connotativas o adverbiales. Se supone que estimula a las mujeres a no dejarse avasallar por sus hombres, pero lo que en verdad hace es recordar aquella escena memorable con que comienza la película Magnolia, en la que un espléndido Tom Cruise interpreta a un conferenciante que dicta lecciones llenas de entusiasmo y beligerancia ante un auditorio de "machos humillados" y los arenga con un:"Respect the cock!". O sea: "¡Un respeto por la polla!", que Cruise clama delante del enfebrecido grupo de hombrones que aplaude y vitorea todas y cada una de sus ocurrencias machistas.
No recuerdo mejor parodia y merecida trivialización del feminismo de revancha, realizada por un procedimiento muy simple: poner en boca de los odiados machistas los argumentos más tontos de las feministas.
El revanchismo "de género" es lo que ahora se airea y se difunde por innumerables medios públicos y privados y que, en un país vergonzantemente árabe y misógino como es España, no sólo bastardiza una cuestión -la relación entre hombres y mujeres- que es de una enorme complejidad, sino que subsidiariamente no ha hecho sino aumentar de forma alarmante la tasa anual de actos de violencia machista al lanzar a las mujeres al choque con machos ignorantes y brutales, hombres que -nunca olvidemos esto- han sido gestados, amamantados, criados y formados por mujeres. Bestias educadas por féminas, bárbaros que, más tarde o más temprano, caerán sobre ellas de forma implacable.
(Pongo "género" deliberadamente entre comillas porque después de leer lo que observa V.O. Quine a propósito del concepto en su Quiddities: An Intermitently Philosophical Dictionary [Cambridge, Mass.; Harvard University Press, 1989] no me atrevo a usar ese término sin las debidas reservas lógicas y de vocabulario).
El revanchismo "de género" (o sea, el resentimiento femenino) es un mal que se extiende imparable por todas partes. En el cine, por ejemplo, hace tiempo que está implantado: ¿qué otra cosa si no explica el éxito de aquella parábola semipublicitaria -como el resto de la filmografía de Ridley Scott- que fue Thelma y Louise?
Pero donde ese carácter resentido es más claro y elocuente es en las letras y en los videoclips de las canciones populares actuales. En este contexto el contraste con los antiguos modelos "de género" es harto evidente. Antaño, ante una ruptura o un desengaño los hombres solían -y aún suelen- llorar el amor fracasado, se emborrachaban para mitigar sus penas, se autocastigaban y se autodenigraban por sus faltas, su estupidez o su deslealtad y cantaban en tono elegiaco por la hembra perdida. Así ocurre en los tangos, en los boleros y las rancheras y en las conmovedoras canciones de Frank Sinatra o Billie Holliday.
Sin embargo, ante circunstancias parecidas, las mujeres actuales, que tan a menudo se identifican con una masculinidad imaginaria, no emulan la melancolía de los hombres sino que se calzan unas botas de caña alta, se atizan un atuendo de perdularia al estilo Madonna o un traje de leopardo y se retratan basureando sin piedad a potenciales amantes o pretendientes. Ni lloran ni piden perdón.
Hay ejemplos significativos en algunos videoclips de la frondosa discografía popular contemporánea: Shania Twain en That don't impress me much, en pose de femme fatale, toda ella leopardo; Shakira, en una canción titulada significativamente La tortura, donde despacha las excusas del golfo Alejandro Sanz con un A otro perro con ese hueso; y en una tonadilla pegadiza de Julieta Venegas: Me voy..., donde la mexicana arroja a su ex enamorado al vacío mientras levanta vuelo en un globo y tararea en tono angelical: "Qué lástima, pero adiós, me despido de ti y me voy...".
¿Tienes problemas con tu hombre? Escupe sobre él, maldice sus muertos, cámbialo ya mismo por otro, acaba con él; y si es preciso, tíralo por la ventana. No te cortes, que estás en tu derecho.
Lo dicho, tres nuevas canciones de esta guisa y la tasa mensual de asesinatos de mujeres acabará por triplicarse.
(¿No será este revanchismo resentido lo que ven venir con temor esos bárbaros islámicos..?).

domingo, 8 de noviembre de 2009

El acordeón


Seré Breve. Muchas veces, mas que faltar palabras, sobran silencios. Mariana Hernández Larguía.

Tres hermanos, un nombre verdadero, el rostro de la madre, un huracán de descubrimientos y sensaciones. Martín acaba de descubrir quién es y de verse reflejado en los pequeños hábitos y los grandes parecidos de una familia que no sabía que existía hasta hace una semana.

Por Alejandra Dandan
Tiene 29 años, el cuerpo huesudo, la barba muy corta. A poco de hablar dice que está nervioso, con los pies fuera de la tierra, que el cuerpo le tiembla como tembló cuando tocó por primera vez un acordeón. Era uno que le habían prestado y todavía no sabía –faltaban muchos años para que supiera– que era el mismo instrumento que tocaba su madre. “Cuando lo toqué lo sentí y me temblaron las manos, no sé si lo probaste alguna vez: me gustó el sonido grave, es como tener un piano en medio del pecho, un instrumento que con cada nota que abrís o que cerrás sentís que tiembla todo.” Hace menos de una semana, desde Abuelas de Plaza de Mayo lo llamaron para contarle su historia. “Recién ahora estoy poniendo los pies sobre la tierra” y de corrido intenta explicarse sin comas, casi sin respiración. “Estoy deslumbrándome, conociéndolos a ellos, conociéndome a mí mismo.”
Son más de las once de la noche. Martín está en una terraza cerca del Congreso y un tumulto de voces se oye de fondo, como un murmullo. Treinta años atrás, exactamente el 2 de noviembre de 1979, los tres hermanos de Martín llegaban a la casa de sus abuelos en el Chaco después de quince días de cautiverio. Un grupo de tareas del Ejército había secuestrado a sus padres, Marcela Molfino y Guillermo Amarilla, el 17 de octubre, apenas volvieron al país en la contraofensiva de Montoneros. A Guillermo lo secuestraron en un bar, durante una cita. A Marcela se la llevaron de la casa de San Antonio de Padua donde estaban viviendo. También se llevaron a los tres chicos, a un hermano de Guillermo y sus dos hijos. Los cinco chicos permanecieron en una casona antigua al cuidado de un grupo de mujeres policía (ver nota aparte). El 2 de noviembre los sacaron de ahí, los subieron a un avión y los depositaron en una provincia que no conocían, al cuidado de una tía. Nadie supo hasta ahora de la existencia de Martín. El cuarto hermano nació ocho meses después del secuestro. Treinta años después, este 2 de noviembre, la historia volvió a poner las cosas en orden: las Abuelas llamaron a los tres hermanos Amarilla-Molfino y a Martín. Horas después, se daban el primer abrazo.
“Me pasó algo muy extraño todo este tiempo”, arranca Martín. “Todo el tiempo me quería mudar a San Antonio de Padua, no sabía por qué. Hasta había hablado con una amiga y ella me preguntaba por qué Padua y yo le decía no sé, me gusta Padua.”
–¿Vivís cerca?
–Vivo a media hora, cuarenta minutos. Pero nunca supe por qué quise ir ahí. Y me encuentro todo el tiempo con cosas así, pequeñas cosas que de a poco voy entendiendo que parecen un detalle insignificante, pequeño, pero no son tan así. ¡Me encontré con un montón de primos que se comen los dedos igual que yo! ¡El mismo tipo de comida! Y es la primera vez que me pasa.
–¿Qué es lo que sucede en estos días?
–Estoy viviendo. Eso. Ya pasaron varios días, tengo la sensación de que pasó mucho tiempo,
los dos primeros días parecieron 54 meses. ¡No parece que hubiese pasado menos de una semana! Recién ahora se me están poniendo los pies en la tierra. Estoy bien, es gente muy linda y creo que esto es un momento muy importante para todos, sentí que estuvieron al lado mío, pero también que todavía hay cosas que no entiendo.
–¿Como qué?
–Los gustos musicales de ellos, todavía no los entiendo.
–A vos te gusta la música.
–Sí, y me gusta toda la musica, pero soy acordeonista.
–¿Cómo fue que empezaste con eso?
–Yo toco la guitarra desde chiquito, pero un día me compré un acordeón. No sé si vos probaste alguna vez un acordeón: a mí siempre me llamó la atención porque me gustó el sonido. Una vez me prestaron uno y lo sentí: me temblaron las manos, es como tener un piano en medio del pecho, un instrumento que con cada nota que abrís o cerrás sentís que tiembla todo, sentís la vibración de la nota, las notas graves, te hacen vibrar. Todavía estoy aprendiendo, te digo, pero es como que entiendo cuando suena.
–¿Cómo se vive el encuentro con tu familia?
–Estoy todavía tratando de traducir lo que siento, ponerle palabras. Me siento muy protegido, muy cuidado, como que me comprendieron desde el primer momento, porque para las dos partes fue un shock. Yo siento que es una historia que recién estoy empezando a conocer y que ellos ya traían. Ahí se abren preguntas y por ahí en esos momentos es el amor lo que aparece en primer plano. Cuando los vi, dije: no me separo más de ellos porque ahora, después de todo lo que pasó y después de que intentaron separarnos... Pero con esto no quiero decir nada sobre la persona que yo considero que es mi madre del corazón. Hacia él sí. Es decir, quizá si yo reconozco un enojo hacia alguien es hacia él, hacia el que me capturó. Realmente conociendo ahora cómo fue la historia, sé que ella me acogió con todo el amor del mundo y ahora que acabo de charlar con ella, recién estoy disfrutando.
El encuentro
Martín nació el 17 de mayo de 1980 en el Hospital Militar de Campo de Mayo, un edificio del Ejército donde daban a luz las mujeres detenidas en los centros clandestinos. Quedó en manos de un agente de Inteligencia militar que murió quince años después. Adolescente, empezó a preguntarse por sus orígenes. Los hermanos que acaba de conocer están convencidos de que Martín no necesitó descubrir ningún papel para saber lo que había pasado. Creen que su madre Marcela se lo dijo mil veces durante el embarazo, que le habló a la panza, que él tiene metida en el cuerpo la voz de ella diciéndole de sus hermanos y quién era.
Martín se dio cuenta de que no era hijo de quienes se suponía que era hijo por distintas cosas, pero una fueron las cuentas: la persona que hacía de su madre tenía más de cincuenta años cuando nació. El buscaba fotos de su embarazo. Dicen que jamás decía a qué se dedicaba su supuesto padre. Que decía que era oficinista. Y que no mostraba las fotos en las que aparecía con el uniforme militar. Apenas entró a su casa por primera vez, la novia imaginó que no era hijo de esa familia. Los hermanos dicen que si ella lo sabía, él también.
Los tres hermanos siguen viviendo en el Chaco. Mauricio tiene 34 años y es alto como Martín. Joaquín, de 32 años, es muy corpulento, e Ignacio, el de 30, es el más parecido a Martín. Los tres viajaron a Buenos Aires el lunes, iban a volver a Chaco el martes, pero hasta anoche todavía estaban acá.
“Al principio, yo no entendía nada de nada”, sigue Martín. “Era como ver una película en la que yo era el espectador de mi vida; con los días hablé con los hermanos de mi papá y con otra gente y eso me sirvió porque me dijeron que me lo tome despacio, porque uno se acelera y
todo parece muy rápido y se da a una velocidad vertiginosa.”
–¿Sabías la historia del país?
–Es shockeante porque parece que el pasado se mezcla con la vida del país. Y yo no sé si tengo un gran conocimiento de la historia, pero sí tengo un conocimiento sobre lo que pasó con los militares y la dictadura y siempre me sensibilizó mucho y eso me llamaba la atención. Veía películas, leía cuestiones de la dictadura. Me sensibilizaban muchísimo, y me decía: ¿por qué yo no? Pero bueno, fue una decisión que costó tomar, pero no podía no tomarla: no podía pasar por esta vida sin saber la verdad o ejercer más bien la verdad. Y ahora sé que por mis padres, también era algo sanguíneo.
–¿Qué te dijeron de ellos?
–Que eran luchadores y la lucha, bajo las banderas que sean, siempre es por empujar una verdad y a lo mejor viene por ahí la mano. Y desde el amor. Y bueno, yo digo que es todo eso junto.
–¿Es cierto que te alertó tu partida de nacimiento?
–La partida de nacimiento no fue lo que me llamó la atención porque en el documento es donde figura como que soy nacido en Campo de Mayo. Pero no fue eso, en sí. Sino que fueron impresiones, marcas pequeñas. La historia del país en realidad, en un lugar y en una época donde le sucedió esto a mucha gente. Mucha gente que no lo sabe. La edad de mis padres a la edad de tenerme, la profesión de él. Y fotos que no veía...
–Vos fuiste a Abuelas..
–Yo fui a hacerme los estudios a la Conadi porque sospechaba. Todo los datos cerraban y al poco tiempo me dieron turno para la extracción de sangre, y cuando meses más tarde me dijeron que no, para mí era “no”. Porque uno en realidad lo que espera es que “no”. ¡Que no sea así! Uno se dice esas cosas. Pero bueno si era así, también estaba bien porque era la verdad. Y yo fui a buscar la verdad. Dos años después me llamaron, no sé si dos años porque mucha conciencia del tiempo uno no tiene, pero me llamaron. Fue el viernes pasado, y me dijeron que tenía una entrevista el lunes... Yo me quedé mudo. Fue un llamado que me sorprendió. Porque para mí era un caso cerrado: imaginate, había pasado un tiempo, ahora me enteré de que eran dos años, a mí me parecían menos, pero era tiempo.
–¿Qué pensaste?
–Cuando me llamaron al principio me quedé mudo y no me animé a preguntar para qué. Para más información, me dijeron. Y entonces yo busqué unas fotos que tenía, llevé más información. Y cuando llegué me atendió Claudia, la hija de Estela de Carlotto, y tuve una sensación que se intuye, que el cuerpo habla por sí mismo. Y yo lo vi en el cuerpo de ella. En ese momento me contó la historia, cómo fue y que estaba mi familia en Abuelas, esperándome. Y la verdad es que me sentí protegido porque en esos momentos necesitás contención, porque tenía miedo.
–¿Miedo?
–Sí, es una sensación animal, como la de los animales cuando sienten miedo viste que salen corriendo, eso. Pero... por suerte no salí corriendo. Me crucé con otros hijos con la misma experiencia en ese momento que te dicen dos o tres palabras y vos ves que te están entendiendo, todo es raro. Las Abuelas están cerca y de pronto vos que las veías allá lejos, no sé, las ves como de tu familia, te dicen: “Vestite bien que estás desprolijo”.
–¿Qué te pasó cuando entraron?
–Claudia me llevó con un taxi para Abuelas, yo no entendía nada, era algo muy raro. Hasta ese momento era un lunes común, un lunes más de mi vida y de golpe me estaban diciendo: “Tenés tres hermanos que te están esperando”. Guauuuu, dije yo. Claudia se reía. Y yo no puedo decir qué pasaba porque siento sensaciones amorfas y cuando llegamos la vi a Estela de Carlotto en la puerta, me miraba y de golpe me estaba esperando a mí y yo me pellizcaba. Me preguntaba si lo que estaba viviendo no era un accidente, si no estaba teniendo un sueño en terapia intensiva, pensé si no estaba Woody Allen dando vueltas o haciendo una película por ahí cerca. Y bueno la vi a Estela. Le di una abrazo gigante y di abrazos y abrazos, que nunca di tantos abrazos en toda mi vida.
–¿Tus hermanos?
–Cuando abrí la puerta eran 54 mil personas que vinieron y encima me dijeron: “Y eso que es el diez por ciento”. Pero en el momento te quedás sin aire y cada persona que se me acercaba y me decía “yo soy tal” y “soy amigo de tu padre”. Y te empiezan a hablar, se te empiezan a mezclar todos los nombres, y de pronto vi a otro hijo o alguien de Abuelas que me dice: quedate tranquilo, porque uno no sabe quién es quién y mi memoria es patética para los nombres.
–¿Con los nombres de tus hermanos pasó lo mismo?
–Con mis hermanos me costó acordarme los nombres... Pero no importa los nombres, no importa nada, es ese abrazo que nace del pecho. No hay manera, no hay nada. Ahí vi realmente, vi gente muy buena. Tengo la sensación de que es muy buena, no los conozco y es extrañísimo eso, porque son mi familia y no los conozco. ¿Por qué tengo que pasar por todo esto? Y eso me dio una mezcla de emoción, de bronca, de desorientación, de no entender nada. De interrogación, de signos por todos lados. Pasaron los días y seguía en el aire. No podía dormir la primera noche, la segunda fue como un infiernito. Mi novia fue fundamental, y creo que si no estaba con ella, sobre todo los primeros días, es como que me iba del suelo.
–Era parte de lo poco conocido....
–Las impresiones con mis hermanos son muy extrañas. Me pasaba con el más chico, lo miraba, me quedaba mirándolo, porque nunca vi una persona tan parecida a mí, porque hasta me parecía divertido y se los comentaba. Y mi novia me decía ¡hasta tienen los mismos dientes! Y se reía. Me contaban cosas y por momentos no escuchás nada, y me doy cuenta de que es como que las tengo olvidadas, por eso te decía lo de estar en una película. En medio de todo. Uno de ellos dijo que no hacía falta el ADN porque reconoció, no bien me vio, las orejas. Y eso fue muy gracioso después de tantas lágrimas y de tanto no entender nada.
Lo primero que hizo Martín ante su familia real fue pedir una foto de la madre. “No sé por qué –dice– pero la que me intrigaba era ella, quería saber qué pasó con ella, cómo era, y bueno, de a poco me estoy enterando y entiendo. No me lo imaginaba, sabía que iba ser una historia así,
pero saber cómo era son cuestiones que tienen que ver con preguntas que se hace uno, es tan fuerte, pensar que después de todo lo que habrá vivido pude salir de ahí adentro, me tuvo y se dio todo de una manera tan especial.”
–¿Supiste algo de ella?
–La familia me protege mucho y no me llena de información y eso está bueno. Y ahora estoy queriendo saber los pequeños detalles. Pero mi familia es como que no quiere invadirme, yo me siento aturdido a veces, te cuentan algunas cosas, pero se te empieza a mezclar todo, y yo necesito mis espacios de soledades. Todo esto no lo tomo con la idea de recuperar algo, sino de empezar algo. Porque yo lo tomo como que ganamos gracias a todos, a la gente que estuvo allí al lado mío, a mi novia, a mis amigos que mañana (por ayer sábado) van a conocer a mis hermanos.
–Dicen que tus hermanos son raros porque son muy unidos.
–Son muy unidos, y también eso fue raro. Si yo hubiese entrado a una familia donde había quilombos a lo mejor no hubiese sido tan fácil, pero los miro y me pone contento. Pero quiero
ser también cuidadoso con eso porque es como que ahora te cuentan cosas de ellos, cosas que pasaron juntos, en las que uno no estuvo ahí, me digo: ¡la pucha, pero no estuve! Pude haber estado, y dado una manito. Y eso: te van cayendo las fichas muy de a poco. Pero es lindo, no lo estoy viviendo como algo triste, no. Es lindo tener todo eso, lo feo es estar con los ojos enceguecidos toda la vída, es lindo saber la verdad y convivir con ella y con ellos.
Cuando habla es como que todo el tiempo busca palabras. “Faltan palabras”, dice. “Y estos son los momentos en los que a uno le gustaría ser poeta ahora y empezar a musiquear.”

domingo, 1 de noviembre de 2009

Dios nos libre y nos guarde



La verdad es que leí de cabo a rabo este reportaje de Jesús Rodríguez aparecido en el diario El País de Madrid del primero de noviembre de el año en curso y me llamó la atención el poder de convocatoria de esta monja de aspecto mediático y hasta joligudense diría yo si me apuran. La cuestión es que la susodicha ha colmado el monasterio no termino de entender si de novicias rebeldes o de pichones de fachistas y por lo tanto propongo que me aclaren si esto se trata de un rebrote del catolicismo o de un fortalecimiento ultraderechista que acabará apoyando gobiernos neofascistas. En todo caso que dios nos libre y nos guarde incluso a los agnósticos. Amén. Mariana Hernández Larguía

Es el secreto mejor guardado de la Iglesia. Una comunidad de 134 monjas de clausura, jóvenes, con carrera y conservadoras. La obra de sor Verónica en Lerma. Entramos en el convento del que todos hablan y muy pocos conocen.
El 22 de enero de 1984, Marijose Berzosa abandonó el mundo. Tenía 18 años. Dejaba atrás la carrera de Medicina; los novios de quita y pon y las discotecas ochenteras envueltas en volutas de porro; el baloncesto, la guitarra y el teatro. Aquel domingo cruzó sin pestañear el gélido zaguán del número 6 de la plaza de Santa Clara, en el corazón de Lerma, una villa burgalesa de 2.500 habitantes, para convertirse en sor Verónica. Ingresaba en el convento de clausura de la Ascensión, que había albergado tras sus barrotes a monjas clarisas desde 1604. Sería su hogar y su tumba. Una apuesta para la eternidad. Pocos confiaban en su vocación. "Nadie me entendió. Hubo apuestas de que no iba a durar nada. Pero ellos no sentían la fuerza del huracán que me arrastraba", confesaría más tarde.
Era casi una niña. Bastante guapa, como ella misma se describe. Famosa en Aranda de Duero por sus bellos ojos verdes. Alegre y abierta. De clase media. Educada en un colegio de religiosas. Su padre poseía una zapatería y en su familia había una antigua afición por la música y la poesía. Marijose era la menor de cinco hermanos. Todos hombres y universitarios. Uno sacerdote. Hoy obispo auxiliar de Oviedo. Su espejo y guía. Brillante y mandona. Ni beata ni ñoña. Con una relación intermitente con la Iglesia; voluble y eterna insatisfecha: la clásica adolescente en busca de una salida. La encontró aquel lejano 1984. Tomó la decisión en apenas quince días.
Sencillez, humildad y pobreza. Vida contemplativa. Ora et labora. Marijose aterrizaba en un convento habitado por una veintena de monjas donde la más joven había cumplido los 40 y en el que hacía 23 años no entraba una novicia. No lo tuvo fácil. Le aguardaban un basto hábito pardo ceñido por el cordón blanco de los franciscanos (la familia religiosa de la que nacieron las clarisas) y sandalias en invierno y verano; el pelo casi al cero, como ella relata; una fría celda, rezos desde la madrugada, penitencia, silencio, ayuno y trabajo en el obrador y el huerto. Aislada del mundo por muros y rejas. El tiempo se había detenido cuatro siglos antes en el monasterio de Lerma. Verónica ha contemplado durante todos estos años día tras día desde su celda el mismo paisaje de la vega del Arlanza. Aún le emociona. "Aquí me siento libre".
Su guía en aquellos primeros pasos, sor Pureza de María Lubián, de 70 años, hoy abadesa del convento de Belorado (Burgos), la recuerda: "Era una chiquilla encantadora. Muy noble y muy buena. Tenía 18 años y un porvenir. Todo lo abandonó. Siguió la llamada de Dios. Tenía una personalidad muy rica. Siempre fue líder. Y, espiritualmente, con una gran vocación. Tuvo luchas y dificultades. Hizo un gran esfuerzo. Pero actuó la gracia del Espíritu. Y ella se dejó hacer".
El Espíritu hizo bien su trabajo. Sor Verónica se ha convertido en el mayor fenómeno de la Iglesia desde Teresa de Calcuta. Sus admiradores la definen como "una santa en la Tierra". Y a su obra, "como un milagro". Apoyada por el Vaticano, mimada por los monseñores, financiada por los poderosos y jaleada por los movimientos neoconservadores, ha hecho de aquel vetusto convento de Lerma un atractivo banderín de enganche para vocaciones femeninas que cuenta con 135 monjas con carrera y una media de edad de 35 años y un centenar más en lista de espera. Y ya ha abierto una sucursal en la localidad de La Aguilera, a 40 kilómetros de Lerma, en un enorme monasterio cedido por sus hermanos franciscanos. Un boom insospechado de vocaciones cuando los jesuitas tienen apenas 20 novicios en toda España; los franciscanos, cinco, y los paúles, dos. En un momento en que se importan monjas sin papeles de la India, Kenia o Paraguay para evitar el cierre de conventos habitados por ancianitas, y que la mayoría de nuestros sacerdotes superan los 60 años.
Por el contrario, su bucólica comunidad está repleta. Acoge cada fin de semana a centenares de jóvenes peregrinos en autobuses fletados por parroquias y colegios religiosos, escoltados por curillas de alzacuellos y bocadillo y familias numerosas que anhelan compartir la alegría de estas monjas que rezan, cantan y bailan sin dejar de sonreír un instante. Sus puertas siempre están abiertas para los buenos cristianos. Especialmente si son seminaristas, kikos o llegan de la mano de grupos de apostolado juvenil. La Aguilera es parada obligatoria para todos ellos.
Sor Verónica los recibe con un estilo personal en el que se mezclan los ritos más conservadores de la Iglesia con la atractiva mística de las órdenes de clausura y una puesta en escena musical y testimonial alegre y algo infantil, surgida de su brillante mente de coreógrafa. Micrófono en mano, Verónica domina. Parece tímida; no lo es. Surge de un rincón del auditorio bajo una bella luz cenital. Casi camuflada entre las gradas donde se agolpan un centenar de monjas frente a un público incondicional. Levantan los brazos al cielo mientras entonan un intenso canto de amor a Cristo con bongos y guitarras. Sor Verónica acaricia el pelo de sus hermanas. Abraza a los niños. Es sencilla y convincente. Entrañable, profunda y directa. Hace reír y se ríe. Tiene una voz firme y suave. Capacidad de convicción. Cree en lo que dice. Es una mujer de Cristo. Está enamorada de él, repite. Es una buena predicadora. Y también una enérgica directora musical. Como demostrará durante la eucaristía al frente del coro. Aquí, en la capilla, ya no hay sonrisas. Las hermanas rezan plegadas en el suelo como los fieles musulmanes hasta fundirse como manchas negras en el pavimento gris.
Las hijas de sor Verónica son diametralmente opuestas a las monjas de otros conventos de clausura. No son crías incultas provenientes del entorno rural en busca de subsistencia. La mayoría ha tenido pareja y empleo. No son monjitas de escasa teología, pastas y agua de limón, invisibles y entrañables tras el torno.
Las hijas de sor Verónica han sido educadas en la Iglesia de resistencia de Juan Pablo II. Son militantes. Muchas pertenecen a grupos neoconservadores: Camino Neocatecumenal (Kikos), Comunión y Liberación, Opus Dei, Renovación Carismática, Lumen Dei, Legionarios de Cristo, Schonstatt. Son urbanas y con estudios. Ninguna es inmigrante. Hay cinco hermanas de la misma familia; 11 parejas de hermanas de sangre y unas gemelas. Abunda la clase media. Y los títulos universitarios. Esta comunidad ofrece un completo catálogo de abogadas, economistas, físicas y químicas; ingenieras de caminos, industriales, agrícolas y aeronáuticas; arquitectas, médicas, farmacéuticas, biólogas y fisioterapeutas; bibliotecarias, filólogas, pedagogas y fotógrafas. Un religioso que conoce la comunidad la define como "una olla de grillos intelectual difícil de gobernar". Otro viejo sacerdote burgalés tiene sus dudas sobre la uniformidad del proyecto, dada la disparidad de los movimientos neocon que lo nutren: "Casi todas las que entran tienen que ver con las nuevas realidades de la Iglesia. Cada una tiene su propia forma de ser, de orar, de cultivar la piedad. Están encarriladas en las prácticas de esos movimientos y tienen que hacer un esfuerzo añadido para desprenderse de sus espiritualidades de origen y confluir en la regla de Santa Clara. Unificar ese revoltijo es complicado, y mucho más siendo tantas". Una monja de la comunidad confirma que denominan a la veintena de compañeras procedentes de los kikos: "Las hermanas del camino: ellas ya tienen mucho avanzado".
Lerma es un fenómeno que poco tiene que ver con la clausura tradicional. En la Iglesia, algunos ya piensan que este movimiento concluirá con una refundación de las clarisas, una escisión dentro de esa congregación o, incluso, la creación de una nueva orden. Un sacerdote del entorno de la abadesa explica: "Cuando Marijose entró en el convento tenía ideas propias. No era una tontita. Tenía su interpretación de la vida religiosa contemplativa. Pensaba que la clausura no tenía por qué ser algo intocable y excluyente. Quería contarlo y ser un ejemplo". Para un monseñor anónimo (como todas las fuentes de este reportaje que intentan escapar del "poder en toda su desnudez del cardenal Rouco"), "Lerma y La Aguilera suponen una renovación del carisma de las clarisas. Las monjas de Lerma no renuncian a la clausura, pero quieren que sea conocida y valorada por los cristianos. Quieren crear un auténtico centro de espiritualidad". Para el superior madrileño de una orden, "las monjas de clausura que no se renueven van a fenecer. Deben ser un ejemplo de experiencia espiritual para la gente de hoy. Para esos chicos que se van a la India para meditar y encontrar un sentido a la vida". Una hermana de la comunidad define su clausura en esa línea: "Ésta es una casa abierta a los que llaman a nuestra puerta. Queremos compartir nuestra fe, dar a conocer lo que nos está pasando. Y si ven a Jesús en nosotras, adelante. España está tan pagana que hace falta que compartamos nuestra fe, no que la vivamos a solas. Es el momento de actuar".
En la Iglesia nadie entiende nada de nada. Lerma ha roto sus esquemas. Para empezar, es un movimiento protagonizado por mujeres, las convidadas de piedra durante siglos de la Iglesia católica. Siempre apartadas de los centros de decisión, la teología y el sacerdocio, aunque sean cuatro veces más numerosas que los religiosos y estén siempre en vanguardia. Además, muy pocos han entrado en la comunidad de sor Verónica. Es de clausura. Y goza de absoluta independencia. Por encima, sólo el Papa, a través del cardenal Franc Rodé, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada. Más allá, ninguna autoridad eclesiástica controla lo que ocurre dentro de Lerma y La Aguilera. Ni su capellán, ni el delegado diocesano, ni el obispo de Burgos, ni el superior de la provincia franciscana de Aranzazu, ni el superior general de esa orden, ni el mismísimo presidente de la Conferencia Episcopal. Sólo el Papa. Y está en Roma. Y las observa con extremo cariño. Este año las envió su predicador de cabecera, el capuchino Raniero Cantalamessa, para que dirigiera sus ejercicios espirituales. Todo un privilegio. Para un religioso, "ahí tiene la mejor muestra de que el proyecto de Lerma tiene todas las bendiciones de Roma". "Y que Verónica tiene mucho poder. Ojo con ella", añade presto otro.
Todos los eclesiásticos consultados para este reportaje alaban la explosión vocacional de esta comunidad: "Es una obra de Dios". A continuación desconfían: "Tiene los pies de barro; la mitad de las monjas no han hecho aún sus votos perpetuos; tienen que pasar muchos años hasta que se vea si es algo firme o se queda en un bluff". "Esas monjas están manejando formas antiguas que parecen dar resultados a corto plazo, que atraen a gente que busca una religiosidad radical, pero que a la larga está por ver su recorrido", dice otro. Algunos critican su aislamiento; su lejanía de las personas que sufren. De los pobres, los enfermos y los inmigrantes. Lo que los religiosos llaman "estar en la frontera". Otros ven gato encerrado. "¿Quién está detrás de todo esto?". "¿Quién lo financia?". ¿Cuál es el secreto de Lerma? Nadie parece saberlo.
Incluso las clarisas de otras comunidades españolas recelan. Para una abadesa, "es algo raro. Un fenómeno nuevo. ¿Por qué unas tanto y otras tan poco? No lo entendemos. Pero el Espíritu lo ha buscado y sus razones habrá tenido�".
Sor Verónica tampoco hace nada por explicarlo. Grandes carteles en el monasterio de La Aguilera advierten de que no se puede fotografiar ni filmar a las monjas. Una advertencia que repite con voz potente y mirada inquisitorial la más fornida de las hermanas a los dos periodistas que visitan su comunidad: "¡No queremos nada con los medios de comunicación!". Unos minutos más tarde, cuando por fin preguntamos a sor Verónica sobre las razones de su éxito, mira a los ojos con los suyos verdes nublados por las lágrimas; inclina la cabeza con humildad y coge tu mano entre las suyas descarnadas. "No sabéis lo que os queremos y la ternura que me producís, pero esto se ha hecho muy grande, estamos creando algo� tenemos 60 o 70 hermanas en formación y no es el momento de hablar, antes tiene que madurar. Estamos haciendo algo grande por amor a Cristo y necesitamos tiempo. Pero aun así os queremos". Y desaparece arrastrando su hábito, del que pende un sufrido rosario de madera.
Y aparece sor Blanca. Que interpreta el papel de poli malo. Y nos pone de patas en la calle: "El Grupo PRISA; sí, todo el Grupo, no sólo EL PAÍS, hace un daño enorme a la Iglesia. Ustedes la atacan y ridiculizan y yo lo leo todo. Y como la Iglesia es mi madre, no tenemos nada más que hablar".
En la génesis del "milagro de Lerma" hay una personalidad espiritual que ha atraído con su carisma a un centenar de jóvenes: sor Verónica. Pero no conviene olvidar a una gran actriz secundaria; ejecutiva, correosa y obstinada; sin atractivo, pero con arrestos; capaz de enfrentarse a banqueros, monseñores, arquitectos y abogados, y que nunca claudica: sor Blanca Mateo.
Frisando los 70 años, nacida en una aldea burgalesa de La Bureba, abadesa desde finales de los noventa, admiradora del Opus Dei, sor Blanca controla todo lo que ocurre en los conventos de Lerma y La Aguilera, aunque cediera formalmente el mes de marzo pasado el puesto de superiora a sor Verónica, que obtuvo la abrumadora mayoría absoluta de votos de sus hermanas en la primera vuelta. Dentro de tres años se volverá a presentar al escrutinio electoral mediante voto secreto en urna. A continuación, las papeletas serán quemadas para que ninguna hermana sepa lo que ha votado la de al lado y evitar suspicacias.
Las dos hermanas han hecho juntas un largo y duro camino. Cuando Marijose llegó a Lerma, en 1984, el convento contaba con 23 monjas y un futuro sombrío. En 1994, con sólo 28 años, fue nombrada maestra de novicias, un puesto clave en la comunidad cuya misión es, según describe un jesuita que ha ocupado ese cargo en su orden, "configurar el disco duro del novicio al sistema operativo de la comunidad". Bajo la hábil dirección espiritual de Verónica, ingresarían hasta finales de esa década 27 hermanas más. Lo nunca visto: ya eran 50. No había hecho más que empezar. Comenzaba a funcionar el boca a boca en los ambientes parroquiales conservadores. En 2002 eran 72; en 2004, 92; en 2005, 105. Y 134 a finales del pasado mes de septiembre. Todas encerradas en un convento del siglo XVI proyectado para albergar 32 monjas.
El tsunami vocacional pilló a Verónica y a Blanca en mantillas. Fue inesperado. Pero no estaban dispuestas a renunciar ni a una sola postulante. Aún menos, a desviarlas hacia otros conventos de clarisas, aunque estuvieran al borde de la liquidación (hay nueve en la provincia de Burgos y un centenar en toda España). Habilitaron distintas zonas del convento, incluso la capilla y el coro, para albergar en precario a las peticionarias. Instalaron 13 miniceldas en la sacristía con paneles prefabricados; pronto quedaron saturadas. Más tarde alquilaron inmuebles contiguos al convento para dar cobijo a las aspirantes. Cada atardecer, los vecinos de Lerma asistían al desfile de jóvenes cabizbajas y ataviadas con una especie de uniforme de hospicio de preguerra desde el monasterio hasta sus pisos de acogida.
A comienzos de 2000, el convento de Lerma reventaba por sus costuras. Mientras Verónica se dedicaba a entrenar a las candidatas, Blanca comenzó a mover sus hilos. A sondear las posibilidades de conseguir un espacio más grande. Y entonces Antonio María Rouco Varela, príncipe de la Iglesia, arzobispo de Madrid y presidente de la Conferencia Episcopal, entró en escena.
"Muchos obispos estarían encantados de colgarse la medalla ante el Vaticano de contar en su diócesis con el convento con más vocaciones de Europa. Y Rouco, que controla todo lo que pasa en la Iglesia española, no fue una excepción", explica un religioso. "Fue de los primeros en cortejarlas. Comenzó a visitarlas con frecuencia y diseñó un plan de estudios que les sería impartido por profesores de la Facultad de Teología de San Dámaso (la más reaccionaria y dirigida por su sobrino, Alfonso Carrasco Rouco) para formarlas de acuerdo a su concepción de la Iglesia. Y ordenó a las parroquias de su archidiócesis que orientasen las vocaciones femeninas en dirección a Lerma. Algo similar hizo la reaccionaria diócesis de Getafe, que domina el sur de Madrid. Rouco llegó a comisionar a su mano derecha, el más brillante de sus monseñores, el ya fallecido Eugenio Romero Pose, para que oficiara de pastor de las hermanas. Lo haría hasta su muerte en 2007.
Y por fin, en 2002, Rouco lanzaba su envite: ofrecía a las monjas de Lerma unos terrenos a las afueras de Madrid, en la carretera de Colmenar Viejo a Guadalix de la Sierra, para que construyeran un nuevo convento. Del proyecto se encargaría el arquitecto-estrella Santiago Calatrava. Llegó a esbozarlo. "Estaba muy ilusionado", confirman en su estudio. El único problema es que los terrenos ofrecidos eran rústicos y había que recalificarlos, una misión complicada, dado el carácter ecológico del paraje y la poca predisposición de los ediles de Colmenar. Además, el fastuoso y poco funcional proyecto de Calatrava, cuyo coste de realización se estimaba en 12 millones de euros, se escapaba al magro presupuesto de las monjas. Y lo que es más importante: Verónica no estaba dispuesta a abandonar la provincia de Burgos. No quería perder el efecto Lerma. El proyecto cayó por su peso. Y Rouco se llevó un disgusto. Se le habían escapado las clarisas.
Durante los dos años siguientes, las monjas continuaron su búsqueda en torno al territorio de sor Verónica. En 2004, durante una conversación de sor Blanca con los superiores de sus hermanos franciscanos, tras relatarles sus apreturas, éstos le ofrecieron una suma de dinero. Blanca rebatió: "¡No me deis limosna; dadme el monasterio de La Aguilera!" La abadesa se refería a un viejo y olvidado noviciado de los franciscanos a 10 kilómetros de Aranda, contiguo al santuario y a la tumba de San Pedro Regalado. En el destartalado monasterio malvivían cuatro ancianos frailes. La dirección de los franciscanos se hizo de rogar y unos meses más tarde cedió por 30 años el uso del monasterio a las clarisas de Lerma mediante un contrato de comodato. Verónica y Blanca lo habían conseguido. Su sueño se comenzaba a cumplir.
El nuevo monasterio ha supuesto un paso de gigante en su ambición. Aquí están materializando su forma de entender la Iglesia. Todo es moderno, limpio, diáfano y bien iluminado. La energía se obtiene con paneles solares. El torno ha dejado paso a las cámaras de seguridad. Las rejas han desaparecido: "Como estamos en obras, es imposible ponerlas; cuando acabemos� ya veremos qué hacemos", aclara la abadesa.
San Pedro Regalado está aún coronado por tres grandes grúas. La finca es un hervidero de obreros. Al caer la tarde, las novicias corretean por la huerta ataviadas con batas grises y tocas blancas mientras juegan al fútbol, al baloncesto o al escondite por prescripción facultativa de sor Verónica.
Pero en 2005, cuando Verónica y Blanca cruzaron el umbral de La Aguilera se dieron de bruces con un destartalado caserón con escaso interés arquitectónico, sucio, sin calefacción y rodeado por una finca baldía. No había baños ni agua caliente. La iglesia estaba horadada por termitas, y las cubiertas, a punto de ceder. El presupuesto para habitarlo era de tres millones. ¿De dónde sacarlos? Dios aprieta, pero no ahoga. Sor Blanca llamó a uno de sus benefactores.
Luis Alberto Salazar-Simpson, de 66 años, abogado, empresario, consejero del Banco Santander y emparentado con Rodrigo Rato, recuerda cómo conoció a las clarisas de Lerma: "Fue a finales de los setenta, yo era gobernador de Vizcaya y un día me llamaron y me dijeron que no tenían ni para comer y empecé a ayudarlas. Me gusta la vida contemplativa. Hacen un producto del que nadie se acuerda: rezan por los demás. Pedí dinero a mis amigos y les echamos una mano, y en unos años se produjo la explosión de vocaciones. Entraron 100 en 12 años y no cabían; ni siquiera podían atender a las hermanas ancianas. Surgió lo de los terrenos de Colmenar, que era una locura, y luego lo de La Aguilera. Me gustó. Y nos pusimos manos a la obra".
Con los tres millones de euros de la indemnización que obtuvo tras su cese como presidente de la operadora telefónica Amena, que fue comprada el 27 de julio de 2005 por France Telecom, Salazar-Simpson constituyó en esa fecha una fundación a la que bautizó Ora et Educa, cuyo objetivo sería "contribuir a los fines de las reverendas madres clarisas y a la rehabilitación para su alojamiento del convento de San Pedro Regalado en La Aguilera, Burgos".
El primer proyecto de reconstrucción del monasterio estaba presupuestado exactamente en los tres millones de euros de "don Luis Alberto". Las obras comenzaron en 2006. Se derribó el interior del convento. Se repararon las cubiertas. Se cubrió un viejo claustro y en la planta baja se crearon cocinas, una zona industrial para fabricar dulces, aulas y despachos. La bella iluminación fue sufragada por Endesa. En las dos plantas superiores se construyeron 100 celdas de 10 metros cuadrados, con cama, mesa y reclinatorio; cada una con su ventana y un baño para cada dos hermanas. Pronto se convirtieron en las obras de nunca acabar. Las hermanas querían más. "Ya sabe cómo son las mujeres cuando se meten en obras", bromea un benefactor. El primer presupuesto de tres millones de euros se iría deslizando hacia los cuatro, y después, a los cinco millones. El cuarto saldría de los ahorros de las monjas, y el último, de una fundación del Banco Popular.
Tres años y medio después, la huerta se encuentra aún empantanada entre ladrillos, andamios y hormigoneras. De la mano del Banco Popular (ligado históricamente al Opus Dei), de uno de sus arquitectos, "especializado en diseño eclesiástico", y su generosa financiación, las clarisas han acometido además la construcción de un locutorio con capacidad para 400 personas, una hospedería, aseos para los visitantes, una sofisticada zona de bienvenida e, incluso, una nueva iglesia. El presupuesto de la segunda fase se elevaría, según fuentes del proyecto, a otros cinco millones de euros.
Por fin, el pasado 8 de junio, un centenar de hermanas inauguraban el convento. Una treintena más permanece en Lerma. Irán rotando. Se trata de que la comunidad no pierda un ápice del estilo acuñado por Verónica. Según su definición, "es una sola comunidad con dos sedes y una sola abadesa". Ella. Un hecho inédito en la Iglesia que les ha concedido su jefe, el cardenal Franc Rodé, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada, el ministerio vaticano que ordena la vida de los religiosos. Rodé, que tiene autoridad sobre 3.600 conventos de clausura en el mundo, conoce el "milagro de Lerma". Visitó a las monjas en abril de 2006, las sondeó una por una en su perfecto español y se quedó impresionado con su alegría, espiritualidad y formación intelectual. Ellas le brindaron su repertorio; le regalaron discos y pasteles. Y se lo metieron en el bolsillo. Mientras se alejaba de Lerma degustando las trufas de chocolate de las clarisas, el cardenal se confesó impresionado con ese florecimiento de vocaciones. Y tomó nota.
Tres años después, un monseñor del ministerio vaticano explica con su lenguaje alambicado esa anómala decisión de que una abadesa gobierne dos conventos: "Dada la situación particular de esta comunidad, el elevado número de religiosas, muchas con una edad elevada que necesitan ser atendidas por hermanas enfermeras; de 60 jóvenes en formación y de muchas formadoras, la abadesa y el capítulo del monasterio solicitaron a la Santa Sede un permiso para que una misma comunidad pudiera vivir en dos casas diferentes, pero con un único gobierno, un solo noviciado y una misma economía. Pretenden mantener el mismo espíritu y ambiente monástico que han tenido hasta ahora. Ante ese número tan gigantesco de religiosas hemos tenido que adoptar medidas excepcionales, que en este caso son por abundancia de vida. Seguramente esta situación particular será por un tiempo limitado. Y si el número de vocaciones sigue creciendo (¡ojalá sea así!), tendremos que tomar otras medidas".
La Aguilera se ha convertido en una sociedad perfecta que es observada con tensa atención por toda la Iglesia. Sin embargo, el futuro de Verónica y de sus hermanas, de las elegidas, está por ver. Es imposible saber la cifra de deserciones. Sus compañeras clarisas de otros conventos las acusan de opacidad y secretismo. No es su principal reproche. Critican el desapego que muestran hacia ellas, su aislamiento de los franciscanos, su autosuficiencia y que se hayan negado a prestar hermanas a otras comunidades en vías de desaparición. Aportan el ejemplo del convento de Briviesca, en la misma provincia de Burgos, que se negaron a reflotar con sangre nueva. Optaron por acoger a las últimas ocho ancianas clarisas que lo habitaban y, a cambio, obtuvieron la propiedad del monasterio, por el que un intermediario pedía hace un año seis millones de euros "para construir un complejo hotelero". Ante esa insinuación de insolidaridad, sor Verónica salta como una pantera: "Por el momento no estamos yendo a otros conventos porque ésta es una familia que se está formando y tiene que estar junta hasta su mayoría de edad. Algún día, quizá".
Y se desvanece, mística y apasionada; fuerte de carácter y frágil de salud, con los hombros ligeramente caídos. Como si soportara sobre ellos el peso de sus 134 hermanas. Dicen que se alimenta de café. Y que está sobrepasada. Ni ella misma conoce el secreto de Lerma. Pero sigue adelante. Un monseñor lo describe muy eclesiásticamente: "Demasiada gente cuelga del hábito de Verónica. Veremos".

lunes, 12 de octubre de 2009

Los brazos de Romell Broom


El paralelismo de estas dos noticias tiene que ver con uno de los inventos mas auténticamente humanos, la tortura. Una de ellas la leí en el diario El País de Madrid y la otra, cuya fuente es LT9 / Datasantafe, me la enviaron a mi mail. La primera es la declaración jurada de Romell Broom tras 18 pinchazos de inyección letal fallidos (si, leyeron bien, dieciocho) en el Estado de Ohaio este 15 de septiembre. La otra es una denuncia de Roberto Cepeda, ex integrante de Montoneros contra monseñor Casaretto en una emisora de Santa Fe. Como en cualquiera de las dos da la impresión de no haber justicia que valga, les diría desde el vamos que lean y juzguen ustedes mismos. Mariana Hernández Larguía.

Dieciocho pinchazos fallidos

Un equipo de aplicación de la pena capital en el Estado de Ohio fracasó en el intento de matar con una inyección letal a Romell Broom, de 53 años, el 15 de septiembre pasado. La ejecución fue suspendida por el gobernador, Ted Strickland, después de que el condenado hubiera recibido 18 pinchazos en diversas partes del cuerpo. Lo que sigue es la traducción de la declaración presentada por el superviviente de este ajusticiamiento fallido.

Yo, Romell Broom, preso en el corredor de la muerte de Lucasville (Ohio), fui llevado a mi ejecución por inyección letal el pasado 15 de septiembre. Tras sufrir 18 pinchazos fallidos a lo largo de tres horas, la ejecución fue suspendida. Ésta es mi declaración jurada de aquellos hechos

EN EL TRIBUNAL DE DISTRITO DE ESTADOS UNIDOS
DISTRITO SUR DE OHIO
ROMELL BROOM contraTED STRICKLAND
CONDADO DE SCIOTO. ESTADO DE OHIO
DECLARACIÓN JURADA DE ROMELL BROOM:
Por la presente, yo, Romell Broom, declaro y doy fe de lo siguiente:
1. Estoy interno en el corredor de la muerte en el Estado de Ohio.
2. Mi ejecución estaba prevista para el martes 15 de septiembre de 2009. La ejecución debía llevarse a cabo en la Prisión Sur (Southern Correctional Facility, SOCF), en Lucasville, Ohio.
3. Los funcionarios de prisiones me llevaron de la Penitenciaría del Estado de Ohio a la SOCF, el 14 de septiembre de 2009.
4. Tras mi llegada, vino una enfermera al lugar en el que estaba albergado, la celda J-1. La enfermera llegó, encontró dos venas en mi brazo derecho y mi brazo izquierdo, me ató el brazo y tomó nota de lo que había encontrado.
5. Después de que viniera la enfermera, los funcionarios de prisiones estuvieron ofreciéndome líquidos todo el tiempo. Yo acepté. Durante ese día bebí café, Kool-Aid y agua. Tomé siete tazas de café, cinco tazas de agua y tres tazas de Kool-Aid.
6. El 15 de septiembre de 2009, me desperté, me duché y hablé con mi hermano por teléfono. En un momento dado, el jefe de los funcionarios encargados de la ejecución me contó que uno de los tribunales estaba revisando mi caso y que la ejecución se había retrasado mientras tanto. Debido a la longitud del retraso, creí que el tribunal iba a aceptar mis argumentos en favor de un recurso.
7. Sin embargo, alrededor de las 14.00, mi abogada me informó de que el tribunal había rechazado mi apelación y que no quedaban más vías de acción. El Estado iba a seguir adelante con mi ejecución.
8. Cuando estaba en la celda, el funcionario jefe Phillip Kerns entró con varios guardias y me leyó la orden de ejecución. Después entraron dos enfermeros que me dijeron que me tumbase. Uno de los enfermeros era un hombre blanco y la otra una mujer blanca.
9. Había tres guardias presentes en la habitación. Un guardia estaba a mi derecha, otro a mi izquierda y otro junto a mis pies.
10. Los enfermeros intentaron acceder simultáneamente a las venas de mis brazos. La enfermera intentó en tres ocasiones acceder a las venas en el centro de mi brazo izquierdo. El enfermero intentó en tres ocasiones acceder a las venas en el centro de mi brazo derecho.
11. Después de esos seis intentos, los enfermeros me dijeron que descansara un poco. Seguí tendido en la cama durante dos minutos y medio, aproximadamente.
12. Después de la pausa, la enfermera intentó dos veces acceder a las venas de mi brazo izquierdo. Debió de pinchar un músculo porque el dolor me hizo gritar. El enfermero intentó tres veces acceder a las venas de mi brazo derecho. La primera vez, el enfermero consiguió acceder a una vena en mi brazo derecho. Intentó insertar la vía intravenosa, pero la perdió y empezó a correrme la sangre por el brazo. La enfermera salió de la habitación. El funcionario de prisiones le preguntó si se encontraba bien. Ella respondió: "No", y se fue.
13. Los funcionarios encargados de la ejecución declararon que aquello era difícil para todos y sugirieron hacer otra pausa. Entonces se fue el enfermero. El funcionario que estaba a mi derecha me tocó en el hombro derecho y me dijo que me relajara mientras descansábamos un momento. A esas alturas, estaba muy dolorido. Las heridas de los pinchazos me dolían y hacían que me fuera difícil estirar o mover los brazos.
14. El enfermero regresó con unas toallas calientes que colocó en su brazo izquierdo. Colocó las toallas sobre mis brazos y masajeó mi brazo izquierdo. Me dijo que las toallas les ayudarían a acceder a las venas.
15. Después de aplicar las toallas, el enfermero intentó acceder a mis venas, una vez en el centro de mi brazo izquierdo y tres veces más en la mano izquierda. Después del tercer intento de acceder a las venas en las manos, el enfermero comentó que el consumo de heroína me había dañado las venas. Ese comentario me disgustó porque nunca he consumido heroína ni ninguna otra droga intravenosa. Le repliqué al enfermero que nunca le había dicho que hubiera consumido heroína.
16. El enfermero siguió diciendo que la vena estaba allí pero que no podían cogerla. Intenté colaborar ayudando a atar mi propio brazo. Un funcionario de prisiones se acercó, dio un golpecito en mi mano para indicar que él también veía la vena e intentó ayudar al enfermero a localizarla.
17. El jefe de los funcionarios encargados de la ejecución me dijo que iban a hacer otra pausa y volvió a decirme que me relajara.
18. Entonces me descompuse. Empecé a llorar porque me dolía todo y mis brazos estaban inflamándose. Los enfermeros estaban pinchando agujas en zonas que ya estaban inflamadas y con hematomas. Pedí que interrumpieran el proceso y pedí hablar con mi abogada.
19. El jefe de los funcionarios encargados de la ejecución me pidió que me sentara para que la sangre circulase mejor. Entonces entró en la habitación la enfermera jefe, una mujer asiática.
20. La enfermera jefe intentó acceder a las venas en mi tobillo derecho. Pidió que alguien le diera "un veinte" y alguien le entregó una aguja. Durante ese intento, la aguja me pinchó en el hueso y fue muy doloroso. Grité. Al mismo tiempo que la enfermera jefe intentaba acceder a una vena en la parte inferior de mi pierna izquierda, el enfermero intentó acceder a una vena en mi tobillo derecho. Después de esos intentos fallidos, la enfermera jefe cogió la aguja y salió de la habitación.
21. El enfermero hizo otros dos intentos de acceder a las venas en mi mano derecha. Parecía que habían desistido ya del brazo izquierdo porque estaba hinchado y lleno de hematomas. El nivel de dolor estaba en el máximo. Me habían pinchado al menos 18 veces en múltiples zonas, todo con la intención de inyectarme unas drogas que iban a quitarme la vida.
22. El jefe de los funcionarios encargados de la ejecución volvió a decirme que me relajara. Hubo conversación entre los funcionarios sobre el hecho de que podían ver las venas.
23. Al cabo de un rato, el director, Terry Collins, entró en la habitación y me dijo que iban a interrumpir la ejecución. Collins indicó que valoraba mi cooperación y que tomaba nota de mis intentos de ayudar al equipo. También expresó su confianza en su equipo de ejecución y su profesionalidad. El director Collins me dijo que iban a llamar al gobernador Strickland para informarle de la situación.
24. Cuando se fueron los enfermeros y el director Collins, los funcionarios me preguntaron si me apetecía un café y un cigarrillo. Yo seguía en la cama con las luces atenuadas.
25. Aproximadamente media hora después, mi abogada, Adele Shank, vino y me dijo que el gobernador había dictado la orden de aplazar la ejecución una semana. Le hablé a la abogada Shank de mi dolor y le enseñé las zonas que tenían hematomas.
26. Después de que se fuera la abogada Shank, los funcionarios de prisiones me trasladaron al hospital.
27. A la mañana siguiente, mis brazos empezaron a dar más señales de hematomas e inflamación. Cada sitio del brazo en el que se había hecho un intento mostraba hematomas e inflamación visibles. Algunos de los hematomas de las manos y el tobillo han desaparecido y parte de la inflamación desapareció a lo largo de la tarde siguiente.
28. Todavía hoy, mis brazos tienen grandes hematomas visibles, y siguen estando inflamados. Los múltiples sitios en los que los enfermeros trataron de acceder a mis venas siguen doliéndome.
29. Los funcionarios de prisiones decidieron mantenerme en la SOCF durante la semana de aplazamiento. Durante este tiempo, estoy constantemente bajo observación del equipo encargado de la ejecución y los guardianes.
30. Esperar a ser ejecutado es angustioso. Me produce mucha tensión pensar en que el Estado de Ohio tiene la intención de causarme el mismo dolor físico la próxima semana.
31. Me veo obligado a recordar constantemente el hecho de que la semana próxima tendré que sufrir la misma tortura que el Estado de Ohio me infligió el martes 15 de septiembre de 2009 , porque no ha habido ningún cambio en el protocolo de ejecución de Ohio y no ha habido ningún cambio en mis venas. El declarante no tiene nada más que decir.
Rommel Broom
Jurado, afirmado y suscrito en mi presencia el 17 de septiembre de 2009.
Marcia Dukes, notaria pública.
(Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia)


Juicio a Represores en Santa Fe

Parece ser que monseñor casaretto está muy preocupado por la pobreza en la argentina, las pobreza actual, porque dice que la pobreza de la dictadura ya pasó y no hay que llorar sobre leche derramada!.

“Monseñor Jorge Casaretto me iba a visitar a los centros de detención”
Roberto Cepeda, ex integrante de Montoneros, quien fue detenido y torturado durante tres años, denunció que el actual titular de la Pastoral Social del Episcopado Argentino, monseñor Jorge Casaretto, sabía lo que ocurría en los centros clandestinos de detención, ya que era normal verlo en los interrogatorios.
Roberto Cepeda, quien fuera oficial de Montoneros, estuvo detenido durante tres años en distintos centros clandestinos de detención, durante la última dictadura militar en Argentina. En diálogo con la emisora LT9 de Santa Fe, y antes de ingresar a la primera audiencia por crímenes de lesa humanidad cometidos por represores durante el período comprendido entre 1976 y 1983 en la capital provincial, Cepeda denunció al actual titular de la Pastoral Social del Episcopado Argentino, monseñor Jorge Casaretto de visitarlo mientras permaneció detenido en estos centros de tortura.
“Mi historia fue una de las más contadas, porque este tema de (el ex juez Víctor) Brusa lo vengo denunciando desde el tiempo de la Conadep. Dentro de la miseria que pasé dentro de los campos de concentración, la más terrible tortura fue acá en Santa Fe y no fue por los golpes que recibí, sino porque en el lugar donde yo estuve iba desde el juez, en ese entonces Mántaras, hasta un obispo como Casaretto. Esto no merece juicio”, señaló Cepeda.
El testigo relató que el juez Mántaras actuaba junto a Brusa y “abrían constantes causas en la comisaría 4ta. mientras traían compañeros de Coronda”.
“Fui secuestrado en un colegio aerotécnico que está en Córdoba, que era de los curas salesianos. En Coronda, infinidad de veces me fueron a visitar muchos curas salesianos, pero
fueron a la cárcel, no a un campo de concentración, ésa es la diferencia. Cuando estos personajes van a un campo de concentración, para un detenido es la peor tortura, porque se pregunta, ¿dónde estoy, qué es lo que me sostiene? Si no es tu ideología, tu fe ¿qué te puede sostener? Si el Estado que te tendría que sostener con garantías de justicia te está tomando declaración en un campo clandestino de detención”, recordó dramáticamente el ex detenido.
Roberto Cepeda estuvo detenido durante tres años. Al primer lugar donde fue trasladado fue a La Perla, donde fue torturado por 23 días. Luego fue trasladado a Campo La Ribera, y luego a la comisaría 4ta. de la ciudad de Santa Fe, ubicada en Dr. Zavalla y Tucumán.

jueves, 27 de agosto de 2009

Un cuchillo de grandes dimensiones


De perder la autoestima y no ver nada por estar enamorada a tirarse a las vías del tren, solo hay un andén de por medio. La diferencia entre retirar una denuncia por malos tratos y seguir recibiendo malos tratos por no hacer una denuncia suele ser un cuchillo de grandes dimensiones. Dos noticias aparecidas en el diario El País de Madrid a solo dos días una de la otra, pero a toda una vida de distancia. Agur. Mariana Hernández Larguía.

Un vigilante evita que una mujer se suicide y la salva de su agresor
El hombre pretendía apuñalar a la mujer en el metro de Barcelona

JESÚS GARCÍA - Barcelona - 27/08/2009

Un vigilante de seguridad del metro de Barcelona aúna dos virtudes que le han permitido resolver con éxito una situación comprometida: templanza y valor. Con la primera, logró evitar la muerte de una mujer que se había arrojado a las vías del metro. Con la segunda, consiguió reducir a la pareja de la mujer, que se presentó poco después en el andén de la estación con un cuchillo de grandes dimensiones y la intención de apuñalarla.

"Nos jugamos la vida por un sueldo de menos de mil euros".
El pasado 1 de agosto, este vigilante vio que una mujer había saltado del andén a la vía y se acercó a ella para intentar sacarla de allí, explicaron a este diario fuentes del caso y confirmó Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB), la empresa que gestiona el servicio de metro. Los hechos ocurrieron a las 5.40 horas en la estación de Ciutadella-Vila Olímpica. La mujer le explicó que estaba harta de su marido, que sufría malos tratos de forma continua y que quería quitarse la vida para así dejar de sufrir.
El vigilante echó mano de su temple y convenció a la mujer para que abandonara la negra vía y subiera al andén antes de que la alcanzara el siguiente convoy.
Resuelto el envite, tuvo que afrontar la segunda parte. Se armó de valor y, con la ayuda de dos compañeros, también la solventó. La pareja de la mujer se presentó en la estación con un cuchillo de grandes dimensiones e intentó agredirla. No pudo hacer nada por la oposición de los vigilantes, a los que amenazó con el arma. Un portavoz de TMB señaló que la pareja ya había discutido minutos antes en algún lugar de la estación.
En cualquier caso, el vigilante y sus compañeros lograron expulsar al hombre de la estación sin necesidad de utilizar sus armas. Una vez en la calle, los Mossos d'Esquadra le detuvieron por un presunto delito de amenazas. El hombre es un delincuente habitual que tiene causas pendientes con la justicia, según fuentes del caso.
"Nuestra profesión está infravalorada. Siempre aparecen los casos de mala praxis, aunque la mayoría de veces ni siquiera son protagonizados por vigilantes, sino por auxiliares", explicó, a propósito de este caso, el secretario general del sindicato independiente SIPVS-C, José María Izquierdo. "A veces también nos jugamos la vida, y por un sueldo inferior a mil euros", subrayó.
Los casos de solidaridad con mujeres víctimas de agresión se reproducen desde que el profesor Jesús Neira reprendiera a Antonio Puerta por maltratar a su novia. Éste le propinó una paliza que hizo que acabara muy grave en el hospital. En Irún, el motorista Jon Urtizberea recibió dos puñaladas en el abdomen al tratar de impedir que un hombre acabase con la vida de su ex compañera. Y en Barcelona, el ecuatoriano Wilson A. Rivera salvó la vida a una mujer mientras estaba siendo apuñalada en plena calle.

Aumentan las víctimas de violencia machista que retiran la denuncia
El 44% de los casos en los que la acusación no sigue adelante es porque la mujer se arrepiente - El ministerio público y el CGPJ piden cambiar la ley para evitarlo

JAVIER MARTÍN-ARROYO - Sevilla - 25/08/2009

"No ves nada porque estás enamorada. Pierdes la autoestima. Los psicólogos me decían que era un maltrato de libro, pero él prometió desaparecer de mi vida si retiraba la denuncia. Accedí y fue una sabia decisión". Rosa padeció un intenso maltrato psicológico por parte de su pareja y, finalmente, le denunció. Pero tras un año de hostigamiento, retiró la denuncia y su marido la dejó en paz. Sin embargo, la arriesgada apuesta no siempre sale bien a la denunciante. En ocasiones, el miedo aterrador que obliga a las víctimas a retirar la denuncia acaba con su vida. A principios de año falleció apuñalada Cristina M. R., de 29 años. "Le quitó dos denuncias y le dio otra oportunidad porque le quería mucho", lamentó entonces su hermana Francisca.
El fiscal retiró la acusación por violencia de género durante el juicio en 216 casos el año pasado, y en el 44% de ellos la víctima se negó a ratificar su denuncia. En 2007 fueron el 37%.
La clave reside en el artículo 416 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que exime a los testigos de declarar contra parientes cercanos. La Fiscalía y el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) son partidarios de modificarlo, mientras que muchos abogados y jueces se oponen porque obligaría a la víctima a ir contra su voluntad y en ocasiones mentiría para proteger a su pareja. "¿Y lo siguiente qué será? ¿Perseguir a la mujer por falso testimonio? Eliminar el 416 es absurdo", subraya un magistrado. El Gobierno ya intentó en 2007 la reforma del artículo 416, pero no recabó en el Senado los apoyos necesarios. Ahora, para replanteárselo está a la espera de las conclusiones de un informe sobre la Ley Integral.
Pero que la víctima retire la denuncia al comienzo de la instrucción no implica que su caso se paralice, y la fiscalía debe perseguir el delito si cuenta con pruebas y testigos para llegar a juicio. En los últimos dos años se presentaron 268.418 denuncias, pero 28.800 mujeres claudicaron. Y el alza de renuncias es continua. Si 2007 arrancó con un 9, 34%, 2009 se inició con un 11,6%, según datos del CGPJ. Mientras, ha subido siete puntos de 2007 a 2008 (del 37% al 44%) el porcentaje de casos en que el fiscal retiró la acusación durante el juicio oral por desistimiento de la víctima.
"Y seguirá creciendo. El maltrato es un problema muy complejo y es muy difícil que la mujer persista", subraya la fiscal Anabel Vargas, adjunta a la fiscal de Sala Delegada de Violencia sobre la Mujer. En el enésimo caso, la pasada primavera, la Fiscalía de Sevilla pidió 14 años de prisión para un agresor sexual, acusado asimismo de secuestro, y finalmente resultó absuelto tras negarse la víctima a declarar en su contra. "Le denuncié por despecho", alegó cegada ante el tribunal.
Inmaculada Montalbán, presidenta del Observatorio de Violencia de Género del CGPJ, aboga por modificar el artículo 416 y encontrar un eureka que no perjudique a la mujer denunciante. "Ahora ofrece un mecanismo para que la mujer se lo vuelva a pensar y provoca el efecto contrario: los asuntos regresan al ámbito privado", reflexiona. Otro magistrado experto en el tema, discrepa: "El Estado le pide a la mujer que se sacrifique por el bien general para acabar con el machismo... ¿Es conveniente arrastrar a esa persona en contra de su voluntad? A menudo, la mujer te explica que prefiere que trabaje y pague la pensión antes de que vaya a la cárcel. ¿Se puede lograr que una mujer sea digna, o es una cuestión personal?".
En los últimos años, el acoso a la víctima se multiplica y muta ante el combate de las Administraciones. Los expertos han detectado cómo la familia del maltratador se implica en presionar a la mujer para que retire la denuncia. "El padre, la madre, la hermana de su ex pareja insultan, amenazan o acosan a la víctima", describe Amparo Díaz, abogada especializada en violencia de género. "Del centenar de casos que he tratado en tres años, el 26% había retirado la denuncia previamente. Porque sentían que la situación había empeorado, por el acoso de los familiares y amigos de su ex pareja y porque se produjo una pacificación temporal que finalmente empeoró", ilustra Díaz. El agresor usa incluso a los hijos para chantajear a la víctima. Estrella Rojas, psicóloga clínica, lo explica: "Los hijos sueltan frases del tipo '¿Cómo se te ocurre meter a mi padre en la cárcel?' Si él no amenazara, ella seguiría siempre adelante... ¡Ésa es la clave!".
Las razones para la retirada son múltiples. Ésta ocurre a diario en los juicios. "No se retractan, sencillamente no hablan. Tienes una sensación de circo y pérdida de tiempo porque se ha trabajado mucho. Ya tenemos hasta un modelo de sentencia para cuando ocurre...", explica la juez María Ángeles Sáez, que presencia impotente el silencio de las víctimas en sus juicios.
Una fiscal critica que "antes de la vista oral la acusación particular debería ponerse en contacto con la fiscalía". Así, el Ministerio Público sabría que no contará con el testimonio de la víctima y podría modificar su estrategia y el agresor podría ser condenado.
Para combatir esta lacra los expertos apelan a la concienciación y así evitar la política represora del derecho penal.

martes, 11 de agosto de 2009

María Cecilia Sívori


Mi amigo Fernando Razzetti me envió este mail y yo les transmito la inquietud a ustedes. El mundo entero y Argentina en particular, en este presente de la comunicación infinita, del todos sabemos donde están todos, no se merece ni un solo desaparecido mas. Por favor se los pido, empecemos a encontrar rápidamente a quienes se pierden o a quienes los han hecho perder. He dicho por favor. Mariana Hernández Larguía.

Soy Sofía Settimini y esta es mi amiga María Cecilia Sívori, estudiante de arquitectura de la Universidad Nacional de Rosario, desaparecida este último miércoles, 5 de agosto del 2009. No la encontramos por ningún lado. Si la ves, por favor llamá a la policía comunicando donde la viste o a mi celular 0341 155 061140. Ayudanos por favor y, si podés, reenviá el mail. Gracias.

domingo, 9 de agosto de 2009

Igualdad


Dos informaciones para comparar y sacar conclusiones propias. Una se trata de una noticia aparecida en el diario El País de Madrid y la otra es un link a una estadística sobre la violencia de género desde enero hasta junio del 2009 distribuida por el Ministerio de Igualdad del Gobierno de España. Me llamó la atención el comentario que hace un lector sobre la noticia aparecida en El País, publicada por el mismo diario, por eso la he rescatado y sumado a la información. Un saludo cordial. Mariana Hernández Larguía

Crece el número de mujeres que rechazaron la protección
El delegado del Gobierno para la Violencia de Género alerta de una posible "relajación" por un "exceso de confianza en el sistema"
EFE - Madrid - 04/08/2009

Un 11,5% de las mujeres que fueron asesinadas fruto de la violencia machista en el primer semestre de este año habían renunciado a la orden de protección, un dato que contrasta con el mismo periodo del año pasado, en el que ninguna de ellas prescindió de esta medida, según se desprende de una encuesta que ha realizado la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género. Así lo ha anunciado el delegado del Gobierno para la Violencia de Género, Miguel Lorente, quien ha vinculado esta situación con el incremento de la "minimización del riesgo", tanto por parte de la víctima como de su entorno, en 4,3 puntos con respecto al mismo periodo de 2008 -7,7 puntos frente a los 3,4 del año pasado-.
Lorente ha achacado esta "relajación" a un posible exceso de "confianza en el sistema", ya que un 38,5% de las fallecidas había presentado una denuncia previa entre enero y junio de este año frente al 27,6% del mismo periodo de 2008 y ninguna retiró la acusación cuando el pasado año lo hicieron un 6,9%.
Otra de las cifras llamativas del informe es la del 36,5% de los españoles que culpa a las víctimas del maltrato que sufren por "seguir conviviendo con su agresor". La encuesta, presentada hoy en Madrid por el delegado del Gobierno para la Violencia de Género, pone de manifiesto que esta lacra es considerada aún como "aceptable en algunas circunstancias" por el 1,3% de la población.
Otro 5% respondió que "hay muchas víctimas de violencia de género que no denuncian" porque la agresión estaba "justificada". Otro dato destacable de la encuesta refleja que el 62,6% de los españoles opina que los hombres que maltratan "lo hacen generalmente porque tienen problemas con el alcohol y las drogas", y un 9,7% asegura que "el hombre que parece agresivo es más atractivo".
En los seis primeros meses del año murieron en España 26 mujeres como consecuencia de esta lacra, cifra ligeramente inferior a las 32 que fallecieron en el mismo periodo de 2008. El 38,5% de las asesinadas había denunciado previamente a su agresor y ninguna había retirado
la denuncia, aunque un 11,5% de ellas renunció a la orden de protección.
Para Lorente, este año "se ha acudido a la denuncia con una percepción de riesgo inicial más alta", aunque ésta se ha ido reduciendo "en fases más avanzadas del proceso". Ante la "minimización de los riesgos", insistió en que "el agresor es un traidor en el que no se puede confiar", y al que "no hay que dar segundas oportunidades".
374 denuncias al día
Lorente también presentó los últimos datos relativos a la evolución de las denuncias. Según explicó, 33.656 mujeres denunciaron durante el primer trimestre de 2009, cifra similar a las 33.950 del mismo periodo del año anterior y que supone una media diaria de 374 denuncias por violencia de género.
Del total de denuncias, el 55% fueron interpuestas por mujeres de nacionalidad española. En cuanto a los homicidios, en este periodo se redujo en 11 puntos (del 37,9% al 26,9%) el porcentaje de mujeres extranjeras víctimas, y aumentó el caso de muertes cuando la pareja ya estaba rota (del 41,4% al 57,7%).
El delegado del Gobierno para la Violencia de Género informó también de un aumento del 2,2% en el número de llamadas que registra el teléfono gratuito 016, de asistencia a las víctimas, que alcanzó las 38.685 consultas entre enero y junio de este año.

Eduardo dijo: "Visto lo que les sucede diaria y cotidianamente a los hombres en los procesos de ruptura y divorcio con hijos en los Juzgados, es realmente un éxito que no haya tantos asesinatos porcentualmente como en Francia o en Inglaterra". Palabras literales de una Sra. Magistrada en un curso de verano.

http://www.elpais.com/elpaismedia/ultimahora/media/200908/04/sociedad/20090804elpepusoc_1_Pes_PDF.pdf

sábado, 1 de agosto de 2009

Norita Giavedoni y el ángel de lata


Salió el Ángel de Lata allá en Rosario, donde están mis compañeros de trabajo, vivos o no. La nota editorial es una verdad del Tomi, y digo verdad porque si digo un cuento, mentiría. Mariana Hernández Larguía.

Con los brazos cruzados, recostada en las rejas del lado de afuera de una celda, bamboleando la cabeza de un lado para el otro y mostrando esa sonrisa de conformidad con la que, bienintencionadamente, nos engañan los disconformes, Norita parecía querer decirme algo. Yo justo estaba por salir volando de la penitenciaría, un superpoder con el que contamos nosotros, los ángeles de lata, desde que nos enseñó a ponerlo en práctica el por fin eterno ex convicto Cañete cuando llegó aquí arriba. Me di vuelta en el aire y quedé suspendido en la atmósfera intragable de la que hacen gala todos los pasillos de todas las cárceles de todo el mundo por mas que alardeen de ser modelo. Ella despegó la espalda de las rejas y avanzó unos pocos pasos dejándome ver sus alas nuevas, se detuvo en una franja de luz tibia que entraba por un ventanuco, millones de partículas de polvo bailaron suspendidas como brillitos de vida sosteniendo sus pies descalzos en el aire y, recortando el miedo de las penumbras azules, me mostró la mas valerosa y humana de sus miradas. Entonces extendió los brazos y apenas movió las alas para llegar hasta donde yo estaba, a una altura considerable de la estúpida firmeza del suelo y rozando las manchas de humedad de los injustos cielorrasos. -¿Cómo hiciste eso?- le pregunté, haciéndome el tonto, porque se perfectamente como hace la gente para morirse. -No me quiero ir- me respondió ella sin contestar y al mismo tiempo contestando a mi pregunta y apoyando las palmas de sus manos sobre mis hombros. Instintivamente agité el dedo índice y fruncí el ceño. -Los que sabemos de cárceles nunca decimos frases como esa, Norita- le dije a modo de gracioso reproche y haciéndome otra vez el tonto porque también sé perfectamente que la vida no es la cárcel por mas que se le parezca bastante y porque, los que conocemos a Norita, sabemos que viniendo de ella, esa especie de reclamo vital nunca se hubiera tratado de un capricho y mucho menos de un deseo, sino fuera porque era el último. Abrió grandes los ojos mostrándome todo el empeño de su propuesta y estiró con fuerza los labios marcándome con una sonrisa toda la dulzura de las insistencias positivamente obstinadas. -No me quiero ir- repitió casi convincente. Entonces, refunfuñando, entreabrí el portafolios de mi alma, saque la denuncia que la Coordinadora de Trabajo Carcelario elevó ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, unos cuantos papeles develando los graves hechos de tortura aplicadas a niños alojados en el IRAR, unos cuantos papeles acusando al Servicio Penitenciario Provincial, unos cuantos papeles ambiciosos de justicia, de amor al prójimo, de convicción humanitaria, y se los di. Ella se reclinó y sin ni siquiera perder el tiempo que tenía perdido, se los apoyó sobre las rodillas y ahí mismo, flotando en la ingratitud de las despedidas, con una birome azul trazo grueso argentina escribió entre líneas y de puño y letra, “prometo que me voy a ir recién cuando vea cumplido mi último deseo” y entusiasmada firmó, Norita. Me aseguré de que ningún carcelero nos estuviera viendo y me volví a guardar los papeles en el pecho con la mayor serenidad posible para evitar la estruendosa aclamación al respeto que me merecía semejante acto de nobleza. -Los ángeles de lata somos así- le dije orgulloso y en vos baja, sin dejar de hacerme el tonto y esta vez, la verdad, para aguantar la traición salada de las emociones -sabemos que la empresa es difícil y que la muerte es anárquica-. -No te preocupes- me dijo ella -puedo ser mas anarquista que la propia muerte- y haciendo un chasquido con los dedos volvió a poner en marcha su corazón, resucitó girando sobre sus talones y se fue a vendarle los tajos a un pibe que se había acariciado las venas con una yilé para intentar salir de aquel infierno. Me quedé pensando en la generosidad implícita de los últimos deseos que algunas personas dejan para que se les cumplan a los demás. La convicción de alguna gente, como Norita, no tiene límites, sean estos precisos o imprecisos, así que si la vislumbran apechugando por ahí, no me vengan después con que no les avisé. Felices fiestas.

Norita Giavedoni tenía 33 años y era miembro de la Coordinadora de Trabajo Carcelario (CTC), una ONG que trabaja en la defensa de las personas privadas de su libertad, visitan cárceles y comisarías de la provincia de Santa Fé y, entre otras actividades, se ofrecen como mediadores (que ya es decir) y median en los motines y otros conflictos. La muerte es una mierda, nada más.